El turismo en España  :   
 Necesidad de coordinar las normas ministeriales. 
 ABC.    23/05/1964.  Página: 64. Páginas: 1. Párrafos: 30. 

ABC. SÁBADO 23 DE MAYO DE 1964.

ABC

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EL TURISMO EN ESPAÑA

Necesidad de coordinar las normas ministeriales

La mayor o menor permanencia del turista en España influye de forma decisiva en

las divisas que ingresan anualmente como consecuencia del tráfico extranjero. No

sólo cuenta el número de visitantes que cruzan nuestras fronteras, sino también

el período de tiempo que viven dentro de nuestra Patria.

En efecto, si un millón de turistas permanecen un solo día en España producirán

unos beneficios proporcionales a un millón de estancias, mientras que si ese

número de personas prolongan su visita durante un año, los dividendos primitivos

quedarán multiplicados por trescientos sesenta y cinco.

Por tanto, la política para elevar la productividad turística habrá de perseguir

dos metas fundamentales:

1.º Aumentar el número de visitantes.

2.° Prolongar sus estancias en España.

Estos dos fines sólo podrán lograrse mediante la construcción de residencias,

apartamentos, chalés y hoteles de viajeros que, ampliando nuestra capacidad de

recepción, hagan posible el albergue de las nuevas olas turísticas llamadas a

España por una propaganda eficiente y por los atractivos de nuestros paisajes,

de nuestras costas, de nuestro folklore, de nuestros museos y de nuestro clima.

El primer problema a resolver, si se pretende levantar cualquier edificación en

un lugar inexplotado turísticamente, es el de la infraestructura. ¿Cómo

construir un establecimiento de hotelería sin carreteras, sin agua, sin luz, sin

teléfono y sin alcantarillado?

Aquellos que se han atrevido a hacerlo, o se han hundido bajo el peso de los

gastos necesarios para llevar a un lugar aislado y sólo para un edificio tales

servicios, o disponen de una infraestructura que nos desacredita totalmente ante

los extranjeros.

Es decir, lo primero que debe fomentarse son las urbanizaciones bien proyectadas

y correctamente realizadas. Ellas traen luego consigo el desarrollo de los

complejos turísticos correspondientes que pueden crecer sin problemas gracias a

las urbanísticas ejecutadas de antemano.

Así lo entendió, sin duda, el legislador al redactar la Ley del Suelo, que fija

importantes beneficios para las empresas o corporaciones que dediquen su capital

y su esfuerzo a la tarea de urbanizar.

Sólo cuando se halle resuelto el problema de la infraestructura se plantea el de

la construcción hotelera.

Nada más acertado, en este sentido, quería, política de fomento que se viene

prestando a esta industria mediante la concesión de créditos en condiciones

económicas muy aceptables.

Sin embargo se hallan todavía en vigor normas antiguas, ajenas a las que rigen

en Europa, "que pueden frenar el ritmo ascendente de la construcción de nuevos

hoteles de viajeros".

Tomemos uno de los muchos ejemplos :

Una de las condiciones que se imponen a un edificio para que pueda, al

terminarse, ser clasificado como hotel de primera A, es que su cocina tenga el

mismo tamaño que su comedor y éste una superficie de 1,75 metros cuadrados por

huésped.

Inmediatamente se comprende que puede existir un hotel, no ya de primera

categoría, sino de lujo, que no guarde estas proporciones. Bien porque se hallan

mecanizados todos los elementos culinarios, bien porque se trate de un

establecimiento donde los huéspedes usen con poca frecuencia el comedor, como

ocurre en los euroteles, establecimientos pertenecientes a una cadena

internacional, cuyas habitaciones disponen de una cocina independiente. Mientras

la construcción de hoteles sea rentable, el capital privado continuará

edificando. Si, por el contrario, los márgenes de beneficios disminuyen, puede

caerse (como ha ocurrido en las viviendas) en una situación de estancamiento que

desemboque en una verdadera crisis.

Si deben fomentarse los negocios que albergan al viajero de paso, mucho más aún

han de protegerse aquellos que retienen definitivamente al extranjero en nuestro

suelo.

La rentabilidad que produce el turista es máxima cuando decide afincar en

España.

Los ingresos que produce el nuevo residente al cambiar su mentalidad nómada por

la sedentaria son incalculables. El extranjero que compra un apartamento en la

Costa del Sol, un solar en Mallorca o una vivienda en Madrid abre una brecha en

la bolsa de su país por donde se filtran hacia España las divisas de su

instalación, de sus gastos de vida y de sus negocios.

En este sentido convendría modificar las disposiciones que dificultan la compra

de inmuebles por extranjeros en determinadas zonas de la costa, derivadas,

además, de una ley de contenido anacrónico dictada durante la República.

Las dificultades para comprar que nosotros les imponemos no consiguen sino

ahuyentarles de nuestra Patria, animándoles a invertir su dinero en cualquiera

de las muchas costas abiertas del Mediterráneo.

¿Cómo coordinar los factores diversos que constituyen la ecuación turística

perfecta?

Las carreteras dependen de Obras Públicas, de los Ayuntamientos o de las

Diputaciones.

El agua, de las Confederaciones Hidrográficas, Comunidades de Regantes,

Compañías privadas, e incluso a veces de otros organismos con el Instituto de

Colonización.

La luz y el teléfono, de diversas sociedades anónimas.

Los proyectos de las urbanizaciones y los beneficios de la Ley del Suelo, del

Ministerio de la Vivienda.

Los créditos hoteleros, o de las edificaciones turísticas, del Ministerio de

Información y Turismo, del Banco de Crédito Industrial y del Hipotecario.

Los permisos de compra para extranjeros en algunas zonas, del Ministerio del

Ejército.

Y la verdadera y definitiva protecció fiscal, del Ministerio de Hacienda .

Se impone una coordinación planifi cada que aune y regule la política de fomentó

del turismo.

Si a la bondad de nuestro clima, al interés de nuestros monumentos, a la alegría

de nuestra Andalucía, a la belleza de nuestras costas peninsulares e isleñas

añadiésemos nuestro esfuerzo conjunto y coordinado para facilitar al turista una

prolongada y grata estancia en nuestro suelo, España podría convertirse en la

primera provincia de vacaciones de Europa.

 

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