Los obispos de Granada y Sevilla ante la actual coyuntura política (Y II). 
 La justicia y la libertad reclaman la equitativa distribución del poder     
 
 Ya.    02/12/1976.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 28. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA

LOS OBISPOS DE GRANADA Y SEVILLA

ANTE LA ACTUAL COYUNTURA POLÍTICA (y II)

"La justicia y la libertad reclaman la equitativa distribución del poder"

"La opción cristiana por la justicia entrañas la liberación de los oprimidos y

exige que desaparezcan las desigualdades" O "Todos los miembros de una comunidad

política tienen derecho a participar directamente o por representantes

libremente elegidos en las decisiones públicas" • "Vulneraría gravemente la

justicia un sistema que desconociera los derechos de la familia" 9 "De poco

servirá la proclamación de la Justicia y la libertad si luego la corrupción

corroe las relaciones sociales" 9 "Deben desaparecer todos los hábitos de

encubrimiento que obstruyan el derecho a la información"

Publicumos hoy la .segunda parle de la nula, pastoral de los obispos ile Ins

provincias eclesiásticas de Granada y Sevilla sobre el teína "El cristiano j/ la

política" (la primera porte se publicó ayer}. ´

b) El valor justicia

Con el mismo afán por alcanzar Ja libertad se ha de trabajar por Ja realización

de la justicia. Porque sin la justicia faltarían las condiciones objetivas y las

garantías Jurídicas que hacen posible la verdadera libertad.

Con la justicia ocurre lo mismo que con la libertad. Todos los grupos políticos

la proponen como una de las nietas que pretenden conseguir.

Pero el cristiano lia de tener el lentido crítico necesario para discernir si

realmente el programo, los medios >• el grupo humano de mi determinado partido

ge propone de verdad conseguir una sociedad más justa.

Fundamento de la justicia es la esencial igualdad de todo ser humano, que no es

compatible con discriminación alguna en relación con los derechos fundamentales

de la persona, por motivos de raza, religión, sexo o condicion social.

Sin embargo, vivimos en una sociedad con .graves injusticias, que Eeneran

tensiones peligrosas´ y recortan la libertad de muchedumbres que no pueden hacer

.valer •us derechos. Esta situación es particularmente dolorosa y frecuente en

nuestras diócesis.

La opción cristiana por la justicia entraña la liberación de los oprimidos y

exige que desaparezcan las desigualdades injustas y Que quienes las padecen

tengan cauces para organizarse y ser protagonistas de su propia liberación.

La Justicia rio es un regalo que haya que esperar de la concesión generosa y

paternalista de otros. Es un derecho que Dios otorga a todo hombre, y es uno de

los frutos de la redención de Cristo ,(Is 42, 1-4).

En consecuencia, el ciudadano ha de examinar si los programas políticos que

tratan de ganar su asentimiento o piden BU colaboración propugnan la ´superación

de estructuras y lituaciones objetivamente Injustas, como la concentración en

muy pocas manos de las riquezas y de los medios de producción, el monopolio del

poder por las oligarquías, la falta de equidad en el reparto de las cargas

fiscales y la Imposibilidad para el pueblo de acceder a los más altos niveles de

la cultura.

Asimismo, ha dé comprobar si los partidos concretos ofrecen garantías para

Impedir o ´sancionar la apropiación por parte del capital de ganancias que no

corresponden a Iap creatividad y a los riesgos asumidos, las retribuciones

.desmesuradas de ciertos profesionales, el fraude fiscal que multiplica el peso

de las cargas comunes sobre los hombros de los más débiles y la gravísima

insolidaridad y .delito. de lesa patria de la evasión de capitales.

Cuestiona también gravemente la justicia de un sistema la dificultad insuperable

para gran número de trabajadores de encontrar empleo, problema especialmente

grave en nuestra región.

Participación en el poder

Queremos destacar que la justicia y la libertad reclaman que sea equitativa la

distribución del poder.

Todos los miembros de una comunidad política tienen derecho p participar

directamente, o por medio de representantes libremente elegidos, en la

elaboración de las decisiones que configuran la vida pública, en el señalamiento

«Je prioridades en el desarrollo económico-social y en la fijación de objetivos

y medios a la actividad política.

Es lamentable que en nuestra región subsistan todavía-formas de caciquismo,

desaparecidas en otras regiones, que permiten a grupos reducidos de

privilegiados acaparar »1 poder político y utilizarlo

en beneficio propio, sin que el pueblo tenga la posibilidad de organizarse y

hacer oír su voz en las decisiones que. le afectan.

Una satisfactoria realización de la justicia sólo e» posible, además, cuando

.todos los que integran una determinada comunidad humana tienen oportunidades

efectivas de acceder a los mayores niveles de educación y de cultura, de acuerdo

con sus cualidades y con su esfuerzo, sin que sea tolerable que la falta de

recursos o la discriminación ideológica Impidan a muchos poder llegar a ser lo

que Dios quiso que fueran cuando les dio la vida y las dotes personales que

configuran su vocación humana.

