Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Gaudeamus igitur     
 
 Informaciones.    04/06/1977.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

«Gaudeamus igitur»

Por Jaime CAMPMANY

El cuarto de estar de mi casa es una modesta agora donde cada día toda la familia habla un rato de lo

divino y de lo humano, se ejercita en el diálogo sobre los asuntos de tejas para abalo y de tejas para

arriba.-No todos estamos siempre de acuerdo, pero intentamos hablarnos con moderación y respeto. A lo

más. nos permitimos alguna picadura irónica y alguna escapatoria por el Ingenio. Mi mujer pone en la

tertulia un punto de totalitarismo maternalista. Mi suegra, un cierto dogmatismo inquebrantable. Mi hijo

ensaya entusiasmos alternativos. Mi hija mayor está afiliada ai sentido común y sólo habla despees de

escuchar a todos. La pequeña muestra un apunte de protesta y de rebelión feminista. Y mí vieja niñera,

que me vio nacer, recurre al refranero «Jaime, lo que tienes que decir en el periódico es que arreglen eso

del paro, porque donde no hay harina, iodo es mohína.»

En mi cuarto de estar se* meten estos días tos rostros y las palabras de los políticos, a través de la ventana

de la televisión. Ramón Ta-mames, con su aire de teólogo posconciliar. Manolo Cantarero, que; parecía

un juez de paz para la hermosa gente del pueblo. Los de la Federación de la Democracia Cristiana, que

oficiaron una especie de misa política concelebrada. Felipe González., con «naif» al fondo y su cara a

medio camino entre Heidi y Alain De-Ion, que se había puesto cor-bata como para ir a pedir la mano del

Poder. Y anoche, el profesor Tierno Galvan.

E1 «viejo profesor» renunció al coro y al escenario, al énfasis de la elocuencia, al ademán castelarino y a

la sonrisa electoral. Renunció a otras tentaciones disculpables- a la erudición y a la demagogia. Un simple

atril, un fondo liso y sobrio, una chaqueta cruzada de paño oscuro y las gafas de haber leído de verdad, a

Carlos Marx y a San Juan Crisóstomo, a Plotino y a Hegel, a Renan y a Fray Luis de Granada. Ni un solo

recurso oratorio: ni el •yo acuso» de Zola, ni un latiguillo, ni • una sola concesión a la vulgaridad. Dijo se-

riamente esas cosas serias y realistas que todos eluden en la soflama electoral. Habló de ¿humildes

promesas» y de «situación dislocada». Ese fue su adjetivo más grueso, y el más exacto, porque realmente

las cosas no están en su sitio No ofreció bicocas; pidió obras y trabajos, plazos y paciencia. Lo que en

otros parece recitación de lo aprendí. do en él era exposición rigurosa de lo pensado.

Hace días me lamenté aquí de lo que estimé desliz verbal del profesor Tierno. Anoche oyéndole me subía

a los ¡ai-««.en su homenaje, el «gal* ••>. nitur» de mis alegres y disciplinados años universitarios.

 

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