Autor: Aradillas, Antonio. 
   La iglesia recupera su libertad     
 
 Pueblo.    17/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Escribe Antonio ABADILLAS

LA IGLESIA RECUPERA SU LIBERTAD

FUERA HIPOTECAS

• "En el gobierno interno de las cosas espirituales, separación del Estado"

• Así lo manifestó en Avila el nuncio de Su Santidad

Con la ordenación de este nuevo postor..., lo Iglesia recupera su libertad en el

gobierno interno de, los cosas espirituales... Feliz independencia que la

Iglesia no piensa hipotecar otra vez, sometiéndose a nuevos tipos de presiones,

que podrían tener origen distinto, pero que causarían perturbaciones idénticas a

las anferioriones por lo que toca a la libre elección de los candidatos idóneos

al Episcopado».

Estas palabras de monseñor Dadaglio, nuncio de Su Santidad en Esparta, en la

reciente consagración del obispo de Avila, merecen un leve comentario por

nuestra parte, inspirado sólo por la mejor intención de favorecer el auténtico

bien de la Iglesia, que, en definitiva, es lo que de verdad interesa.

Se trata, huelga decirlo, de palabras extremadamente graves, con las que se

reconoce con claridad total, que en España la Iglesia no ha dispuesto de

suficiente -libertad en el gobierno interno de las cosas espirituales» en los

pasados años del franquismo. Pero lo que extraña sobremanera, es. que tal

denuncia no se haya formulado antes, precisamente entonces, y por tddos los

medios, incluidos, claro está, el diplomático, si de verdad la falta dé libertad

entorpecía en tal proporción el bien de la Iglesia. Lo que extraña es que,

aunque tal denuncia fuera formulada y de ella no tuviéramos ejemplar referencia,

determinados hechos la desdijeran automaticamente, como la presencia de ciertos

obispos en las Cortes o la práctica canonización por parte de la jerarquia

eclesiástica de actividades político relígiosas, con otras concesiones, por

apuntar sólo a algunas zonas de la relación Iglesia-Estado, que alcanzó cumbres

muy altas de identificación nacional católica, con la complacencia mutua de una

y otra «potestad concordante».

«La Iglesia—reconoce el nuncio—no piensa hipotecar otra vez su feliz

independencia, sometiéndose a nuevos tipos de presiones.» Nos alegra

inmensamente estas palabras del representante oficial de Su Santidad en España.

´Ellas tienen una gran carga penitencial, dado que aceptan y lamentan el hecho,

de la hipoteca que, como es bien sabido históricamente, no la firmó sólo el

Estado, sino que la firmó también la misma Iglesia, adelantándose ésta a ella,

previa la consecución de ciertos privilegios. La historia es testigo de que las

dos «partes contratantes», en pacto público, y sin--él, se beneficiaron, al

menos por igual, de tan desdichada hipoteca.

De todas formas, sin pensar y sin profundizar demasiado en el pasado, si no es

para lamentarlo arrepentidamente, lo importante es hoy mirar hacia el futuro y

merecernos para la Iglesia una «independencia feliz» del Estado y de cualquier

otra potestad humana. No se le oculta al nuncio que las tentaciones que habrá de

vencer la Iglesia en el camino de su libertad en España, serán muchas y sutiles

y «de origen distinto». El hecho de la rentabilidad, tan jugosa y pingüe, que,

tanto a la Iglesia como al Estado, le ha supuesto en estos últimos años la

hipoteca mutua, no dejará de ser estímulo para aprovechados fervientes.

Reconforta, no obstante, comprobar la decisión del nuncio al prometer que esto

no ocurrirá «otra ves>...

Como «el movimiento se demuestra andando», como «obras son amores y no buenas

razones» y, sobre todo, como en la hipoteca aludida no era lo más importante —

aún con serlo— todo eso del nombramiento de los obispos, las palabras de esta

alta jerarquía eclesiástica merecerían aún mayor credibilidad —concordados o no—

que todavía tienen plena vigencia. A tenor de los indicios que se nos están

brindando, con ocasión de la revisión del concordato, nos parece que éstos no

son convenientemente explícitos de un estilo de independencia moderno,

comprometido y homologable con lo que en otros países está ya ocurriendo. Sería

tan lamentable, como improcedente y retrógrado que, rotas ciertas amarras, con

tantos sacrificios. incomprensiones y «escándalos..., por parte de unos y de

otros, sutilmente se estuviera preparando ahora el futuro sobre unos conceptos

de. independencia tan cambiantes y comprometidos como los anteriores, hoy tan

jerárquica y felizmente demostrados.

 

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