Autor: Navarro Valls, Joaquín. 
 Declaraciones a ABC de monseñor Álvarez del Portillo. 
 "El Opus Dei sigue manteniendo con los obispos las mismas relaciones que hasta ahora"     
 
 ABC.    29/11/1982.  Página: 25-29. Páginas: 5. Párrafos: 90. 

Declaraciones a ABC de monseñor Alvaro del Portillo

«El cambio ha sido sólo en el ropaje jurídico, y nada de lo que es esencial en

el Opus Dei se ha modificado»

«Se pidió esta transformación jurídica para resolver una grave cuestión

institucional: que la configuración de la Obra corresoondiera al "carisma

fundacional"»

«El Opus Dei sigue manteniendo con los obispos las mismas relaciones aue hasta

añora»

«Ahora, los miembros del Opus Dei podremos trabajar con más soltura en servicio

de la Iglesia y de la sociedad»

El pasado día 27, la Santa Sede hacía pública la transformación jurídica del

Opus Dei en Prelatura personal. Esta nueva configuración, los motivos que han.

llevado al Opus. Dei a solicitaría, sus consecuencias, son los temas de esta

entrevista en exclusiva que el Prelado del Opus Dei, monseñor Alvaro del

Portillo ha concedido a ABC. Colaborador directo de monseñor Escrivá de Balaguer

durante cuarenta años, y su sucesor desde el 15 de septiembre de 1975, monseñor

Alvaro del Portillo, ingeniero de Caminos, canonista e historiador, es un

sacerdote de sesenta y ocho años, nacido en Madrid, que vive en Roma desde 1946:

Le ha correspondido llevar a su plena y definitiva figura jurídica la Obra que

heredó de monseñor Escrivá de Balaguer, resolviendo así lo que define como «una

grave cuestión institucional:

que la configuración de la obra correspoh diera a lo que podríamos llamar el

"carisma fundacional"´», y que, por razones que expone en esta entrevista, al

morir el fundador del Opus Dei no había logrado aún esta solución jurídica

definitiva. •Hemos dado —dice monseñor Alvaro del Portillo- un paso muy

importante, por el que nuestro Fundador rezó e hizo rezar con gran fe, durante

muchos años. De ahora en adelante, los miembros del Opus Dei podremos trabajar

con más paz y con más soltura en servicio de la Iglesia y de ¡a sociedad.» En

las declaraciones que reproducimos a continuación, el Prelado del .Opus Dei

explica también que «el Opus Dei nunca ha pretendido ninguna separación ni

exención respecto a los Obispos», y que «sigue manteniendo con-los Obispos

diocesanos las mismas relaciones que hasta aquí».

«La Prelatura Opus Dei es una Prelatura personal de ámbito internacional, con

sede en Roma y dependiente de la Sagrada Congregación para los Obispos»

EI Concilio Vaticano II abrió, providencialmente, el cauce jurídico que se

necesitaba»

—En estos meses pasados se ha hablado y escrito ya mucho sobre la transformación

jurídica del Opus Dei. Querría, sin embargo, que usted nos,hiciera ahora una

descripción sucinta de ese acontecimiento.

—Se trata, en pocas palabras, sólo de un cambio en el ropaje jurídico. Hasta que

ha llegado este momento, la Obra era —de derecho, aunque no de hechor- un

Instituto secular. Ahora, el Papa ha decretado que se dé al Opus Dei una

configuración jurídica acorde a su espíritu y realidad social. Lo ha erigido en

Prelatura personal, en base a unas normas emanadas por el Concilio Vaticano II,

en el decreto «Presbyterorum Ordinis» núm. 10, que fueron interpretadas

auténticamente y aplicadas con más detalle en el Motu proprio «Ecclesiae

Sanctae», del 6-VIII-1966, y —en cuanto a la dependencia de gobierno en la Santa

Sede— en la Constitución Apostólica «Regimini Ecclesiae universae», del 15-VIII-

1967.

En esas normas se establece la conveniencia de que, p.ara atender a especiales

necesidades pastúrales y apostólicas, la Santa Sede erija estas Prelaturas

personales. ¿Qué son? Son unas instituciones eclesiásticas de carácter

jurisdiccional (es decir, gobernadas por un prelado u ordinario con potestad de

régimen o jurisdicción), que, sin lesionar en lo más mínimo ninguno dé los

derechos de los Obispos diocesanos, tienen la facultad de incardinar sacerdotes

seculares, y a las que pueden también incorporarse seglares por medio de un

vínculo de carácter contractual. Todos —sacerdotes y seglares— se dedican a

conseguir, de acuerdo con los Estatutos propios aprobados por la Santa Sede y

bajo la autoridad del prelado, el concreto fin pasto-"»i de la Prelatura

SACERDOTES Y LAICOS

—¿Cómo está constituida la Prelatura Opus Dei y qué fin tiene?

—La Prelatura Opus Dei es una Prelatura personal de ámbito internacional, con

sede central en Roma, y dependiente de la Sagrada Congregación para los Obispos.

Está constituida por un Prelado; por el clero o presbiterio de la Prelatura, que

son los sacerdotes Incardinados al Opus Dei, y por los seglares que libremente

se han incorporado o se incorporarán en el futuro.

