Relanzamiento del asociacionismo     
 
 ABC.    27/06/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

RELANZAMIENTO DEL ASOCIACIONISMO

Si en las elecciones del próximo otoño no participan candidatos de alguna o algunas asociaciones, el

desarrollo o movimiento asociacionista correrá gravísimo peligro de pasar al anaquel de los expedientes

archivados.

El asociacionismo hay que hacerlo ahora y ya, con la mayor urgencia, o no será nada, ni aportará nada a

la vida política real del país. En su discurso ante las Cortes, el presidente del Gobierno, convencido con

buen instinto político de la necesidad de relanzar el asociacionismo, ha anunciado cuatro medidas

conducentes a esta finalidad: modificar por decreto, antes del 31 de agosto, las disposiciones que sea

necesario para regular la comparecencia de las asociaciones en los diversos procesos electorales; revisar,

también por decreto, las condiciones que se exigen a las asociaciones políticas para la concurrencia

electoral; permitir a las asociaciones presencia en los medios oficiales de comunicación social; desarrollo

reglamentario de los preceptos del Estatuto asociativo.

En todas las orientaciones, la decisión de relanzamiento es idónea y puede llegar a tener gran eficacia. Es

preciso y urgente abrir el proceso electoral, las distintas elecciones a la presentación de candidatos

surgidos en el seno de las asociaciones y promovidas por ellas.

Seguramente —es casi inevitable— esta actitud aperturista va a suscitar críticas y oposiciones de quienes

se obstinan en la interpretación inmovilista de las Leyes Fundamentales, viendo en tal interpretación una

póliza de seguro de permanencia o, con visión algo más amplia, un seguro para la estabilidad del sistema.

Si se publicasen los resultados de las elecciones sindicales de base, hasta ahora realizadas, en cuanto se

refiere a la filiación de la mayoría de los elegidos, perderían intensidad y coherencia las críticas y las

oposiciones. El tiempo actual no admite el viejo juego; y siempre será más prudente saber con claridad en

nombre de qué, dentro de lo admisible, participa cada candidato en las elecciones. Y mejor celebrarlas

con auténtica participación a recibir la sorpresa de unos resultados que, producidos dentro del mecanismo

electoral establecido, reflejen una realidad política mucho más amplia de la prevista en la convocatoria.

Por otra parte, para una participación auténtica de las asociaciones en los procesos electorales es

necesario despejarles de obstáculos las vías de su pública comunicación. En supuesto contrario, ¿cómo

podrán sumar adhesiones en la masa ciudadana?

Bien está, desde luego, facilitar a las asociaciones la presencia en los medios oficiales de comunicación

social —asunto postulado reiteradamente desde estas columnas—, pero no estaría de más, tampoco,

modificar las normas que ahora se aplican en la regulación del derecho de reunión; normas, por supuesto,

inapropiadamente rígidas. Procede aquí más flexibilidad, mayor tolerancia. Sin ellas las facilidades que se

intenta proporcionar al asociacionismo serán, en gran parte, irreales.

Urge, por último, pues todo tiene ya sello de urgencia en la política del país, el desarrollo reglamentario

del Estatuto asociativo. Urge para allanar trámites, para simplificar exigencias, para aclarar dudas. En

suma: para que el asociacionismo sea una realidad en marcha, en acción, en las próximas elecciones.

Para cumplir, en este principal punto, el legítimo propósito de una evolución dentro de la

constitucionalidad y sin ruptura.

 

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