Un poco de respeto     
 
 Ya.    26/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

26-XII-76

UN POCO DE RESPETO

TOMAMOS hn ejemplo de actitud irrespetuosa, fácilmente verificable y ante la que

no parece correcto que guardemos silencio. Insinuar gue el presidente de la

Conferencia Episcopal Española podría ser el cáncer" de nuestra Iglesia,

plantear irónicamente la duda de si ^creerá en el Espíritu Santo", señalar una

contradicción entre "esa parte de la Iglesia española" (que parece llevar hacia

una Europa laica, márxista, sin Dios", y hacia "una España liberal,

marzista"..., "en la que se dé rienda suelta a todas las malas pasiones, como la

ambición desmedida, la envidia, el rencor, el odio y el deseo de venganza") y

"la" Iglesia española (de la que parecen estar ausentes el cardenal de Madrid y

los obispos que con él colaboran) no es postura justificable desde ningún punto

de vista, ni siquiera del de un lenguaje que dijera bien en labios católicos y

religiosos.

Alejar el propio "humildísimo juicio" para añadir en la cima de la humildad:

"Comprendo que no sepa usted tanto como sé yo de la Iglesia española de hoy", no

deja de entejársenos contradictorio.

A NT7NCIAR—eligiendo cuidadosamente los textos evangélicos que ¿¿.presentan a

Jesús trayendo "no la paz, sino la espada"—que la evolución de España que no

cuadre con los esquemas integristas "se hará sin calma y si es preciso con

sangre" no es exactamente evangélico.

QUEREMOS, al Imponernos silencio sobre nombres, usar de este ¿ silencio con la

piedad del hijo de Noé y tender nuestra túnica sobre el rostro de quien, antes

de escribir y firmar en la prensa tales conceptos incontinentes, había hecho por

"la" Iglesia—la única, suya, y. nuestra—tantos méritos en el campo de la

difusión de Ideas.

PERO lo que en la prensa se ha escrito, en la prensa debe tener eco, y en este

caso repulsa. No entramos en juzgar ideas políticas de quien debía estar por

encima de ellas: nos limitamos a decir que el cardenal y el Episcopado son

acreedores, al menos, a un tratamiento comedido; que quienes siembran descrédito

de la autoridad recogerán cosecha de anarquía; que mientras el Vicario de Cristo

—no Montini, no el Vaticano, no un jefe de Estado extranjero, sino el sucesor

indiscutible, de Pedro—apruebe la iínea de acclón de lo» obispos españoles, con

ellos hay que estar y no con grupo discrepante alguno, por más que entre todas

las páginas del Evangelio que, predican la paz, sus portavoces escojan las pocas

palabras que "no" prueban la legitimidad de la violencia.

 

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