Política cultural     
 
 ABC.    23/04/1974.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES 23 DE ABRIL DE 1974.

ABC

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POLÍTICA CULTURAL

En el planteamiento básico de una política española de la cultura, formulado en

Barcelona, en el pregón de la Fiesta del Libro, por el ministro de Información y

Turismo, destaca en primer lugar la afirmación de que si la sociedad española

está atravesando, en lo cultural, una etapa crítica, la ola de crisis es

universal; que no somos diferentes, aunque no debamos sólo imitar, sino también

buscar soluciones en nuestras propias raíces de identidad.

Partiendo de esta premisa fundamental, de nuestra similitud con otros grupos

humanos, con otros países, el señor Cabanillas Gallas pudo anunciar que, sin

dejarse llevar por temores apocalípticos ni caer en el misticismo del

desarrollo, «debe preverse que el grado conflictivo de la sociedad española

crecerá al encontrar los niveles económicos del mundo industrializado». Y que,

por ende, resulta indispensable que la sociedad permita un cierto grado de

inquietud, ligado a la permanente búsqueda del equilibrio, y rechace la fórmula

simple de que «la menor alteración deba ser tratada siempre como desorden».

Lo que el ministro consideraba como condición inexcusable para formular siquiera

un esbozo de política cultural no es sino el principio de que a mayor orden

corresponde mayor libertad; de que ésta, en suma, requiere imprescindiblemente

el apoyo de aquél; principio enlazado con el convencimiento de que la cultura no

es un «quehacer estatal» y que la sociedad debe asumir un papel activo en este

campo, desembarazándose de viejos vicios de uniformidad e inmovilidad y

admitíendo la posibilidad de cambios y evoluciones en su seno. Cultura y

política han ido siempre unidas y el camino para la convivencia nacional

transcurre por terrenos de ambas, vinculándolas aún más estrechamente de lo que

muchos pudieran pensar.

El papel del Estado se reduce, pues, a reconocer el derecho a la comunicación

cultural, aceptando íntegramente su deber de facilitar tal comunicación y

creando, en la medida dé sus posibilidades y que son muchas—, las condiciones

idóneas para el ejercicio eficaz de aquel derecho. El ministro de Información

afirmaba también que las ideas de tutela jerárquica o de dirigismo estatal se

encuentran ya superadas, invitando a los intelectuales a reconocer, a su vez, la

obligación, que tienen, por el hecho de serlo, de observar la realidad e

imaginar, comprometidamente, el porvenir de España; un futuro que, corno resulta

evidente, no debe ser, necesariamente, ni clandestino ni sombrío.

Apertura, participación, comunicación. Los conceptos qué presidían el

planteamiento programático del Gobierno Arias estaban incluidos implícitamente

en el pregón, con la ambición de responder algo más que a un simple y cómodo

nominalismo; como una invitación coherente y responsable al país entero,

buscando una perspectiva dinámica, configurando un modelo de cultura

participante, único viable en el mundo de hoy, en que, corno el ministro

recordaba, el papel activo de los miembros de una comunidad constituye un valor

asumido.

Los proyectos concretos del Gobierno —posible creación de un Consejo Nacional de

la Cultura, presentación del anteproyecto de la ley del Libro, propósito de

utilizar la televisión como permanente vehículo cultural, potenciación de

Ateneos, establecimiento de una red nacional de Aulas de Cultura Popular—

tienen, con todo, menor relieve que la enunciación d« esas coordenadas básicas

con las que se procurará respetar las peculiaridades de las distintas lenguas

españolas, yendo hacia una construcción pluralista de la cultura y hacia la

mejora de las instituciones que protegen la libertad de elección humana, tanto

para los individuos y grupos de hoy como para los del mañana. Información

equivale a cultura, y sólo el hombre informado es capaz de asumir la

responsabilidad de elegir. Sin embargo, no olvidemos que si el Estado ha de

establecer los cauces, es la sociedad quien debe generar la corriente. En el

planteamiento del ministro de Información y Turimo en Barcelona, junto a una

definición nueva del Departamento —configurado ya, tácitamente, como Ministerio

de la Cultura— y a una declaración de propósitos, se ha formulado un desafío a

los hombres que hoy configuran la cultura y se ha emplazado a la sociedad

española en pleno.

 

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