Los sacerdotes provienen exclusivamente de los laicos del Opus Dei, que reciben

las Sagradas Ordenes después de haber cursado los estudios eclesiásticos

necesarios. Por tanto, no se sustraen a ninguna diócesis sacerdotes ni

candidatos al sacerdocio.

Los laicos de la Prelatura son hombres y mujeres, solteros y casados, as toda

raza y condición social; sin límite alguno por razones de salud, de edad

avanzada, o por circunstancias familiares o profesionales, etc.

Se requiere naturalmente, en cada uno de ellos, tanto que hayan recibido del

Señor la vocación específica para dedicarse al fin propio del Opus Dei, como las

condiciones necesarias para asumir responsablemente los compromisos que esa

dedicación comporta.

En cuanto a la finalidad de la Prelatura, un documento de la Santa Sede la

califica de «doblemente pastoral», y añade la siguiente explicación:

«En efecto, el Prelado y su presbiterio desarrollan una peculiar, labor pastoral

en servicio del laicado —bien circunscrito— de la Prelatura, y toda la Prelatura

—presbiterio y laicado conjuntamente— realiza un apostolado específico al

servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias locales.

Son dos, por tanto, los aspectos fundamentales de la finalidad y de la

estructura de la Prelatura, que explican su razón de ser y su natural inserción

en el conjunto de la actividad pastoral y evangelizadora de la Iglesia:

a) De una parte, la peculiar labor pastoral del Prelado con su presbiterio para

atender y sostener a los fieles laicos incorporados al Opus Dei en el

cumplimiento de los compromisos ascéticos, formativos y apostólicos, que han

asumido y que son particularmente exigentes.

b) De otra, el apostolado del presbiterio y del laicado de la Prelatura, que

llevan a cabo inseparablemente uñidos, con el fin de difundir en todos los

ambientes de la sociedad una profunda toma de conciencia de la llamada universal

a la santidad y al apostolado, y, más concretamente, del valor santificante del

trabajo profesional ordinario.»

ACLARACIÓN DE UN EQUIVOCO

—En algunos ambientes surgió tiempo atrás una cierta perplejidad ante el estudio

entonces en curso del cambio de la.-situación jurídica del Opus Dei. Incluso.

hubo quien llegó a hablar de que el Opus Dei podrfa convertirse en una «iglesia

paralela» o en una «iglesia dentro de la Iglesia». ¿Qué le gustaría explicar

sobre ;esto?

—Esta pregunta me permitirá aclarar algunos equívocos que se han producido

durante los tres últimos años en el seno de unos grupos reducidos de personas.

Quiero, sin. embargo, anticipar que no deseo en absoluto polemizar con nadie.

En mi opinión! el error de afirmar que buscábamos independizarnos de los Obispos

radica en que elterná de nuestra transformación jurídica era difícil de

entender-si no se tenía, junto a unas, ciertas nociones de Derecho canónico, el

necesario conocimiento de tos documentos conciliares y de la Santa Sede sobre

las nuevas Prelaturas personales queridas por el Concilio Vaticano II.

• Intentaré explicarme mejor: al parecer, al-, gunos de los. que manifestaron su

desacuerdo con la solicitud de cambio de status jurídico del Opus Dei se fijaban

solamente en la existencia de ´un tipo de Prelaturas, las Prelaturas

territoriales, también llamadas hu-llius dioécesls, que son las únicas

contempladas en el Código de Derecho Canónico de 1917, aún en vigor, y que, en

efecto, son absolutamente independientes de los Obispos diocesanos. ´No sabían —

o no tenían en cuenta— que el Concilio Vaticano II había abierto el camino a

otro tipo de Prelaturas, nú territoriales, sino personales, que se erigirían

para desempeñar específicas tareas apostólicas, quedando debidamente

salvaguardados todos los derechos de los obispos de los lugares donde

trabajaran.

Otros —probablemente los más— ignoraban qué solicitud concreta había hecho el

Opus Dei e imaginaban unas peticiones qué no habían existido nunca: la de

Prelatura núllius dioécesis o la de diócesis personal, que comportan una

autonomía total de los Obispos diocesanos. Y contra esos molinos de viento

arremetieron.

Supongo que con la expresión «iglesia paralela.» intentarían referirse a la

posible existencia de un grupo, exento de la autoridad y del control de la

Jerarquía diocesana: una especie de «diócesis personal mundial», o de

«microiglesia» a nivel universal. Indudablemente esas expresiones no tienen nada

que ver con el cauce que ha abierto el Concilio Vaticano II, al aprobar este

nuevo tipo de Prelaturas; ni con lo que ha vivido el Opus Dei hasta el momento;

ni con lo que él Opus Dei había pedido a la Santa Sede.

Es cierto que algunos han propalado que el Dpus Dei buscaba independizarse

completamente de los Obispos: tos hechos han des-nentido ya esa calumniosa

acusación, que nosotros hemos negado tantas veces, por medio de comunicados

oficiales de Prensa, declaraciones, etcétera, y, sobre todo, con el

testimonio de nuestra vida y de nuestro servicio a la Iglesia.

