Divulgación asociacionista     
 
 ABC.    29/01/1975.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

A B C. MIERCOLES 29 DE ENERO DE 1975.

DIVULGACIÓN ASOCIACIONISTA

A la firma del Estatuto asociativo siguió una pausa, un bache, de evidente desinterés; quizá de desilusión,

de decepción. Ahora —y desde luego la estancia de Fraga y sus entrevistas han sido acicate principal— el

asociacionismo ha vuelto a cobrar interés, ha recuperado temperatura y palpita con pulso acelerado.

Todos los grupos que piensan formar asociación y lo han anunciado, y aun seguramente los que callan o

niegan su propósito asociacionista, parecen sentirse estimulados, movidos por el movimiento de los

demás. Y lo más probable es que se formen e inscriban varias asociaciones, resulten o no ciertas las

alianzas, los convenios o acuerdos, que circulan en las noticias de la Prensa y en las charlas y rumores de

las tertulias.

Pero aún necesita la promoción del asociacionismo —tan conveniente sin duda al país, a su vida real, a

sus legítimas aspiraciones— un estimulo más amplio, más eficaz, más directo. A él se ha referido,

pidiéndole con oportunidad y serio planteamiento don Salvador Serrats, en acto público celebrado en

Huesca:

«La radio y la televisión deberían ofrecer, en igualdad de oportunidades, a los promotores de las

asociaciones, tiempos idénticos, con una cierta periodicidad, para la expresión de sus finalidades,

directrices y programas, a fin de que el pueblo conozca las oportunidades y alternativas que se le brindan

por cada asociación y pueda decidir libremente su incorporación o abstención.»

* * *

La «propuesta-demanda» del señor Serrats merece ser considerada y atendida; habida cuenta que se limita

a «los medios de comunicación social oficiales»; es decir, a los que se subvencionan con fondos públicos

y deben ser, en todo caso, neutrales en la ordenada competencia asociativa.

En situación distinta se encuentran —y deben ser respetados en ella— los medios de comunicación social

sostenidos por capital privado, sean periódicos o emisoras, pues a éstos no se les puede negar, en limpio

juego, mantener las preferencias que deseen por una u otra asociación y su programa.

Una correcta estimación de la realidad social del país conduce a una conclusión que nadie impugnará:

salvo minorías muy determinadas y cualificadas, en varios sentidos, la mayor parte de los ciudadanos

españoles no saben qué tendencia o finalidad, directriz o programa, defienden las asociaciones que se

perfilan y están en periodo constituyente, en fase de cristalización, ahora. Incluso cabe dudar, con harto

fundamento, que esta gran mayoría del país sepa de modo claro y pleno cuál es la verdadera posición

política de nombres que suenan mucho y acaparan columnas de información, salvo quizá dos o tres que

representan las posturas más extremas. Precisamente aquellas que suelen interesar menos, a efectos de

afiliación, a la mayoría.

La televisión y las radios oficiales, aparte secundar así una decisión gubernamental que queda ya

instalada en el marco constitucional del Estado, prestarían un gran servicio informativo al país; a todos los

que contribuyen, por su condición contribuyente, a mantenerlas.

Desde estos medios de comunicación —con tanto poder de difusión y tanta responsabilidad informativa—

debe divulgarse, para la sana y conveniente politización del país, para su pleno y general conocimiento, el

«quién es quién» asociacionista.

 

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