Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Carta a un amigo del Opus     
 
 Hoja del Lunes.    12/11/1979.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Pag. 10—12/11/1979

Crónicas desde el otro mundo

Me había prometido a mi mismo, querido amigo, no escribir sobre este tema:-hay

cesas que son más para el diálogo >ju« para la publicidad, Pero me encuentro el

tema en las primeras páginas de los periódicos - y son bastantes los amigos que

me:preguntan qtffrbay detrás tía él. Pienso, pues, que es bastante mejor tratar

con naturalidad las cosas natura-íes que dejar qué se conviertan en tabúes y

escandalosas.

Y te tíirét «n primer lugar, que lo primero que rae deseoneisrta es «1 mckJo en.

que el problema ha surgido. Resulta que hoy nos enteramos—con documentos que no

tienen vuelta de hoja—de que Jiace diecisiete años veáis intentando modificar la

fórmula jurídica de vuestra institución, que no os sentís a gusto en las

costuras de loa institutos seculares y que preferís cottF«rííros «a una

"prelatura aullius".

Hasta aquí, me parece, nada hay de escandaloso. Uno podrá estar más o menos da

acuerdo con la conveniencia hoy de esa f6rmida¿ pero es claro que estáis en el

mas pleno derecho de pedir a la Santa Sede las situaciones jurídicas que

consideréis más aptas para vuestra espiritualidad*

El problema- surge cuando este intento vuestro se cubre con los siete velos del

más profundo secretismo.

Sería lógico que, lo mismo que no habéis ocultada que no os gustaba ser

instituto secular, hubierais expresado alguna vez, con normalidad, las nuevas

vías a laa que aspirabais. Pero habéis preferido intentarlo en las sombras,

Seguramente por respeto a la Santa Sede. Pero ¿cómo impedir que, desde fuera¡ se

viera en ello una actitud maniobrera, un deseo de avanzar con la .táctica de los

hechos consumados, tal vez —si posible fuera—de lograrlo, sin que Jos chispeado

3a opinión pública-fueran oídos?

Lógicamente, una gestión tan larga tenía que romperse un día. V ha bastado que

alguien, ilícitamente, desde luego, obtuviera unas fotocopias y Jas distribuyera

a unas cuantas docenas de personas, para que alguien se sintiera, en la

obligación de contar a la comunidad/lo qué vosotros no contabais.

Piro aón resulta rn&s llamativo vuestro esfuerzo pa^a; conseguir que

esa.:noticia no se difundiera,- ¿Eg que. era Ilegal lo que pedíais? ´¿Es que los

documentos firmados-por vuestros superiores contenían algo Impublicable.? YO sé

muy Sien que el viento* de la publicidad turba a veces la pas con que ciertcs

temas deben ser estudiados. Mas sé también que muchas otras permite oír todas

las campanas y hace que la visión de los problemas sea «jas completa y

comunitaria.

Yo es confesaré que preferiría que la cuestión se hubiera planteado de otro

modo. Pero, una vea surgida, easl me alegraría de que haya salido a la

superficie. SI la Santa Sede—después de consultar a los obispos—creyera que ésa

es la mejor fórmula para vosotros en este siglo XX, no dejará de hacerlo por

este poco de ruido. Pero-me aterra la idea de que la comunidad de cristianos

hubiera conocido una tal decisión de repente y como un hecho consumado.

¿Puedo ahora deciros mi opinión sobre el fondo del asunto? No tiene más valor

que el de ser una opinión entre millones. Y el cíe ser muy sincera.

Es ésta: me parece un daño para ¡a comunidad cristiana. Y un daño aún mayor para

vosotros. Entiendo que sería más cómodo para mantener vuestra individualidad si

tener vuestro obispo propio, el depender directamente >3e é], el evitar choques

con grupos o personas que ao os comprenden o discrepen de vosotros.

Pero. sería infinitamente peor irse de :asa, encerrarse en Un "ghetto",

presentar ante el mundo el aspecto de una "comunidad de elegidos" que se alejan

para aue no lea "maocíie"^ el resto de los hermanos, ,Y no me digáis- que no es

eso lo gue pretendéis.: Estoy dispuesto a aceptarlo. Pero déb&ís-saloer que,

sean los que sean vuestros fines, es así como ´sería entendida por todos los

demás.

La fórmula de, las diócesis personales pudo ser útil y. positiva en otros

períodos históricos (aunque personalmente crea que produjo muchos más males que

bienes). Pero ciertamente parece la menos apta para una Iglesia que ya tiene en

su seno bastantes separatismos.

Seré muy sincero: sé que hay muchos que os calumnian, sé que hay otros—yo entre

ellos—que, queriéndoos a muchos como personas, no comparten en puntos muy

fundamentales vuestra espiritualidad (en IR Iglesia hay muchas moradas y,

lógicamente, algunos preferimos una distinta de la vuestra). Pero ¿eso qué tiene

que ver para que no podamos vivir juntos, en la misma Iglesia, bajo la misma

jerarquía ? Ej camino me parece —perdonadme—es el de colaborar más. No alejarse

de casa. No encerrarse en algo que terminaría siendo una torre de marfil.

Os lo diré como un hermano: no OB vayáis de Ja casa comtín. Sed cristianos"

entre los demás. Sed sacerdotes entre nosotros. No os vayáis. Hay

sitio para todos.

J. L MARTIN DESCALZO

 

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