RELACIONES CON LOS OBISPOS

—Ya me ha´advertido usted que no desea polemizar con nadie, pero ¿podría decirme

si esas afirmaciones de que pretendían "separarse de los Obispos diocesanos,

públicamente manifestadas al menos en dos ocasiones1, obedecían a una campaña

organizada para impedir el estudio que se estaba haciendo en la Santa Sede?

—Eso resultó evidente, pero yo prefiero olvidarlo y perdonar como hicimos desde

el primer momento, siguiendo la norma de conducta de nuestro Fundador.

Deseo remachar que el Opus Dei nunca ha pretendido ninguna separación ni

exención respecto a los Obispos diocesanos. Nuestra razón de ser y nuestro

espíritu consisten en servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida. Y,

para que este servicio sea concreto y eficaz, en cada diócesis donde trabajamos,

tiramos del carro —así se expresaba con frecuencia monseñor; Escrivá de

Balaguer— en la misma dirección que el Obispo, con el espíritu y los modos

apostólicos específicos que la Santa Sede nos ha aprobado. Por eso, si en algún

lugar surgiera un conflicto o un malentendido con el Obispo diocesano,

seguiríamos siempre —lo digo sin orgullo— el consejo de nuestro Fundador: no

discutir —mucho menos.-públicamente—; es más, cederíamos siempre en todo lo. que

razonablemente se pudiera ceder. Y. estoy cierto de que no nos arrepentiríamos

de habernos comportado así: esta actitud, que podría parecer en un principio, y

humanamente, hablando, perjudicial para; el Opus Dei, a la vuelta de poco tiempo

se demostraría siempre fecunda, gracias a´Dios;

—Con él nuevo «status» jurídico ¿consigue eLOpus-Dei mayor autonomía respecto a

los Obispos diocesanos?

—Nunca la hemos intentado conseguir, porque ni la quiere Dios ni la hubiera

tolerado la Santa Sede, ni, la querernos nosotros ni la necesitamos. El Opus Dei

.era ya, desde 1947, una institución de derecho pontificio, con un régimen de

gobierno centralizado, de ámbito internacional, y que gozaba dé la necesaria

potestad de régimen y autonomía interna para realizar su laboren servicio de la

Iglesia Santa y, por tanto,´ de las diócesis.

Nuestros Estatutos no han cambiado nada en este punto, y el Opus Dei sigue

manteniendo con los Obispos diocesanos las mismas relaciones que hasta aquí: por

ejemplo, se requiere la previa autorización del obispo del lugar para erigir un

centro de la Prelatura; los sacerdotes del Opus Dei deben obtener las licencias

necesarias del Ordinario del lugar, como antes, para ejercitar su ministerio con

personas no incorporadas a la Prelatura, etc.

´Me gusta precisar que nosotros —siguiendo fielmente la voluntad de nuestro

Fundador— hemos solicitado expresamente a la Santa Sede que esas normas quedaran

inmutadas en. los Estatutos de la Prelatura: con la ayuda de Dios tenemos el

orgullo santo de rezar,.amar, venerar, respetar y obedecer, en todo momento y en

cualquier circunstancia, a los legítimos Pastores de la Iglesia: al Papa y a tos

Obispos en comunión con la Santa Sede. Por eso —no se imagina con qué alegría lo

digo—, hemos contado siempre, y concretamente en los recientes momentos dé

incomprensión que acabo de mencionar, con el aliento y con el cariño de la Santa

Sede y de millares de obispos, que conocen y estiman nuestros deseos de leal

servicio.

—¿No queda ahora el Opus Dei más directamente vinculado a la Santa Sede? Se ha

hablado en estos pasados meses de que sería como un ejército personal del Papa

en cada diócesis.

—En las relaciones con la Santa Sede, el único cambio consiste en que el Opus

Dei, como las demás Prelaturas, pasa ahora a depender de otro Dicasterio: la

Sagrada Congregación para los Obispos.

Lo demás puede tomarlo usted como simple colorido o recurso de algún periodista

para «explicar» esta medida, sin entrar a fondo en las cuestiones pastorales y

jurídicas que el gran público no conoce, ni quizá le interesan.

Esto no quita, naturalmente, que cada miembro del. Opus Dei y toda la Obra en su

conjunto procure ser plenamente fiel, en todas las circunstancias y lugares, al

Romano Pontífice. Y resulta obvio que esta fidelidad al Papa representa también

fidelidad y un profundo lazo de unión con cada uno de los Ordinarios diocesanos.

—Entonces, ¿qué razones han movido al .Opus Dei para solicitar el cambio de

forma jurídica?

—Se pidió esta transformación jurídica del Opus Dei para resolver una grave

cuestión institucional, que estaba aún pendiente de solución: que la

configuración de la obra correspondiera a lo que podríamos llamar «el carisma

fundacional»; es decir, a to que desde el principio monseñor Escrivá de Balaguer

vio que debía ser el Opus Dei. Porque ya en 1928 —año de la fundación— intuyó

que debería ´discurrir por cauces semejantes a.los ahora aprobados, sin agotar,

lógicamente, todos los pormenores jurídicos de esta solución.

La anterior situación jurídica nos mantenía dentro de unos moldes qué no se

ajustaban a nuestro camino, y obligaba a nuestro Fundador a hacer constantes

aclaraciones ante las autoridades eclesiásticas y civiles, y ante la opinión

pública, con el fin de defender continuamente nuestra vocación y de puntualizar

las características de nuestra específica secularidad.

