Una puntualización oportuna. 
 Partidos con apellidos cristianos     
 
 ABC.    29/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

39 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG. 3.

UNA PUNTUALIZAC1ON OPORTUNA PARTIDOS CON APELLIDOS CRISTIANOS

LA carta que el cardenal Tarancón publicó el pasado domingo ha producido un

fuerte impacto en la opinión pública. Se han multiplicado en torno a ella los

comentarios, de aplauso los. más, de desconcierto alguno. ¿No es excesivo este

afán independentisla de la Iglesia que hasta parece querer alejarse de quienes

tratan de realizar en política sus ideas cristianas? ¿Es lógica la Iglesia

recusando hoy lo que patrocinó ayer?

El tema es demasiado Importante y han sido tantas las confusiones entre política

y religión en nuestra patria, que no será inútil un esfuerzo de clarificación en

el tema.

COMIENZA el cardenal Tarancón por reconocer que la Iglesia promovió en tiempos,

y beneméricos católicos realizaron, partidos políticos confesionales que, en

algunas circunstancias, ofrecieron un´ impagable servicio a nuestra

civilización. Pero piensa también que hoy esos tiempos han pasado. La Iglesia

podría, en alguna excepcional circunstancia —cuando estén en peligra valores

esenciales de la fe o del hombre—, Invitar a los católicos a la unidad en

política.´ Pero piensa hoy que, en circunstancias normales; esta unidad política

de los católicos está lejos de ser un ideal; que puede, incluso, prestarse a

graves confusiones y dañar a la Iglesia a la que pretende servir.

Al formular estas afirmaciones, no dice nada nuevo, en realidad, et cardenal

Tarancón. Se limita a acercar a nuestra realidad concreta las tajantes

afirmaciones def Concilio Vaticano II y a situarse en la estela dé tantos

documentos, como en los últimos años han publicado los diversos Episcopados de

la Europa occidental.

NO deseamos llenar de citas este editorial, pero párrafos "absolutamente gemelos

a los que el arzobispo de Madrid acaba de escribir pueden encontrarse en la

declaración del Episcopado francés del 30 de octubre de 1972; en la del 18 de

enero del 68 del Episcopado italiano; en las de 4 de mayo de 1973 y de .16 de

Julio de 1974 de los obispos portugueses; e incluso —al otro lado del «telón de

acero»— en la de 11 de octubre de 1973, del Episcopado yugoslavo. Y textos muy

parecidos podríamos encontrar en documentos episcopales del otro lado del

Atlántico.

Queremos subrayar con esto que no se trata de opiniones personales del cardenal

de Madrid o de un oportunismo surgido de las concretas circunstancias españolas.

Quien sepa leer la realidad de nuestro tiempo no podrá menos de enmarcar esos

textos del cardenal Tarancón en toda una corriente de ra Iglesia contemporánea

que trata de poner en práctica las directrices, solemnemente aprobadas por el

Episcopado mundial con 4 Papa en el pasado Concilio.

LA Iglesia actual sigue deseando hoy —y más que nunca— que los cristianos actúen

como cristianos en política y pongan todas sus fuerzas en la larea de construir

un mundo en el que se vivan tos valores evangélicos. La Iglesia estima, incluso,

el que algunos o todos tos partidos políticos busquen una inspiración cristiana

en la elaboración de sus programas políticos. Más aún: la Iglesia no puede

prohibir el que determinados grupos se presenten con etiquetas cristianas cuando

éstas se hayan convertido de hecho n una «marca registrada» supranacional lúe

signifique hoy más que una confesionalidad un determinado estilo político.

Pero la Iglesia tiene hoy un especialisimo interés en subrayar que ella ni

promueve, ni promoverá partido político alguno; que ninguno contará con su apoyo

o sus preferencias; que en ningún caso podrá partido alguno presentarse como

monópolizador de la doctrina de la Iglesia o usarla para recaudar votos. Incluso

señala su positivo deseo de que el adjetivo «cristiano» no se use de manera que

pueda´ inducir a graves confusiones.

La Iglesia pide a los católicos unión en la fe, en la Eucaristía, en la defensa

da tos valores fundamentales del hombre, pero no en política, no en ía ancha

gama de opciones en las que los católicos son libres de militar, sin otra

frontera que la de aquellas ideologías que fueran radicalmente incompatibles con

su condición de creyentes.

PASARON tos tiempos de la «poiílica cristiana» y entramos en los d« «cristianos

en política». Loa inició Pío XII al proclamar que «la legitima sana laicidad del

Estado es uno de tos principios de la doctrina católica». Laicidad qu« no es

laicismo, ni indiferentismo religioso, ni menos ateísmo, pero que sí abre ese

ancho pluralismo en el que se diferencian con claridad las esferas de lo

religioso y de lo político. El cardenal Hoffner. presidente de la Conferencia

Episcopal alemana, lo subrayaba hace muy pocos días: «La mezcla medieval da lo

profano y lo religioso, ni era, ni es un ideal cristiano.»

Y esta clarificación es especialmente necesaria y urgente en España. «Los

españoles —ha recordado con sinceridad el cardenal Tarancón— son, en. su Inmensa

mayoría, actualmente alérgicos a la intervención de la Iglesia en el campo

político, porque creen que. se ha valido de) Poder para defender sus intereses,

específicos.»

Bienvenido, pues, este esfuerzo de clarificación de. las autoridades

eclesiásticas ahora que nuestro país se acerca a unas decisivas elecciones en

las que (oda niebla deberá ser evitada. Porque el mandamiento de «no usar el

nombre de Otos en vano» obliga también en política.

 

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