Peligroso vacío social     
 
 ABC.    16/07/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC, MIERCOLES 16 DE JULIO DE 1975.

PELIGROSO VACIO SOCIAL

A la comunidad nacional, al país, le ha llegado el tiempo de su politización activa; ya que pasivamente

siempre están politizadas las comunidades y los hombres.

La hora de la politización obliga a todos, sin permitir a nadie mantenerse ajeno a la llamada de las

responsabilidades comunes; y menos aún a quienes por diversas razones —edad, escalafón, categoría

social o profesional, etc...— se consideran, a sí mismos, exentos ya de obligaciones políticas directas o,

cuando menos, marginados de ellas.

No escribimos, por supuesto, con preocupación centrada en los grados de adhesión que hayan conseguido

despertar hasta ahora las asociaciones, aunque creamos, por otra parte en su conveniencia.

Escribimos pensando en tantas y tantas otras entidades sociales —de las que bien pueden ser ejemplo

clarísimo los Colegios profesionales o las asociaciones de todo tipo— en las que, se quiera o no,

fermentan y afloran actitudes políticas; en las cuales se está haciendo política por grupos muy

caracterizados.

Resultaría extraordinariamente aleccionador, a este propósito, analizar en cuánta proporción se ha debido,

en muchos países análogos al nuestro, el triunfo de las ideologías de izquierda —para usar terminología

clásica— más que a su propia fuerza de convencimiento a la desidia o la defección, a la abstención o al

desinterés, de muchos de aquellos a quienes correspondía representar, con voz y voto, las ideologías

opuestas, en cualquiera de sus matices.

Este fenómeno, como algunos eclipses, es visible, desde hace algún tiempo, en toda España. Para daño de

todos, para mal del país y de su futuro. Sobre este punto —histórica y políticamente decisivo— no cabe

engañarse, ni es lícito consolarse con sofismas o con vanas esperanzas.

El extremismo político que la inmensa mayoría no quiere, el que persigue como finalidad la asolación de

la democracia y la cancelación de las libertades, avanza en muchas de las entidades sociales antedichas

porque la legítima y legitimada oposición que debería encontrar en ellas no comparece, se desentiende o

se calla.

Así una minoría activa, presente, dirigida y organizada consigue, con lamentable frecuencia, en asambleas

y en juntas, presentar sus consignas, sus particulares propósitos, como acuerdos corporativos, como

genérico criterio profesional o colectivo. Y queda, de momento, un terreno abonado para su próximo paso

adelante.

Esta realidad es mas que lamentable; tiene, a veces o en casos particulares, casi perfiles de suicidio,

cuando el máximo imperativo comunitario es no sólo la vida de la colectividad, sino su supervivencia, su

continuación histórico-política en condiciones normales de libertad ciudadana y libre de las servidumbres

del totalitarismo de partido que la amenaza. Al oeste, no muy lejos, se desarrolla ahora un tremendo

ejemplo.

La politización activa, en el sentido en que la define este comentario, es ya y ahora gran responsabilidad

de todos. Es serio deber de ciudadanía, porque considerada la situación con criterio de profundidad y con

proyección de futuro resultaría trágico que un vacío social, una indiferencia irresponsable, permitiesen al

extremismo que comunitariamente no se desea y se repudia ganar bazas de cara al mañana. Bazas, para

mayor lamentación, no disputadas. No jugadas siquiera.

 

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