El nuevo statusno representa un deseo de singularizarnos. Todo lo contrario;

hasta ahora hemos necesitado —¡no era un capricho!— singularizarnos

ininterrumpidamente dentro de la configuración jurídica que teníamos, a .fuerza

de explicar una y otra vez lo que no éramospara que no se´nos .identificara con

los religiosos.

Además, hasta 1975, nuestro Fundador —con todo-el peso de su autoridad moral—

vigilaba para que esa falta de correspondencia, entre el espíritu de la Obra y

la norma jurídica que se nos había aplicado, no produjera una desviación en el

espíritu. Con su muerte, este peligro podía acentuarse y crecía por tanto el

riesgo de que la Obra, con el paso del tiempo, perdiera su genuino carisma

fundacional y acabara desvirtuándose. –

Deseo añaoir que ía confusión que a veces se producía, porque algunos afirmaban

que los seglares de! Opus Dei eran «personas consagradas», llevaba erróneamente

a dudar da su real autonomía en el ámbito social y profesional, originando

increíbles incomprensiones y discriminaciones. Como es lógico, esa forzada

situación, en la que nos encontrábamos, oscurecía la, verdadera naturaleza del

Opus Dei y limitaba, en medida no despreciable, la eficacia y la incisividad

apostólica de los seglares de la Obra.

EL ESPÍRITU DEL FUNDADOR

—¿Por qué ese empeño en que no se les confunda con los religiosos?

—Su pregunta toca la esencia del espíritu del Opus Dei. Para no alargarme más,

responderé muy sencillamente, remitiendo a los lectores que deseen una

explicación más profunda a las aclaraciones que nuestro Fundador dio en diversas

entrevistas a la Prensa, durante los años sesenta, recogidas posteriormente en

un volumen: «Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer». Arií se describe

qué es el Opus Dei

Ahora me limitaré a decirte lo siguiente: Desde mil novecientos veintiocho, el

Señor ha querido servirse det Opus Dei para recordar a tos cristianos —y ha

vuelto a recordarlo, de manera impresionante, en el magisterio solemne del

último Concilio Ecuménico— que pueden y deben ser santos en medio del mundo, sin

abandonar su trabajo ni sus relaciones familiares y profesionales: haciendo de

todas esas realidades humanas ocasión y medio para el ejercicio de las virtudes,

materia prima de la propia santidad y de su apostolado. Es muy sencilla, por

tanto, la razón de nuestro empeño por no ser considerados religiosos: porque no

to somos, ni conviene a la Iglesia que nos tengan por más o menos asimilados a

ellos.

Pero permítame que aproveche esta ocasión para manifestar, una vez mas, todo el

amor y la veneración que siento hacia los religiosos, que ´en el Opus Dei hemos

aprendido de monseñor Escrivá de Balaguer.

Estoy seguro de que todos tos miembros del Opus Dei viven este mismo espíritu,

ya que todos conservamos muy grabadas en el alma unas palabras que oímos repetir

a nuestro .Fundador con muchísima frecuencia: en el Opus Dei amamos de corazón y

veneramos a todos los religiosos, y si alguno no viviera esta norma de conducta,

no viviría fielmente su vocación.

El mismo afectó sentimos hacia todos los hombres y mujeres que, a través de la

profesión de los consejos evangélicos, se consagran a Dios en medio.del mundo,

—¿Y por qué no se ha buscado una forma jurídica más conocida?

—Es éste un tema que nuestro Fundador, y toda la Obra representada en nuestros

Congresos, ha estudiado muy a fondo, y sobre el que se ha hecho mucha oración.

Por eso le puedo asegurar que cualquier otra forma no era adecuada. Tenga

presente que el estudio jurídico rio ha sido una construcción hecha en el aire o

sobre bases puramente teóricas. El fundamento es bien concreto: en primer lugar,

la necesidad de salvaguardar el carisma fundacional que recogía la Voluntad de

Dios; después, la realidad actual del Opus Dei, en sus aspectos espiritual;

social y jurídico.

Por nuestro espíritu y modo apostó/ico, netamente seculares, quedaban excluidas

todas las soluciones propias de los religiosos o de las instituciones que

profesan el particular estado eclesial, que antes se llamaba «estado de

perfección» y ahora se denomina de «vida consagrada». De otra parte, el Opus

Dei,

«Hemos contado siempre con el aliento y el cariño de la Santa Sede y de millares

de obispos, que conocen y estiman nuestros deseos de leal servicio»

para garantizar su desarrollo apostólico, necesitaba seguir siendo una

organización internacional con una potestad eclesiástica de régimen, con

gobierno centralizado y con la posibilidad de continuar incardinando sus propios

sacerdotes* Por tanto, la Obra no podía estructurarse como un movimiento

apostólico o como una simple asociacíón de fieles.

De modo que;"también por exclusión, si cabe expresarse así, se puede llegar a

concluir que la fórmula adoptada era la única posible: y a esta consecuencia ha

llegado también la Santa Sede, al decretar la erección del Opus Dei en Prelatura

personal, después de años de estudio.

