Autor: Bermejo, José María. 
 Entrevista con el P. Martín Patino. 
 Cualquier manipulación política de la iglesia es anticonciliar y antievangélica     
 
 Ya.    15/12/1976.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

15-XII-76

INFORMACIÓN RELIGIOSA

Pág. 23 –ya

ENTREVISTA CON EL P. MARTIN PATINO

"CUALQUIER MANIPULACIÓN POLÍTICA DE LA IGLESIA ES ANTICONCILIAR Y

ANTIEVANGELICA"

"los derechos democráticos no son confesionales, sino fundamentales de la

dignidad de la persona" • "Yo no deseo ningún trato de favor para la Iglesia

católica en España, sino el trato que merezcan los ciudadanos católicos

españoles desde su fe" 9 "la indisolubilidad del matrimonio sacramental es

incuestionable para la Iglesia, pero el Evangelio no se impone, se ofrece y se

acepta libremente" • Cualquier socialización de la enseñanza debe respetar las

conciencias. De lo contrario, será una tiranía"

Recientemente, el padre José María Martín Patino, provicarlo general de la

archidiócesis de Madrid-Alcalá, pronunció una conferencia en el Club Siglo XXI

sobre "1a razón pastoral >le la desconfecionalización del Estado". Fue una

conferencia llena de lucidez y de valentía, incluso sorprendente para muchos que

quisieran robar a la Iglesia su capacidad de evolución y su posición

independiente, iluminadora y crítica, al margen de cualquier manipulación

po1itica, aunque no pueda ser neutral respecto a ninguna realidad humana, La

transcendencia de este nuevo talante independiente y clarificador, sobre todo en

esta hora crítica de nuestro país, justifica estas declaraciones exclusivas a

YA, en las que el padre Patino puntualiza algunos tenms del máximo Interés.

PLURALISMO POLÍTICO DENTRO DE LA IGLESIA

—Usted dijo en su conferencia que los partidos confesionales son reductos del

poder político de una Iglesia preconciliar, y que del Evangelio" no se puede

deducir directamente un sistema político. En este contexto ¿qué opina usted de

las democracias cristianas? ¿Qué sentido o qué vigencia pueden tener?

—Históricamente, los partidos confesionales católicos o cristianos lian

significado una presencia de la Iglesia católica o de las iglesias cristianas en

la lucha partidista. Esto pudo, quizá, tener sus ventajas en algún momento,

tales como la defensa de determinados valores del humanismo cristiano, pero hoy

esa confesionalidad explícita de grupos humanos, que luchan por el poder

político o llevan la gestión del mismo, lleva a una identificación excesiva que

o dogmatiza más de la cuenta a la ideología política concreta o trivializa a la

confesión cristiana. Pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que los

católicos deban pasar a una situación vergonzante de ciudadanos de segunda

categoría, como si la fe no pudiera ser

un elemento de cohesión entre ellos para redactar un programa político. Esta es

otra cuestión. Dado el pluralismo político legítimo que cabe dentro de la

Iglesia, por muy inconfortable que sea dentro de la misma comunidad cristiana,

podrá haber grupos de d i s tinto programa partidista y todos deberían poder

reunirse en torno al mismo altar y celebrar el mismo sacramento.

Las "democracias cristianas" son hechos recientes, prácticamente de los últimos

cincuenta años. Yo no estoy contra la ideología ni la trayectoria histórica de

las mismas, sino contra el nombre o confesionalidad oficial de las mismas. De

hecho ha habido democracia cristiana en el MRP francés, por ejemplo, y en España

tenemos un antecedente muy serio en el Partido Social Popularj allá por los aüos

veinte, que> a mi juicio, no fue un partido confesional, aunque sí hípicamente

democristlano, ya que tuvo especial interés en no comprometer a la Iglesia y en

que ésta no mediatizara su propia actividad. SI lo específico de los de-

mocristianos, como se nos dice, ha sido su capacidad de síntesis entre el

liberalismo y el socialismo, nunca como ahora estamos tan necesitados de esas

nuevas síntesis que hacen posible e iluminan la fe cristiana. Y nunca como ahora

se lian dado las condiciones tan favorables en la Iglesia para esas nuevas

síntesis. Por una parte, el Vaticano II desbloqueó a la Iglesia con respecto a

las ideologías políticas, y por otra, la obligó a dialogar con los "signos de

los tiempos", estimulándola para esas nuevas síntesis. A mi juicio necesitamos

políticos de auténtico talante cristiano, pero no "democracias cristianas", ya

que el mismo plural ismo político dentro del horizonte del Evangelio es

condición indispensable para propiciar esas nuevas síntesis.

