Claro análisis del turismo     
 
 ABC.    09/07/1974.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. MARTES 9 DE JULIO DE 1974.

ABC

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CLARO ANÁLISIS DEL TURISMO

La industria turística o, más ampliamente, la economía toda del turismo

necesitaban hace algún tiempo, aunque no hubieran quedado comprendidas en el

marco crítico en el que se desenvuelven ahora por fuerza la casi totalidad de

las relaciones y procesos económicos, un claro análisis.

El turismo en nuestro país se ha desarrollado, a partir de unos años

determinados, con mucha mayor dosis de ímpetu, de ritmo acelerado en las

realizaciones públicas y privadas, que de consciente ponderación o de cuidadosa

planificación, si se quiere. Seguramente, no pudieron ocurrir de otra manera las

cosas porque era necesario responder con una capacidad de recepción cierta a un

vertiginoso incremento de turistas, proyectados, en oleadas sucesivas y enormes,

hacia muy diversas comarcas y zonas de la geografía española.

En estas condiciones —quizas no óptimas, pero obligadas— se ha consolidado el

sector turístico y ha ascendido a uno de los puestos primeros o más

fundamentales de la economía nacional.

La crisis económica europea, que ha modificado, este año, el acento firme de la

demanda turística, ha abierto una ocasión oportuna para repensar y analizar, con

claridad, el sector: sus características actuales y sus posibilidades —que las

tiene aseguradas— de futuro.

Sin concesiones a una fácil inercia triunfalista, con criterio ecuánime y muy

concreta estimación del problema en su conjunto y de cada una de sus facetas, ha

analizado el sector y el fenómeno, el ministro de Información y Turismo, señor

Cabanillas Gallas, en Palma de Mallorca.

Su base expositiva, imprescindible para luego apuntar soluciones bien

argumentadas y, por lo tanto, válidas, arranca de una sincera exposición de las

circunstancias o características de la situación actual del turismo en el país.

Ha señalado, con expresa referencia, cuatro: «desajuste entre oferta y demanda»,

«deficiente estructura de las empresas del sector», «deficiencias en los

procedimienios de comercialización» y «bajo nivel de renta de los turistas que

nos visitan».

No se trata, por supuesto, de brindar, al servicio del lucimiento político,

descubrimientos; se trata de intención más constructiva y pragmática— de

subrayar con autoridad suficiente unas verdades que tenían ya circulación

amplia, pero todavía pendiente de réplicas, más o menos interesadas.

Cada una de estas cuatro características encierra y revela, al tiempo, una

deficiencia del planteamiento turístico que «hora, por la crisis externa, cobra

mas acentuado relieve y resulta más urgente resolver.

El desajuste entre oferta y demanda —primera característica e importante

deficiencia— podría incluir el resumen de todas las dificultades que afronta

ahora el sector. Por el desajuste es deficiente la estructura empresarial

turística y aparecen, evidentes, los fallos de comercialización ; por una

llamada indiscriminada, pero estimulada y propiciada, al turismo, ha agravado el

desajuste una masiva recepción turística de escasa rentabilidad.

Los errores iniciales, sin duda inevitables a lo que cabe deducir, se cometieron

en este punto; cuando se asimiló, sin más, la creciente avalancha del turismo y

aun se estimuló, por múltiples medios; cuando centrada obsesivamente la visión

en el ingreso de divisas, sólo se pensó en aumentar, con. la menor dilación

posible, la oferta de plazas para el turismo y se descuidaron las previsiones,

las precauciones incluso, que podían haber operado como elementos de equilibrio

de la oferta y la demanda; se olvidaron entonces, posibles variaciones de la

coyuntura y se prescindió de consideraciones competitivas.

Esta actitud, excesivamente «receptiva» —-la ingenua actitud favorable al «que

vengan todos y cuantos más mejor»— ha sido condicionamiento indudable para la

deficiente estructura de las empresas del sector; segunda característica de la

situación actual. La iniciativa creadora de plazas turísticas, unida a las

normas que la formentaron, desbordaron, con exceso, le que hubiera podido ser

una previsión más prudente. Tendencias especulativas llegaron a construir la

infraestructura necesaria y también la «marginal». (Es decir, la que primero y

con menores posibilidades de resistencia se encuentra cercada por la crisis.)

Las deficiencias en la comercialización del turismo —la servidumbre a las

agencias internacionales que mueven a los turistas— son tema ya bien conocido y

comentado. El 9 de septiembre de 1973, haciéndonos eco de unas declaraciones del

presidente del Sindicato de Hostelería, escribíamos sobre la paradoja turística

que soportaba el país: la subvención a turistas de países con alta renta per

cápita, porque a ello equivalían los bajos precios de sus vacaciones, en España,

por medio de la actuación de los «tour-operators». Hecho que, también, ha

desequilibrado el negocio turístico.

Por último, el bajo nivel de renta de la mayoría de los turistas recibidos ha

motivado, desde hace tiempo, adversos comentarios. En el mes de agosto de 1972

(ABC, de los días 26 y 27) publicamos dos editoriales titulados «Turismo de

masas y turismo de calidad», cuya conclusión era, naturalmente, la imperiosa

necesidad y conveniencia de reordenar el turismo, reconsiderar la política

turística, para obtener mayor rentabilidad, para contener, dentro de ciertos

límites, el turismo de masas y para incrementar, por todos lo? medios, el

turismo de calidad.

Este análisis lo ha hecho con profunda claridad el ministro de Información y

Turismo, don Pío Cabanillas. Plantearse con claridad un problema es tenerlo casi

resuelto y, desde luego, el único camino para llegar a su solución.

En próximo artículo editorial, complementario de éste, glosaremos el programa de

acciones esbozado por el ministro para replantear la política de turismo que más

conviene al país.

 

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