EL ITINERARIO JURÍDICO

—¿A qué se debe que, según algunos periódicos, el Opus Dei haya negado que había

solicitado su transformación en Prelatura personal?

—Ninguna oficina de información del Opus Dei, en ningún país, ha negado que

hubiéramos pedido nuestra transformación en Prelatura personal. En un caso

concreto, se había acusado a la Obra de querer transformarse en una Prelatura

personal independiente de los obispos. El comunicado del Opus Dei —cuatro o

cinco líneas— consistía en afirmar que el Opus Dei. no había solicitado nunca

ser reconocido como Prelatura o diócesis personal independiente de los Obispos

residenciales toda la razón de ser del mentís estaba en esas últimas palabras,

que algunos no recogieron, quizá por no calibrar su alcance, que erá, sin

embargo, decisivo. Por fortuna, otros periodistas sí lo hicieron, y en estos

casos ningún lector ha sido inducido a error. Añado, además, que esos

comunicados de Prensa siempre se dieron habiéndolos concordado previamente con

la Santa Sede.

—Sí eí Fundador deJ Opus Dei quería esta solución, ¿por qué han tardado tanto

tiempo en concederla? ¿Tendría inconveniente en resumir el camino que ha seguido

este estudio?

—La historia es larga, pues, comienza en 1928, con la fundación de la Obra. Por

razones de urgente necesidad —resolver el problema de incardinar sacerdotes en

el mismo Opus Dei; poder tener una organización de régimen universal, que

asegurara la unidad de la Obra—, nuestro Fundador se vio obligado a recurrir

provisionalmente a fórmulas jurídicas inadecuadas, pero que eran las únicas que

permitía el derecho vigente. Al aceptar esas soluciones —en 1943 y en 1947— hizo

ya constar a la autoridad eclesiástica competente, que esperaba se abrieran

otros cauces jurídicos que pudieran resolver satisfactoriamente —de acuerdo con

su genüina naturaleza— el problema institucional del Opus Dei.

El Concilio Vaticano II abrió providencialmente el cauce jurídico que se

necesitaba. En consideración de estas nuevas posibilidades, monseñor Escrivá de

Balaguer, con el aliento de Pablo VI, convocó en 1969 un Congreso General deí

Opus Dei, con objeto de hacer los estudios necesarios, en orden a. la solución

jurídica definitiva.

Estos estudios han continuado —sin prisa, pero sin pausa—, a lo largo de estos

años, y no los interrumpieron´ ni el fallecimiento de monseñor Eserivá de

Balaguer, en 1975, ni después el de Pablo VI, en 1978. Juan Pablo I, en su breve

pontificado, indicó expresamente que prosiguiera el examen de la definitiva

configuración jurídica de la Obra, y Juan Pablo II me comunicó en noviembre de

1978 que consideraba una necesidad improrrogable que se resolviera el problema

institucional del Opus Dei.

Poco después, presentada ya oficialmente toda la -oportuna documentación, el

Santo Padre confió el estudio de la cuestión a la Sagrada Congregación para los

Obispos, que es el Dicasterio de la Curia Romana competente en esta materia.

Esta Congregación, con la colaboración de una especial Comisión técnica —en la

que también nosotros hemos estado representados— ha realizado este encargo,

después de una atenta y cuidadosa valoración de todos los necesarios elementos

de carácter histórico, jurídico, doctrina),´apostólico, pastoral, etcétera: el

trabajo ha durado tres años.

Este extenso estudio fue sometido finalmente al examen personal del Santo Padre

que, antes de tomar las decisiones resolutivas, contó también con el parecer de

la Comisión Cardenalicia ad hoc , presidida por el Prefecto de la Sagrada

Congregación para los Obispos.

El Santo Padre indicó entonces que se informara de su decisión a los Obispos de

las naciones en las que el Opus Dei, con la venia de los respectivos.Odinarios

de los lugares, ha erigido centros, para que —si lo deseaban— Tiicieran llegar a

la Santa Sede sus observaciones. Es ya un hecho público que la inmensa mayoría

de los obispos manifestaron su satisfacción por esta medida, y que los que

hicieron llegar observaciones o pidieron aclaración sobre algún punto fueron

debidamente escuchados y atendidos.

Pienso que con esto he contestado también a su preoimta de por qué se ha tardado

tanto —así se ha expresado usted— en llegar a esta solución. Es lógico que,

constituyendo el Opus Dei un fenómeno pastoral de características realmente

nuevas, y tratándose de aplicar.por primera vez una fórmula jurídica, también

nueva en derecho general de, la Iglesia, la Santa Sede haya querido proceder con

la máxima prudencia y seguridad.

LOS NUEVOS ESTATUTOS

—El Papa ha aprobado también los nuevos Estatutos del Opus Dei. ¿Puede decirnos

qué novedades aportan?

—Estos Estatutos son prácticamente los mismos que Pío XII aprobó ad experimentum

en 1947 y, definitivamente, en 1950. Animado por Pablo VI, nuestro Fundador

convocó en 1969 un Congreso General del Opus Dei, con objeto de introducir, en

ese texto legal, las modificaciones estrictamente necesarias, para cuando

llegara el momento de solicitar a la Santa Sede la transformación de la Obra en

Prelatura´personal.