La mera separación iglesia-Estado/ ni es conciliar ni es justa

—El viejo dilema separación unión entre Iglesia y Estado ha sido sustituido,

según el Vaticano II, por el criterio de autonomía mutua y sana colaboración.

¿Podría precisar algunos aspectos de esta posible colaboración? ¿Puede la

Iglesia colaborar con un Estado mía ae declare constitucionalmen te ateo?

—En efecto, yo he dicho que la mera separación o ignorancia mutua, ni es

conciliar ni es justa. Porque el Estado no debe desconocer los derechos y

aspiraciones de los ciudadanos ni puede dejar de tutelarlos activamente, entre

los cuales están, y en un lugar muy importante, los de su fe religiosa, en un

contexto de libertad civil para su libre expresión y formación. Pero, además, si

el Estado reconoce a una determinada .confesión religiosa debe ser consecuente y

reconocerla tal como ella es, según su misión y sus propios fines, sin más

limitaciones que las de la justa convivencia en un Estado de derecho. La Iglesia

católica aspir¡i siempre a ese reconocimiento de su misión en cualquier Estado,

tal como ella propone en el decreto conciliar de libertad religiosa. En la

medida que se produzca ese reconocimiento de su libertad, la Iglesia podrá

colaborar, en distinto grado, con el Estado, aunque éste se proclame ateo,

precisamente porque se la reconoce de alguna manera, aunque imperfecta, su

misión y puede ayudar al bien común de los ciudadanos. Lo cual no impide que yo

siga considerando injusto e inmoral al Estado ateo, con el cual puedo dialogar y

colaborar en alguna medida. Los llamados derechos democrático de los ciudadanos

no son confesionales, sino fundamentales de la dignidad de la persona.

YO NO DESEO NINGÚN TRATO DE FAVOR PARA LA IGLESIA CATÓLICA EN ESPASA

—Usted reconoce que en nuestro país el dogmatismo religioso ha llegado no pocas

veces & confundirse con el espíritu nacional. ¿Cree usted licito que se utilice

el catolicismo, o cualquier otra religión, como bandera política, recibiendo un

trato de favor respecto a las demás religiones? ¿No

está este trato cíe favor en abierta contradicción con el criterio de libertad

religiosa consagrado por el Vaticano II? ¿No cree usted, que en España la ley de

libertad religiosa vigente ´ mantiene de alguna manera, en la práctica; la

primacía del catolicismo sobre el resto de las religiones?

—El pasadu es irreversible: debemos analizarlo, pero no condenarlo desde nuestra

perspectiva histórica actual, que puede, ser distinta. Por supuesto que

considero anticonciliar y antievangélica cualquier clase de manipulación

política de la Iglesia. De esas mutuas manipulaciones y desplazamientos de

funciones propias debemos ir saliendo cuanto antes por medio de la reflexión

pública no sólo los gobernantes y la jerarquía eclesiástica, sino todos los

ciudadanos, a medida que seamos capaces de ir madurando en los compromisos de la

fe y en la participación y convivencia cívica. El Estado, al fin y al cabo, no

puede ir mucho más aprisa que la sociedad política a la que representa. Yo no

deseo ningún trato de favor para la Iglesia católica en España, sino el trato

que merezcan los ciudadanos católicos españoles desde su fe, que es el único que

la Iglesia pide para el libre ejercicio de su misión. Pero tampoco se puede

llamar trato de favor al reconocimiento de la labor benéfica que hace y puede

hacer la Iglesia como tal comunidad religiosa, juzgada ésta aun con criterios

justos del Estado, lo mismo que podría hacerlo con otra confesión religiosa.

No al divorcio. El Evangelio no se impone; se acepta libremente

—Para la Iglesia católica el matrimonio canónico es indisoluble, pero la Iglesia

no puede identificarse con el Estado ni con todos los ciudadanos. ¿Puede

oponerse la Iglesia a una ley del divorcio más allá de su jurisdicción

espiritual y canónica sobre sus miembros? Ante ciertas situaciones de escándalo,

de perjuicio grave para los hijos, de odio declarado entre dos cónyuges

católicos ¿cabria en el futuro una mayor flexibilidad en la interpretación de la

indisolubilidad o este principio es inalterable?

