El proceso de la libertad     
 
 ABC.    01/11/1963.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. VIERNES 1 DE NOVIEMBRE DE 1963.

EDITORIAL PRENSA ESPAÑOLA

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EL PROCESO DE LA LIBERTAD

El libre arbitrio es la más noble facultad del hombre, la que le pone en los

linderos mismos de la divinidad. La libertad política del orden es la meta

social por excelencia. En torno al vocablo libertad están las más nobles

resonancias del espíritu humano. Vivir desde ella y para ella es uno de los

rasgos más egregios de la condición humana. Estamos decididamente por la

libertad. Por eso recogemos con gozo las importantes palabras del ministro de

Información y Turismo en su reciente discurso de Valladolid: "Hay y habrá,

progresivamente, cada vez más libertad." Nadie mínimamente objetivo podrá negar

la veracidad de este aserto en lo que al próximo pasado se refiere. Se podrá

discutir sobre el ritmo, pero no sobre la tendencia. El sentido de la marcha es

evidente y claro.

Pero parece fuera de duda que cuando un Gobierno emprende una línea

liberalizadora, la primera y más eficaz colaboración de los gobernados es

demostrar, junto a sus deseos, su capacidad para la libertad.

Hasta ahora no se ha abierto ninguna vía de manifestación pública en la que se

hayan producido desbordamientos. El panorama, en general, es esperanzador, e

invita vehementemente a proseguir ese proceso que, con acierto, ha definido el

ministro como "creación de la libertad".

El único incidente de esta última etapa liberalizadora ha sido la llamada "carta

de los intelectuales". Y a él se ha referido ampliamente el ministro. El señor

Fraga ha expuesto tres argumentos, los tres muy dignos de consideración. He aquí

el primero: "los españoles hemos medido hasta el final las consecuencias de las

actitudes en desajuste con la realidad, y sabemos el precio pagado para

reconstruir. lo destruido por el error de quienes, tras proclamar utopías,

hubieron de refugiarse en la actitud de inhibición del no es esto, no es esto".

Efectivamente, el nivel de la especulación es distinto del de la realidad. Algo

frágil, pero decisivo, separa la esencia de la existencia. Una cosa es la teoría

y otra la política. En el terreno de los principios caben infinidad de matices;

en el de la acción, todo el problema se reduce a elegir, a veces, entre sólo dos

posibilidades fundamentales. Así ocurrió, por ejemplo, el 18 de julio de 1936.

Así, en menor escala, ocurre a menudo. Ayer, pese a todas las distinciones

conceptuales que lícitamente pudieran hacerse, la verdad es que la disyuntiva

estaba entre Radio Praga y Radio Nacional. Los que viven entre libros tienden

muchas veces a olvidarse de esta situación dramática; pero realísima.

El segundo argumento del ministro es, en cierto modo, un corolario del anterior:

"En el campo de las utopías políticas y sociales, son muchas las que empiezan en

una filosofía humanista para terminar en la guillotina, en la checa o

convirtiendo el grito de paredón, paredón, en acompañamiento macabro de las

ejecuciones." Y es que, como ha dicho un ilustre pensador español, "todas las

ideas son acciones incoadas". Y, una vez en circulación, producen efectos que

escapan a sus formuladores. De ahí la alta responsabilidad del intelectual. En

la medida en que sus consignas tienen una inmediata consecuencia social, debe

ser muy prudente en su lanzamiento, debe medir bien los resultados y la

desembocadura. Y con ello llegamos al tercer argumento. Hay que saber no tanto

lo que se condena o lo que se sueña, sino a dónde se va. Como ha dicho el

ministro: "¿Vamos ahora, que por primera vez hemos conseguido aunar tradición y

progreso, e instaurar orden, paz, libertad, honor y justicia, a jugarnos

inconscientemente nuestro bienestar presente y la garantía de un porvenir mejor

por los caprichos peligrosos de grupos insignificantes, sin arraigo en la

sociedad y que, además, nunca explican claramente al país cuáles son sus

designios finales?" Malo si no lo dicen porque no lo saben; peor si lo ocultan

intencionadamente.

Sería, sin embargo, lamentable que un incidente minoritario y escasamente

representativo retardara el proceso de liberación de nuestra vida intelectual y

política. El balance continúa siendo extraordinariamente positivo. El propio

ministro ha hablado de los "muchos millares de intelectuales que sirven a España

y perfeccionan nuestra convivencia". Es éste el hecho que hay que tener

principalmente en cuenta para tratar de avanzar en la dirección de la libertad,

sin supervalorar a quienes, alardeando de estimular el proceso, en la práctica,

lo dificultan. Hasta ahora la inmensa mayoría de los españoles ha demostrado que

sabe usar de la libertad que se les ha reconocido en el ordenamiento jurídico,

pero sobre todo en la convivencia real. Esto quiere decir que se puede y se debe

seguir avanzando. "Nuestro Estado—ha dicho el ministro—ha de conducirnos a

fórmulas siempre más depuradas de libertad."

Estamos lealmente en ello.

 

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