Dentro de estas acomodaciones, el cambio importante, deseado ya por nuestro

Fundador, desde hace muchísimos años, consiste en que la incorporación a la Obra

se hace ahora por medio de un vínculo de carácter contractual. La existencia de

este preciso acuerdo, entre la Prelatura y los fieles que se Incorporan, permite

que quede aún más claro el ámbito de las mutuas obligaciones, que son —se trata

de una realidad bien sabida, pero no me importa repetirla—, obligaciones de

carácter únicamente espiritual, formativo y apostólico.

Paralelamente al establecimiento de este vínculo contractual,,se suprimen de los

Estatutos los elementos propios de los Institutos de vida consagrada —los

relativos a la profesión de los consejos evangélicos—, que están al margen del

camino que vio nuestro Fundador en 1928, pero que tuvo que incorporar al derecho

particular del Opus Dei, sin desearlos nunca, porque así-lo exigió la normativa

jurídica de los Institutos seculares.

—¿Se-harán públicos los Estatutos del Opus Dei?

—Sí. Me dará alegría entregarlos a todas las autoridades competentes —comenzando

por los Obispos en cuyas diócesis ya trabajamos—, y no veo ninguna dificultad en

hacerlos de público dominio, con el oportuno permiso de la Santa Sede. Ya lo

había anunciado así nuestro Fundador, en una entrevista a la Prensa hace más de

diez años.

ALCANCE DE LA PRELATURA

En los documentos firmados por usted, que algún diario español publicó el año

1979, se decía que el Opus Dei deseaba ser reconocido como Prelatura personal

cum proprío populo. Hasta ahora, sin embargo, usted me ha hablado sólo de

Prelatura personal. ¿Es lo mismo una cosa que otra, o es que el Opus Dei ha

cambiado el contenido de su solicitud durante los dos últimos años?

—Le explico este punto, que es sólo una cuestión de terminología. En 1979, fecha

de esos documentos, los estudiosos de Derecho Canónico distinguían entre

Prelaturas personales y Prelaturas personales cum proprío populo. Las primeras

eran las que estaban compuestas sólo por el prelado y los sacerdotes, como la

Prelatura de Pontigny o Mission de France, de (a que habrá oído hablar. Las

segundas, las llamadas cum proprío populo, eran Prelaturas personales que

contaban también con laicos, con fieles, incorporados.

Era lógico, por tanto, que estando compuesto el Opus Dei por una grandísima

mayoría de laicos, empleásemos la expresión cum proprío populo: de lo contrario

hubiese parecido que se solicitaba la erección en Prelatura de una parte de la

Obra —e| clero—/ mientras se deseaba que los laicos (más de 60.000, entonces)

continuasen en su condición de Instituto secular.

Al mismo tiempo, en ésos y en otros documentos enviados a la Santa Sede ya al

comienzo del estudio, se exponía que —aunque se empleaba la expresión cum

proprío populo, para evitar el equívoco a que acabo de aludir— no se pretendía

de ninguna manera (porque nunca había sido ésa la voluntad de nuestro Fundador)

que los fieles de la Prelatura quedasen bajo la completa y exclusiva dependencia

del Prelado, es decir, independientes o exentos de la jurisdicción que el

Derecho común atribuye a tos Obispos diocesanos.

Afortunadamente, en diciembre de 1980, la Comisión Pontificia para la revisión

del Código de Derecho Canónico, al informar en su revista «Communicatiores»

sobre los trabajos que la Comisión realizaba en relación a la figura jurídica de

las Prelaturas personales, hizo saber que había sido suprimida en los proyectos

de cánones la expresión cum pro-prío populo, ya que por varias razones técnicas

esa expresión resultaba inadecuada. Lógicamente —y añadiría que con

satisfacción— nosotros nos acomodamos entonces á esa norma de precisión jurídica

y terminológica, sin necesidad alguna de que variara el contenido de nuestra

solicitud: la misma queja Santa Sede ha, definitivamente, sancionado ahora.

LA SOCIEDAD SACERDOTAL DE LA SANTA CRUZ

—¿Pueden asociarse al Opus Dei sacerdotes ya incardinados en otras diócesis?

—El presbiterio de la Prelatura Opus Dei está compuesto única y exclusivamente

p.or los sacerdotes del Opus Dei que proceden de los laicos de la Prelatura,

que, después de terminar los estudios eclesiásticos, reciben las Sagradas

Ordenes, a las que han sido llamados por el Prelado.

Pero existe, además, inseparablemente unida al Opus Dei, la Sociedad Sacerdotal

de la Santa Cruz, de la que es presidente general el Prelado del Opus Dei. A

esta Asociación pueden adscribirse, por medio de un vínculo de carácter

meramente asociativo, los sacerdotes incardinados en cualquier diócesis, sin que

esto les coloque, bajo ía potestad de jurisdicción del Prelado, y sin que se

pierda o se debilite mínimamente el vínculo que estos sacerdotes tienen con sus

respectivas diócesis y con el propio Ordinario.

Como usted sabrá, el Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre los presbíteros,

alaba y estimula las Asociaciones dirigidas a fomentar la santidad de los

sacerdotes, en el ejercicio de su propio ministerio.