/—Estas tres preguntas, que están, hoy en boca de las gentes, requerirían cada

una de ellas un (jran espacio, primero para desdramatizarlas y buscar un

planteamiento más objetivo, y después, para irlas situando en los distintos

niveles, filosófico, teológico y de praxis pastoral en los que se producen los

conflictos.

Indudablemente que la Iglesia y los cristianos de fe seguiremos defendiendo el

principio de la indisolubilidad del vínculo sacramental, como el de otros

valores cristianos de la familia. Y lo haremos con los medios más adecuados, que

tendrán qué ser siempre evangélicos. La indisolubilidad del matrimonio

sacramental ha sido y es incuestionablemente doctrina de la Iglesia. El hecho de

que no haya sido definido este principio dogmáticamente no justifica a nadie

para sacarlo del contenido de la revelación tal como lo ha creído y cree la

Iglesia en toda su tradición. La cuestión de futuro no se plantea, no debe

plantearse, en el hecho de la defensa de ese principio, sino en los medios que

van a utilizar los católicos y_Ia misma jerarquía para defenderlo en una

sociedad que podemos llamar pluralista y democrática para que esa misma defensa

sea evangélica y eficaz y quede bien claro qué ;es lo que defendemos. El

Evangelio no se impone, se ofrece y se acepta libremente en la fe. El voto de

los ciudadanos católicos debe ser siempre coherente con su fe. Pero ¿será

incoherente con esa fe no valerse de la ley civil para imponerlo

indiscriminadamente a toda la" sociedad española? ¿Eso que el católico descubre

a la luz de la fe cristiana, incluso como algo que considera ley natural, puede

imponerlo por ley civil al ciudadano que no .lo ve así? La Iglesia.no necesita

vallas ni fosos para mantener en la .fe a los bautizados. Respecto a "una mayor

flexibilidad en la interpretación de la indisolubilidad" que pudiera hacer la

Iglesia, tengo poco que decir. Algunos agoreros, que se revisten de teólogos,

parecen más bien acomplejados ante la situación que parece .venirse encima. Yo

creo que de lo que se trata fundamentalmente es de afrontar el nivel pastoral y

de diálogo con las nuevas situaciones y datos de las ciencias antropológicas,

que nunca ha despreciado la Iglesia. Ella siempre ha considerado los casos en

los. que, por falta de plenitud sacramental (libertad de los cónyuges, defectos

de forma canónica, etc.), puede declarar la inexistencia del vínculo

matrimonial, y esto fiándose de la conciencia de los que acuden a sus tribunales

para tan importante aclaración. El conocimiento más profundo de la libertad

humana, de sus condicionamientos sociales y psicológicos, pueden influir, y de

hecho influyen, en la aplicación pastoral y procesal del principio de la

indisolubilidad, pero esto no afecta al principio mismo. La jurisprudencia no

cambia las leyes, sólo las aclara. Y naturalmente, la Iglesia, que sólo habla el

lenguaje de la fe( se hace inteligible solamente a los creyentes.

LA SOCIALIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA NO DEBE DEGENERAR EN TIRANÍA

—Usted se ha mostrado favorable a una socialización de la enseñanza, siempre que

no se pretenda con ello socializar las ideas. Creo que el planteamiento es

paradójico o, ai menos, confuso. ¿Podría aclararlo un poco más? ¿Se puede

identificar la enseñanza de la cultura con la cataquesis o con

la formación moral? ¿O. se deben enseñar con objetividad las diferentes opciones

ideológicas para que el alumno adopte libremente sus propias ideas y creencias?

—Cua1quier socialización dew be respetar las conciencias. De lo contrario, no

será socialización, sino tiranía. Obligar a que todos los hombres piensen igual

no es utopía, sino utopismo, que es una cosa diferente. Pensar que vamos a dar

con una forma de sociedad o régimen político en el cual se van a estirpar todos

los "ídolos" de las ideologías, supon dría la aceptación como valor absoluto de

otra ideología que sería, por definición, tan deformadora como aquellas otras a

las que se. quiere anatematizar. Los que proponen llevar la socialización de la

enseñanza hasta el punto de evitar el pluralismo ideológico, llevan dentro la

dictadura de su propia ideología. ¿No le parece?

