Autor: Gómez Pérez, Rafael. 
   El nuevo estatuto jurídico del Opus Dei     
 
 Diario 16.    02/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

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RAFAEL GÓMEZ PÉREZ

El nuevo estatuto jurídico del Opus Dei

Muchos aspectos, tal vez los más anecdóticos, de la organización del Opus Dei

son generalmente prejuzgados o interpretados erróneamente, si atendemos a la

opinión de sus miembros. Por ello, nadie más indicado que un miembro del Opus

Dei para explicar con claridad en qué consiste el nuevo estatuto jurídico de la

Obra dentro de la Iglesia.

La transformación jurídica deLOpus Dei en Prelatura Personal confirma defini-

tivamente que sus miembros son ciudadanos normales en la sociedad y fieles

corrientes en la Iglesia. Sin dejar de pertenecer a las diócesis en las que

viven, los laicos que se integran en la Prelatura lo hacen mediante un vínculo

contractual y no con votos, comprometiéndose a participar en una iniciativa de

carácter espiritual y apostólico.

Esas finalidades están claras desde el mismo día de la fundación del Opus Dei,

el 2 de octubre de 1928. En un texto de 1930, el fundador decía que se trataba

de mostrar «que la santidad no es cosa para privilegiados: que a todos nos llama

el Señor, que de todos espera amor; de todos, estén donde estén; de todos,

cualquiera que sea su estado, su profesión u oficio. Porque esa vida corriente,

ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de santidad».

Vida e ideal

La vinculación al Opus Dei es, por tanto, exclusivamente para recibir ese

entrenamiento, esa formación, en la plenitud de la vida cristiana y para

extender ese ideal. Una vinculación, por tanto, que es respuesta libre a una

llamada, a una vocación. El valor de la libertad se advierte ya claramente en el

mismo hecho de querer dedicar los esfuerzos a conseguir esa finalidad que es

sólo espiritual.

´ La vida de cada miembro del Opus Dei continúa con sus vicisitudes propias,

cada uno desarrollando, según su saber y entender, el propio trabajo. En la

escala social, las personas del Opus Dei siguen el ritmo general del mundo en el

que viven. El Opus Dei, como institución, se mantiene ajena a todo eso, porque

es algo que corresponde a la libertad de cada uno. Hay que decir, por tanto, que

la Prelatura no organiza la vida de trabajo de los que se vinculan a ella, no

dirige ni controla sus actividades, sus relaciones y sus influencias.

El Opus Dei no intenta unir a quienes, en la vida, desarrollan tareas muy

diversas. No moviliza, humanamente hablando. Asegura a cada miembro —por el

hecho de ser un cristiano concreto— el conocimiento de la fe y de la doctrina de

la Iglesia, la asistencia espiritual. Después cada uno actúa por su cuenta, en

conciencia, procurando comportarse, en el sentido más estricto, cristianamente.

Las afirmaciones de la libertad de los miembros del Opus Dei son numerosísimas.

El fundador dijo, por ejemplo, de forma terminante: «No va de acuerdo con la

dignidad de los hombres el intentar fijar unas verdades absolutas en cuestiones

donde por fuerza cada uno ha de contemplar las cosas desde su punto de vista,

según sus intereses particulares, sus preferencias culturales y su propia

experiencia peculiar. Pretender imponer dogmas en lo temporal conduce,

inevitablemente, a forzar las conciencias de los demás, a no respetar al

prójimo.»

Pluralidad

Existen, además, argumentos intrínsecos. La formación espiritual y apostólica

recibida por los miembros del Opus Dei les incita continuamente a la libertad de

pensamiento, de palabra y de acción en todo lo opinable. No sólo no se teme la

pluralidad en las cuestiones humanas, profesionales, políticas, etcétera, sino

que se indica que esa pluralidad es «una señal de buen espíritu».

En una entrevista concedida al corresponsal del «Time» (15 de abril de 1967), el

fundador del Opus Dei decía: «Desde el mismo momento en que se acercan a la

Obra, todos los socios conocen bien la realidad de su libertad individual, de

modo que si en algún caso alguno de ellos intentara presionar a los otros

imponiendo sus propias opiniones en materia política o servirse de ellos para

intereses humanos, los demás se rebelarían y lo expulsarían inmediatamente.»

Defensa de la propia libertad desde la misma base de la institución.

Y esto es, además, condición humana de supervivencia de la institución: «El

respeto de la libertad de sus socios es condición esencial de la vida misma del

Opus Dei. Sin él no vendría nadie a la Obra.»

Libertad

La erección del Opus Dei en Prelatura Personal deja, si cabe, aún más clara esta

realidad de libertad, encontrando una adecuada formulación jurídica para lo que

era vida desde el día de la fundación del Opus Dei. Los seglares que se vinculan

a la Prelatura saben de antemano el alcance preciso y exclusivo de ese vínculo y

cómo no cae en modo alguno bajo él, el desarrollo del concreto trabajo

profesional.

En el texto de la Declaración de la Sagrada Congregación de Obispos, que

acompaña al anuncio de la erección como Prelatura Personal del Opus Dei, se lee:

«En lo que se refiere a las opciones en materia profesional, social, política,

etcétera, los fieles laicos pertenecientes a la Prelatura gozan, dentro de los

límites de la fe y la moral católicas y de la disciplina de la Iglesia, de la

misma libertad que los demás católicos, sus conciudadanos; por tanto, la

Prelatura no entra en las actividades profesionales, sociales, políticas,

económicas, etcétera, de ninguno de sus propios miembros.»

Las personas no quedan marcadas, si aman la libertad, por una sola vinculación.

Uno puede ser al mismo tiempo de un lugar determinado, de un club, de una

asociación profesional, de un ateneo cultural. En cada caso sabe hasta dónde

alcanzan sus compromisos. El compromiso con el Opus Dei es serio: poner todos

los medios para vivir la plenitud de la vida cristiana. Nada más. Aunque, desde

otro punto de vista, cabe decir: y nada menos.

 

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