Este es el fin de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que proporciona a sus

socios la oportuna atención espiritual y ascética: que no sólo deja intacta,

sino que refuerza la obediencia canónica que estos sacerdotes deben a su propio

Obispo. No hay, pues, ningún problema de doble obediencia, que pueda crear

conflictos: y no existe este problema, por la sencilla razón de que, con la

nueva fórmula que ha ofrecido la erección del Opus Dei en Prelatatura, esos

sacerdotes no tienen doble superior —el propio Obispo y un superior interno, del

Opus Dei—, sino uno solo: cada uno su Obispo.

Esta solución, deseada por nuestro Fundador, pero que no se pudo alcanzar cuando

el Opus Dei era de derecho un Instituto secular, es perfectamente cristalina. Me

atrevería por eso a decir, con la experiencia ya de tantos años, que se mejora y

potencia enormemente el servicio pastoral que estos sacerdotes prestan a sus

diócesis, ya que la ayuda espiritual y ascética que reciben de la Sociedad

Sacerdotal de la Santa

Cruz les lleva, entre otras cosas, a mantener una disponibilidad ejemplar ante

tos requerimientos de sus Ordinarios y las necesidades diocesanas.

COLABORACIÓN CON LAS DIÓCESIS

—Con su nuevo status jurídico, ¿no corre riesgo el Opus Dei de aislarse, de

convertirse en un grupo de cristianos —-incluso de excelentes cristianos, si se

quiere— pero al mar-rde tos demás miembros de la Iglesia? Es ir, ¿no se facilita

la constitución de uña «iglesia de élite», cerrada sobre sí misma?

—En parte, ya he respondido a esta pregunta, pero no tengo inconveniente en

abundar en el tema, :

La nueva situación jurídica no nos convierte en un grupo aparte de los demás

sacerdotes y laicos de la Iglesia. Los sacerdotes del Opus Dei son plenamente

seculares, y los laicos, fieles corrientes.

Le decía hace unos momentos que la nueva situación jurídica, no nos convierte en

un grupo aparte de los demás sacerdotes y laicos de la Iglesia. Esta nueva forma

sanciona lo que es realidad vivida: los sacerdotes del Opus Dei son plenamente

seculares —por su formación, por,su espíritu y mentalidad, por el modo en que

ejercitan su ministerio, etcétera—, y además se sienten impulsados a practicar y

a estimular la unidad fraterna con los demás, sacerdotes del respectivo

presbisterio diocesano, al que también ellos pertenecen.

Los laicos, por su parte, son fieles corrientes, que dependen del Obispo, como

todos los demás fieles de la diócesis —ni más, ni menos—, en lo que es derecho

común de la iglesia. Su dependencia del Prelado del Opus Dei, en lo que se

refiere a los compromisos ascéticos, formativos y apostólicos asumidos con su

incorporación a la Prelatura, refuerza su unión al respectivo Obispo diocesano,

ya que la Obra les ayuda a luchar para ser fíeles y ciudadanos católicos

ejemplares.

Los frutos de la labor del Opus Dei se quedan, en su Inmensa mayoría, en las

diócesis en las que trabajamos.

Por tanto resulta evidente que no existe el nesgo que usted señalaba de que la

Obra quede cerrada sobre sí misma. Más aún, añadiré que los frutos de la labor

del Opus Dei se quedan, en su inmensa mayoría, en las diócesis en las que

trabajamos. Efectivamente, es un gran don de Dios para cualquier diócesis contar

con un buen numero de cristianos, con prestigio en su oficio o profesión, que se

esfuerzan por llevar una vida de oración intensa y por dar un sincero testimonio

cristiano, aun en medio de sus personales limitaciones.

Considere .también que esos hombres, esas mujeres, procuran transmitir sus

ideales a ios parientes, colegas y amigos, acercándolos a los sacramentos y a la

vida de la gracia, haciéndoles participar más intensamente en las actividades de

su respectiva comunidad parroquial.

Las diócesis se benefician con las familias cristianas que esos hombres y

mujeres constituyen, y con las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa

que salen de esos hogares cristianos. Además, toda la comunidad civil se

beneficiará también de las iniciativas asisten-ciales, educativas, de promoción

social, etcétera, que suscitan los miembros del Opus Dei por todo el mundo, en

unión con otras muchas personas, también no católicas y no cristianas.

Tampoco desde un punto de vista sociológico .la Prelatura constituirá una

«iglesia de élite », ya que pueden pertenecer al Opus Dei —y de hecho

pertenecen— personas de todas las profesiones, oficios y condiciones sociales.

EL CAMBIO JURÍDICO Y EL NUEVO CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

—¿Ha intervenido la Comisión Pontificia para la reforma del Código de Derecho

Canónico en el estudio de la petición hecha por el Opus Dei?

—No. Nuestra petición no se basaba en normas del futuro Código de Derecho

Canónico, sino en la normativa conciliar y posconciliar ya vigente en la vida de

la Iglesia.

A este respecto, deseo aclarar el siguiente error: se dijo, y se ha repetido,

que la Asamblea plenaria de la Comisión Pontificia para la reforma del Código de

Derecho, Canónico, reunida en Roma a finales de octubre de 1981, había rechazado

la solicitud del Opus Dei de ser transformado en Prelatura. Esto no es verdad.

