La Conferencia de prensa     
 
 ABC.    15/03/1983.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

OPINIÓN

LA CONFERENCIA DE PRENSA

HAY que elogiar el tono conciliador, pacificador, con que el presidente del

Gobierno hizo balance ayer de sus cien días de mandato. Pero hay que lamentar

que ese balance no se haya hecho en el ámbito parlamentario, sino en una rueda

de Prensa dominada por preguntas de escaso interés. Hay que celebrar también la

linea general de la exposición que equivaldría a la de un socialdemócrata

europeo. Pero hay que lamentar el lenguaje impreciso últimamente utilizado por

el jefe del Gobierno.

Hay que celebrar el avance en la clarificación de dos puntos de alcance

nacional, abordados por don Felipe González: no habrá más nacionalizaciones y

España permanecerá vinculada a la OTAN sin referéndum alguno mientras subsista

la tensión. Este-Oeste. Aun cuando este último anuncio contradiga, señalémoslo

al pasar, la decisión diplomática que comentamos en esta misma página.

Sin embargo, el presidente no estuvo claro, sino confuso y elusivo en otros

puntos cruciales, de los que depende la estabilidad de este país y sus

libertades futuras. Se va a reducir la inflación, da acuerdo: ¿pero cómo?, ¿con

qué medidas concretas?, ¿con qué nivel de déficit público y de disponibilidades

líquidas?, ¿con qué clase de equilibrio financiero, qué endeudamiento y qué

competítividad exterior? Hace dos días que hemos dado lealmente una señal de

alerta, basada en informaciones fiables: si el Gobierno no articula una política

de saneamiento, apoyada, no en palabras, sino en medidas precisas, la situación

se deteriorará antes del mes de diciembre. Hemos formulado esa posibilidad

porque ése es el deber de un periódico independiente. Y hemos anticipado al

Gobierno nuestra confianza en un amplio respaldo nacional a la ahora de evitar

una emergencia que dispare la inflación y nos lleve a los tres millones de

parados. El presidente ha parecido aludir a ello al referirse a quienes temen un

2O por 100 de inflación. Pero no se trata, insistimos, de afirmar un propósito,

sino de explicar en cuántos puntos se hará descender la curva inflacionaria, con

qué medios y en qué plazo. Lo demás es caer en un estilo aproxímativo, inusual

en las democracias desarrolladas.

Con todo, nuestro deseo es el de un mando firme, dentro del socialismo y del

Gobierno, que desearíamos ver confirmado en don Felipe González. Por

eso, después de esta rueda de Prensa nuestra preocupación es doble: querríamos

que los propósitos expuestos —social-democracia y occidentalismo— se vieran

respaldados por un efectivo control del aparato del poder. Y querríamos que este

discurso, que aborda con desenvoltura todos o casi todos los problemas, se

centrara en un riguroso orden de prelación de modo que el poder aplicara su

esfuerzo a los frentes críticos. Aquellos de los que depende el futuro de la

democracia en nuestro país: la inflación, la pemnunencia en Occidente y el juego

limpio de las instituciones.

 

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