Autor: Moncada, Alberto. 
   Venturas y desventuras de una chica del Opus     
 
 Diario 16.    01/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Venturas y desventuras de una chica del Opus

Alberto Moneada

María Angustias Moreno es una cliica sevillana que a los veinte años, dejando

novio y otros mundanales placeres, se metió en el Opus. Aquel Opus triunfalista

de comienzos de los años sesenta, lleno de éxitos, en la España del desarrollo

cuantitativo, con ministros, obispos, el favor de Carrero y el de tantos oíros

que ahora hacen remilgos cuando se les recuerda que ellos también anduvieron por

los arrabales de la. institución, si no dentro de ella.

María Angustias fue destinada a esa sublime misión de la mujer —dentro y fuera

del Opus— que consiste en fregar, coser, planchar y cocinar, o más bien, porque

también en esto hay clases, en gobernar a los cientos de sirvientas —ese es el

nombre canónico de las empleadas de hogar en las Constituciones del Opus— que

´harían acogedoras y brillantísimas aquellas casas de ejercicios donde, quien

más cuñen menos, media España ilustrada ha pasado algún rato. Pero también entre

los pucheros anda el Señor y a María Angustias le empezó a parecer que el Opus

es poco cristiano, que hay en ¿1 demasiado autoritarismo, escaso respeto a las

personas, mucho or-pullo colectivo, sobra de hipocresía y especialmente un

extraño y abracadabrante culto a la personalidad del fundador. Dice ella—-que es

católica y tiene tanta fe al menos contó el Papa Montini o el cardenal Tarancón—

que se pasaba el día arguyendo coa los superiores sobre aquellas contradicciones

de la soi-dfssanC vida de ´perfección-a la que había entregado sus afanes y que

no la hacían el menor caso. En 1972 el funda-" doí realizó su último maratón de

apariciones multitudinarias en España, como aquella del otra día en la lele, y

María Angustias, que desde Jerez asistió al. espectáculo, dijo basta y se

marchó.

Que pase inadvertido

Pero lo que nadie esperaba de aquella delicada y" modesta virgen fue el que

resultará contestataria..

Porque a María Angustias le dio por poner por escrito sus eX; psriencias e

incluso publicarlas. Advertidos que fueron los altos cargos, le enviaron

mensajes para que se estuviera quieteeita y, ¡cómo no!, la amenazaron con, el

infierno y demás lindezas de la artillería tridentina. Ella no se inmutó y acaba

efe parir un testimonió lacerante de sus años en el Opus que tiene ese

descomunal aliciente de estar escrito desde la honestidad, veracidad e ilusión

de servicio qtte !e llevaron precisamente á su entrega. Para mayor inri, está

dirigido a sus ex hermanos, a los que se han salido y a todos los que sé

interesan por el asunto.

María Angustias ha encontrado en esta autocrítica institucional la misma

satisfacción, y conciencia de relevancia que los González Ruiz, Miret Magdalena

y demás reformistas del aparato eclesiástico. Pero así como a éstos nadie les

niega un-lugar baja el sol de la comunión de los santos y son - casi estrellas

de la galaxia confesional, a Maria Arigustias la quieren condenar al ostracismo.

Manejando esa conspiraCtán^del silencio en la que son. expertosTTTSS del Opus

están tratando de que su libro pase inadvertido por e¡ procedimiento de

presionar a los libreros para que no lo vendan.

Desde luego, ño es ninguna joya literaria, pero le • puede echar un pulso de

coherencia a todos los textos, ditirámbicos que se han publicado, incluyendo la

última biografía de Escrivá, que parece un intento de respuesta a la de

Garande), que, por supuesto, no ci>a lemas distintos

A fuerza de seguir caminos paralelos, los libros sobre el Opas parecen escritos

sobre temas distintos. Los

encomiásticos no encuentran defecto alguno en la ins-. titución, que- les parece

soberana y superferolítica.

Los críticos presentan una imagen frankensteniana. Libros como el de María

Angustias pueden contribuir a-.que se entiendan las contradicciones y

claroscuros de una aventura colectiva que, como todas, está condicionada por el

lugar y la época en que sucedió y que fue el marco de muchas satisfacciones

individuales. Y también de muchas frustraciones. Aparentemente, el Opus de hoy

se ha vuelto evasivo, introvertido, enigmático. No es amigo de que se discuta

.en público sobre él cuando, si hay algo simpático del Jesús de Nazaret

histórico en el que el Opus pretende apoyarse, fue aquel airear los temas en las

plazas públicas y aceptar de buen grado la controversia y el esclarecimiento.

EiL4tBro.es interesante, sobre.to-Elopara los que no lo van a leer, habida

cuenta de qué el Opus lo ha prohibido a sus leales. Hacerse cuestión de la

propia identidad, reflexionar críticamente sobre la propia andadura no está muy

bien visto en ese tipo de instituciones. El lector que no esté en el ajo no

espere, encontrar la luz sobre los entresijos políticos y financieros de ia

Obra. Este es un libro que cuenta las cosas de dentro y tiene que ver más con la

prensa del corazón que con el análisis sociológico. En tal sentido, son muy de

leer las curiosas anécdotas del oti!-ío al Padre en vida, las contradicciones de

la pobreza y, sobre todo, la mutilación obsesiva de la ma-´ durez individual que

hace recordar la actitud de aquella priora para coa sus monjas de la Castilla

imperial, a las que exhortaba a esperar la floración de las plantas que

sembraban con las raíces para arriba en virtud-de la santa obediencia.

María Angustias confía en que, muerto el fundador, el Opus mejorará. Ájala sea

así, para bien de ía. convivencia española, porque Ja construcción de una

democracia requiere materiales de muy distinta cocción. De familias, empresas,

escuelas e iglesias dogmáticas y autoritarias no salen ciudadanos demócratas. Y

si no, atención a los hechos y dichos de opusdeístas tan notables como López

Rodó, Ruiz Mateo o López Bravo, antiguos correligionarios a los que, sin ninguna

esperanza, aconsejo la. laclara de este libro.

 

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