Y es de destacar que vulneraría gravemente la justicia un sistema que

desconociera los derechos de la familia, "la cual se funda en el matrimonio

libremente contraído, uno e indisoluble, a la que hay que considerar como la

semilla primera y natural de la. sociedad, de lo cual nace el deber de atenderla

tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética para

que pueda cumplir su misión" (PT 16).

Por supuesto, jamás se podrá considerar justa una sociedad en la que sé qohíba

el derecho natural "de poder venerar a Dios según la recta norma ¿fe BU

conciencia y profesar la religión en privado y en público" (PT 14)

c) El valor moralidad

De poco servirá la proclamación en programas políticos y en textos legislativos

de la Justicia y la libertad como columnas de la convivencia ciudadana si luego

la corrupción, en formas manifiestas o encubiertas, provocadas o permitidas,

corroe las relaciones sociales. Entendemos aquí moralidad en todas sus

acepciones, pero muy principalmente en la subordinación de los intereses

privados al bien común y no al revés, en la coherencia entre promesas y-

realizaciones, en la claridad transparente sobre la recaudación y el empleo de

los fondos públicos.

Nadie está exento de las tentaciones de la corrupción y, por tanto, los

intereses comunitarios deben estar defendidos por un eficaz sistema de

controles: tribunales, parlamento, opinión pública. Deben desaparecer todos los

hábitos de encubrimiento que obstruyan el derecho a la Información, que ha de

ser reconocido hoy a los ciudadanos en las materias que les afectan y

comprometen.

Se debe exigir energía y equidad a las autoridades, que tienen la obligación de

impedir abusos de poder o manipulaciones económicas, ante todo con un ejemplo de

transparencia administrativa en los fondos o puestos que manejan. Nada

contribuye tanto a la confianza del pueblo en sus gobernantes como la valentía

de éstos para corregir abusos y limpiar de corrupción todos los entresijos del

edificio social.

Una moral de gobierno y de gestión económica exige el complemento de una «anidad

de costumbres en el seno de la comunidad civil. SI el alcohol, la droga, la

pornografía e e adueñan del ambiente colectivo y corrompen la vida familiar o la

educación Juvenil, pocas esperanzas de humanización elevada puede tener el paía

donde esto ocurra. •

Es verdad que el Estado no es responsable directo de la moralidad de las

conductas privadas.y que no toda lacra moral se puede ni se debe corregir por

ley. Pero de ahí a la llamada "sociedad permisiva" media mucha distancia. No

cabe duda d" q«e tina legislación o unas medidas de gobierno que establezcan

condiciones favorables para la vida moral en todas sus dimensiones´ constituyen

un servicio valioso y una garantía de progreso para la comunidad ciudadana.

Al llegar a este punto reiteramos que el cristiano no puede conformarse con

declaraciones solemnes sobre los valores de la libertad, la. justicia y la

moralidad. Porque lo que importa- no es lo que se dice, sino lo que se hace. Si

los que dicen defender la libertad establecen una mayor injusticia, si los que

se comprometen a. implantar la justicia atrepellan la libertad y si los que se

presentan como paladines de la moralidad permiten o fomentan de hecho la

corrupción en todas BUS´ formas—como tantas veces ha ocurrido o puede ocurrir en

el futuro—habrá que atenerse, para escoger una opción política determinada, nías

que a las palabras o a los ideales que se invocan, a los resultados conseguidos

o previsibles.

IV. RECOMENDACIÓN FINAL

Enseña el Concilio Vaticano II que "los seglares han de coordinar sus esfuerzos

para sacar - las estructuras y los ambientes del mundo cuando Inciten al pecado,

de manera que todas éstas cosas sean conformes a las normas de la justicia y más

bien favorezcan que obstaculicen la práctica de las virtudes" (GS 39).

Esta tarea es permanente, y al realizarla habrá que:

—•mantener viva la conciencia de la propia responsabilidad política;

— evitar actitudes utópicas que fácilmente sucumben ante las dificultades;

í— actuar con realismo para conseguir en cada momento lo que es posible;

— tener conciencia de que nadie posee toda la verdad y de que las opciones

ajenas contienen elementos positivos;

— estar siempre dispuestos, por tanto, al diálogo y al mutuo respeto y a la

comprensión;

— rechazar la violencia como Incompatible ´con el sentido de humanidad

y con el espíritu del Evangelio;

— y mantener siempre una firme esperanza.

´El cristiano, aunque de momento conozca el amargoi1 del fracaso, Imputable a

sus propias limitaciones o a las tremendas resistencias que se oponen a la

realización de la justicia, sabe por la fe que "los bienes de .la dignidad

humana, la unión fraterna y la libertad, todos frutos excelentes de la

naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por 1» tierra en

el Espíritu del Señor y de

acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha,

iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Paire el reino eterno y

universal" (GS 39).

Adviento 1976.

 

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