Por eso yo defendí en mi conferencia, y sigo defendiendo, la socialización de

todos los bienes de la tierra, entre los cuales la cultura y el poder social

ocupen un lugar Importante. Socializar I o a colegios o centros docentes,

también los del Estado, es, ´a mi juln ció, bueno y necesario. Pero obligar a la

familia a que entregue sus hijos a educadores que pueden transmitir a los niños

o adolescentes valores contrarios a los del entorno familiar, será

antipedagógico y contrario a la libertad democrática que proclaman los

defensores de esa socialización ideológica.

La catcquesis necesita espacios de libertad; ciertamente no es una asignatura,

sino mucho más. Requiere comunidad de fe, al menos a nivel de la palabra

evangélica anunciada, actualizada y vivida. No admite comparación con la clase

de matemáticas, ni siquiera con la de historia o filosofía. Pero el profesor de

matemáticas transmite a sus alumnos algo más que tas matemáticas, y ese algo

más, quiera, o no quiera el profesor, resulta muy importante para la formación

integral del alumno. Ahora bien: yo admito que cada alumno debe ir estructurando

su propia ideología; pero ésta se forma críticamente a partir de una concepción

básica, suficientemente abierta y armónica, comparando ésta con las demás. Y esa

concepción básica, que geográfica y sociológicamente tendrá que ser la del país

o de la región, dentro de un horizonte exigido por la convivencia ciudadana,

tendrá también que ser familiar, es decir, aquella que, por lo menos hasta

determinada edad del joven, esta elegida por los padres. Todo lo demás será

reincidir en prácticas estáticas o colectivistas, coincidentes en considerar al

individuo como simple peón en manos de entidades más abstractas, sean las del

estado hegeliano o las del partido que lo maneja.

Manipulación de las conciencias ante el referéndum

—En vísperas del reféréndun nacional, ¿cuál cree usted que debe ser la actitud

de un sacerdote, en su comunidad parroquialj respecto, a este acontecimiento de

decisión política para el futuro de la nación? ¿Qué piensa usted también de los

que en estos días esgrimen argumentos de tipo moral para llevar el voto hacia la

abstención, hacia el "no" o hacia el "sí" en el referéndum?

—No quisiera caer en el mismo pecado que condeno. La Iglesia no es neutral

respecto a ninguna realidad humana, pero es independiente de toda ideología

política, de todo programa político y de todo partido.

Ahora bien, entiendo que ante el próximo referéndum se ha hecho claramente

cuestión de partido^ político la actitud abstencionista y el voto negativo. O

mejor dicho, los grupos que propugnan estas dos posiciones—abstencionista y

negativa—se han atrevido a esgrimir argumentes morales o de ética política.

Un grupo de católicos se ha atrevido a publicar un escrito en el que se invoca

la doctrina de la Iglesia para votar en contra de la ley para la Reforma

Política. Sinceramente, me ha dado mucha pena. Porque estos católicos, de cuya

buena intención no .quiero dudar, merecían haber tenido mejores teólogos o

mejores catequistas para no salir a estas alturas con una interpretación fjan

materialista del magisterio de la Iglesia y no confundir la doctrina paulina del

origen de la autoridad con la encarnación y gestión de esa autoridad. El origen

divino .de toda autoridad es, a mi juicio, profundamente democrático, porque

hace iguales a todos los hombres e impide que cualquiera se considere como

superior por sí mismo al otro. La dictadura impuesta equivale a la negación

práctica del origen divino de la autoridad.

También-hay cristianos, y aun sacerdote, que estos días propugnan la abstención

por razones de ética democrática. Consideran, al parecer, que no se dan las

condiciones democráticas para el voto. A lo mejor están descubriendo el

Mediterráneo,y lo. que opera> realmente detrás de todo esto es el miedo a una

paternidad increíble que ellos repudian. Quieren la democracia, pero no nacida

de la legalidad actual. La postura puedo ser comprendida en las coordensw das de

tácticas políticas y de partido, pero no forzosamente como algo que se deriva

directamente del Evangelio. La moral genética no tiene aplicación a la política.

La declaración de los obispos, único documento autorizado que expresa la postura

de la Iglesia respecto al referéndum, no entra en el "sí", ni en el "no", ni en

la "abstención". El cura que so atreve a conducir esa parcela d« la conciencia,

decide por los otros, abusa del nombre de Dios y hace "política" partidista.

José María BERMEJO

 

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