Hoy no parece conveniente la existencia de partidos con apellidos cristianos  :   
 El cardenal Tarancón subraya la necesidad de que la Iglesia no sea monopolizada por ninguna corriente política. 
 ABC.    26/12/1976.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. DOMINGO 26 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG. 21.

HOY NO PARECE CONVENIENTE LA EXISTENCIA DE PARTIDOS CON APELLIDOS CRISTIANOS

EL CARDENAL TARANCON SUBRAYA LA NECESIDAD DE QUE LA IGLESIA NO SEA MONOPOLIZADA

POR NINGUNA CORRIENTE POLÍTICA

La. habitual «Caria cristiana» qua cada domingo publica el cardenal Tarancón

sé reliere hoy a un tema importante y delicado, •! de los partidos con apellidos

cristianos, tema, que ya tocó e> cardenal en la apertura de la casada Asamblea

episcopal.

Dado el interés del tema publicamos texto Integro:

EXISTEN en Europa partidos políticos que se llaman cristianos. Incluso el título

de Democracia Cristiana es como una marca registrad» que expresa una ideología y

una postura políticas reconocidas-fácilmente por todos. En España existen

también varios grupos que asumen para sí ese título 7 esa denominación.

No tenso inconvenien´c en admitir que en la iniciación de ese movimiento, y en

su consolidación, ha intervenido la Jerarquía eclesiástica, al menos con su

aprobación. Y que, quizá por ello, siguen pensando algunos cristianos que es

éste el camino que señala la Iglesia para la participación r)p ´os católicos en

la política.

Comprendo perfectamente las razone* que movieron a los católicos y aun a los

obispos, en´ aquellas circunstancias concretas, a promocionar partidos políticos

confesionales. Como me explico —7 Justifico plenamente—que en siglos anteriores

se presentase como ideal el Estado confesional, como lo ha sido casi siempre el

nuestro, para mantener y defender la unidad católica de España. .Pero en.

cuestiones prudenciales, que no lleven consigo afirmaciones dogmáticas—«orno son

las actuaciones en el campo político-*-no se puede presentar nunca

como.principio inalterable cualquier realidad histórica, aunque haya sido

promovida y defendida por la jerarquía. Lo que puede ser licito y hasta

conveniente, quizá necesario, en un momento histórico, teniendo en cuenta la

mentalidad 7 la psicología de los hombres 7, el elima socio-relicinso >V una

nación o de un Continente, puede no ser conveniente en otra época histórica. en

otro clima social, o en una coyuntura especial de un pueblo determinado.

Y lo que yo me pregunte ahora es si en rf año 1976, después del Concilio

Vaticano U, 7 cuando «el género humano se halla en un período nuevo de su

Historia», 7 en la situación actual de España—en la que, no lo olvidemos.

vivimos una etapa de transición política desde un. Estado confesional—es

conveniente,-que exista un partido con el apellido de cristiano. Y se lo

preguntan también muchos creyentes que agradecerían también una falahrn

clarificadora de sus obispos.

El concilio propone un principio claro 7 terminante: «La comunidad política y la

Iglesia son independientes y autónomas». Lo cual significa que >a Iglesia como

tal—el cristianismo—. no puede estar ligada a ningún régimen político. y menos,

evidentemente, a una tendencia política que ineludiblemer´fr ha de ser germen de

división.

Los españoles, en su inmensa mayoría, son alérgicos actualmente a la

intervención de la Iglesia en el rampo político porque creen que la Iglesia se

ha valido del Poder para defender sus, intereses específicos.

Los hombres en general —y los catóicos seglares, en particular— son hov muy

conscientes de que la´ iniciativa y la responsabilidad en los problemas

temporales les pertenece a ellos, y que pueden y deben actuar en ese campo con

absoluta libertad, siempre que permanezcan fieles a las exigencias de su fe.

Todo aquello, pues, que pueda dar la impresión de que el cristianismo—o la

Iglesia— pretende el poder político, o de que la Iglesia, aunque sea

oficiosamente, actúa en ese campo, sería actualmente un peligro.

Los esfuerzos realizados por la Jerarquía española para aclarar esos criterios

resultarían baldíos.

También dice el Concilio, hablando de las opciones temporales de los cristianos,

qué - «a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor, de su parecer

la autoridad de la Iglesia», ya que dentro de la fidelidad del Evangelio caben

soluciones distintas —y hasta divergentes— para los problemas temporales:

T un partido que se presenta como el peligro de que sea considerado como

confesional —cristiano-^- siempre ofrece portavoz de la jerarquía o com´o la

expresión genuina —la única— del Evangelio. Lo cual sería sencillamente funesto.

En España, además, aun-los no practicantes, se sienten impulsados por

sentimientos cristianos, casi sin darse cuenta; por fuerza de una tradición

plurisecuelar; y los practicantes, difícilmente se ponen de acuerdo en- las

soluciones políticas. La Iglesia no debe dar. la impresión de que se vinculá a

un determinado partido ni que ambiciona el Poder para imponer a todos sus

postulados evangélicos.

 

< Volver