Autor: Crespo García, Pedro. 
   El juego asociacionista     
 
 ABC.    12/09/1975.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. VIERNES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1975.

MERIDIANO NACIONAL

El juego asociacionista

El juego de los promotores asociativos presenta facetas que no cabe olvidar como parte de la acción y

propósitos del Gobierno, de cara a ese marzo del 76 que ha venido a sustituir al prorrogado octubre del

75.

- OBJETIVO. — Si hace solamente unas semanas el señor Fraga Iribarne constituía, porque las

circunstancias así lo habían dispuesto, la «medida asociativa», hoy el papel parece corresponder al señor

Silva Muñoz. Y, más que a él mismo, al proyecto asociativo que representa. Sin la presencia de la Unión

Democrática Española, la coloración del asociacionismo constituiría una gama monocromática, con

mayores o menores longitudes de banda e intensidades de color, pero sin variación.

La actitud de la U. D. E., de aplazar hasta mediados de octubre la decisión de concurrir, o no, a las

elecciones; de constituirse legalmente en Asociación, o dejarlo para después, parece la previa, de reserva,

ante un pacto. El tiempo de los pactos —de los almuerzos sonados de don José Solís— ha pasado ya, sin

embargo. Las condiciones, de haberlas, tendrían ya una formulación precisa. La dilación no obedecería,

entonces, a otra cosa que al deseo de obtener un mejor precio por su colaboración. Lo cual, por otro lado,

de prolongarse, no serviría más que para certificar el intenso deseo, de los hombres del Movimiento-

Organización, de implicar en su andadura a otros sectores del país.

Podría pensarse, si no hay éxito en la gestión, que el Estatuto sólo sirve para unos sectores muy

específicos, y que todo consistiría en bautizar ramificaciones de las estructuras de lo establecido,

Secretaría General con la Sección Femenina y los Consejos del Movimiento, de un lado, y la

Organización Sindical, con las Hermandades de Labradores y Ganaderos, del otro. Ambas con suficiente

capacidad como para canalizar fidelidades y adhesiones. Y, quizá también, para evolucionar, pero sin

compañía.

- HOMOLOGACIÓN.—Quizá por ello, algunos de los promotores asociativos busca —y dice

encontrar— paralelismos y homologaciones con grupos y partidos políticos del exterior. Uno de los

hombres más activos —y parece que más decididos a participar— de la citada y dubitativa U. D. E., el

señor Udina, estimaba que el equivalente de su proyecto de Asociación, fuera de nuestras fronteras, era la

Democracia Cristiana. El señor Mombiedro, de la Unión del Pueblo Español, afirmaba que ésta contaba

con la simpatía de la rama agraria del Partido Popular Austríaco. Y cercanas están las declaraciones del

señor Cantarero del Castillo en el sentido de reconocer con respeto otras organizaciones acreditadamente

socialistas.

El juego asociativo, en fin, procura que sobre la mesa política del país haya cartas de más de un palo. Lo

cual, dada la pluralidad evidente de pensamientos sobre nuestro futuro y su arribada al mismo, es, más

que lógico, necesario. — Pedro CRESPO.

 

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