En efecto, la Comisión Pontificia para la revisión del Código de Derecho

Canónico, ni en su reunión plenaria de octubre ni en ninguna otra ocasión, se

podía ocupar de nuestra solicitud, por evidentes razones de competencia: ya que

su misión es la de preparar una ley general—el nuevo Código— y de ninguna manera

intenta resolver casos particulares cuyo estudio no se le había encomendado.

Además, como acabo de decirle, la solicitud de transformación jurídica del Opus

Dei no se basaba en posibles normas del futuro Código, sino en la normativa ya

vigente.

Como Presidente del Opus Dei y como Consultor que soy de la Comisión Pontificia

para la revisión del Código de Derecho Canónico, sabía bien que era falso que la

Asamblea plenaria de esa Comisión hubiera desestimado la petición del Opus Dei

de ser erigido en Prelatura personal. Pero preferí callar, porque no podía ni

quería entablar una polémica.

Aparte de esto´, y-para que se haga cargo; de que esas dos cosas—la Asamblea

plenaria de la Comisión del Código y la petición del Opus Dei a la Santa Sede—

no eran cuestiones dependientes entre sí o que se condicionaran negativamente,

le añadiría un dato de calendario bastante elocuente: fue el 7 de noviembre de

1981 —y así se me comunicó oficialmente^- cuando el Santo Padre decidió que se

dieran los pasos necesarios para llegar al resultado que hoy comentamos. Fue,

por tanto, apenas una semana después de que se tuvo la citada sesión plenaria, y

precisamente en los días en que aparecieron en algunos periódicos esas

informaciones equivocadas.

—Con este cambio jurídico puede decirse que se cierra una etapa de la vida del

Opus Dei. ¿Querría hacer un balance de la actividad y de la extensión de la Obra

durante estos pasados años, y unas previsiones sobre su labor en el próximo

futuro?

—Aunque el cambio ha sido sólo —repito— en el ropaje jurídico, y nada de lo que

es esencial en el Opus Dei se ha modificado, quiero afirmar que hemos dado un

paso muy importante, por el ´que nuestro fundador rezó e hizo rezar con gran fe,

durante muchos años: incluso cuando todos los caminos jurídicos estaban aún

cerrados. De ahora en adelante, los miembros del Opus Dei podremos trabajar con

más paz y con más soltura, en servicio de la Iglesia y de la sociedad.

Me pide usted un balance y unas previsiones. En el Opus Dei no somos muy amigos

de fabricar estadísticas sobre la labor apostólica. Respeto plenamente la

opinión contraria, pero opino que en las obras de apostolado hay que atribuir

una importancia, muy secundaria a esos datos.

De una parte, porque las cifras pueden facilitar —cuando la labor fructifica—

una cierta sensación de potencia humana, de —llamémosla así— soberbia colectiva,

que nos apartaría de Dios y nos haría enojosos ante los hombres. De otra, en las

realidades sobrenaturales, lo importante es el espíritu, la fidelidad al querer

de Dios. El Señor, que es Todopoderoso, actúa con eficacia a través de esos

instrumentos —pobres, sí, pero fieles—, aunque a los ojos de los hombres

aparezcan como instrumentos inútiles o de escaso valor. La Historia está llena

de ejemplos bien conocidos, comenzando por el de los doce Apóstoles, que sin

duda no eran, humanamente hablando, los instrumentos más idóneos para

evangelizar el mundo entero.

Pero, en fin, para ayudar a sus lectores a situarse, le diré que en la

actualidad los miembros de la Obra pasan de setenta mil, de los que más de un

millar son sacerdotes; que desde el fallecimiento del Fundador hemos notado su

Intercesión, y su empuje apostólico aún con más fuerza.

Respecto al porvenir, le repetiré que lo verdaderamente importante es mantener

la fidelidad al espíritu fundacional del Opus Dei, la vibración apostólica, el

afán de tratar a Dios y a su Madre Santísima, la generosa dedicación personal —

con sacrificio—al servicio de los demás; y, ¿por qué no?, la audacia en el

planear y ejecutar las obras de apostolado, sin detenerse ante las dificultades,

que nunca faltarán, y sin atribuir mucha importancia a las habladurías, Del

resto —de enviarnos las personas dispuestas a poner el hombro, para servir a la

Iglesia y a las almas— se encargará, como hasta ahora, el Señor.

Por las cifras que le he comunicado, usiea mismo deducirá que estarnos aún casi

en los comienzos —la Obra es joven—, si bien ya no somos pocos. Aunque habría

que distinguir entre unos países donde el Opus Dei está más desarrollado y otros

donde apenas estamos comenzando, a muy grandes rasgos le puedo confirmar que la

Obra ha echado raíces hondas en casi medio centenar de naciones, donde cuenta

con hombres y mujeres del lugar dispuestos a trabajar por Jesucristo, sirviendo

a la sociedad y tratando de santificar sus propias ocupaciones, ´según el

espíritu del Opus Dei.

Como ve, trabajo no falta. Para llevarlo a cabo como Dios quiere, desearíamos

contar con sus oraciones y con las de- sus lecto-res.->Joaquín NAVARRO VALLS.

 

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