Autor: Crespo García, Pedro. 
   El papel de las asociaciones     
 
 ABC.    07/05/1975.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

MERIDIANO NACIONAL

EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES

CONOCIMIENTO—La publicación del texto de la Ponencia del proyecto de ley de bases de Régimen

Local ha traído paz y conocimiento al espíritu de una buena porción de españoles.

Hasta ahora, aunque diarios y revistas hubiesen dedicado abundantes litros de tinta al asunto, el pueblo

llano —que lo hay—, cuando leía de Asociaciones, pensaba en el traje del rey y callaba.

VETERANIA—Desde ahora —desde ayer— sabemos que, teóricamente al menos, servirán de cauce para

elegir concejales, diputados, alcaldes y presidentes de Diputación. Siempre que los candidatos,

presentados por su Asociación respectiva, gocen del suficiente número de electores, compañeros de carné

o, cuando menos, simpatizantes.

Aunque el texto de la citada Ponencia subraye que la veteranía es un grado y señale, en el primer rango de

las condiciones o méritos para poder optar a los puestos de alcalde o presidente de la Diputación —entre

otras varias, claro está— la de serlo o haberlo sido.

TIEMPO.—Lo único malo de este asunto es que, como mucho, para el próximo octubre —mes que ha

cobrado especial relevancia después del anuncio de que las elecciones sindicales de base se celebrarán

antes del 30 de junio, y no después del 15 de julio—, sólo habrá dos o tres Asociaciones. Y dos de ellas,

al menos, con graves problemas para alcanzar las 25.000 firmas de adeptos en la España peninsular e

insular. Barcelona incluida.

En este tema, en suma, el mayor problema es el del tiempo. Nos estamos preparando para algo que está en

la mente de los más. Y algunos esperan ya a que se produzca, sin más. Ojalá que los asociadores acierten

y lo tengan. La reforma, con bandera o sin ella, está siendo devorada por sus propias dilaciones, aún antes

de emerger racionalmente como tal. Y mientras unos aseguran que son galgos —los de la apertura— y

otros que se trata de podencos —los del «bunker»—, el puchero del país real ha roto a hervir.

Sigamos, después de todo, en «vigilancia tensa», como nos recomienda e! señor Herrera Esteban en estos

tiempos difíciles.

TÁCITOS.—El grupo Tácito, que naciera a la atención pública en las páginas de «Ya», que se autodefine

como un hecho social, que excluye protagonismos, pero no protagonistas, y que —afirma— no pretende

poseer todas las soluciones válidas para el vasto panorama que ofrece la realidad actual, ha presentado

globalmente sus consejos y opinión ante la clase política del país. Su aspiración, aparte de haber servido

como trampolín ocasional a algunos de sus firmantes solidarios, parece que estriba en servir de conciencia

a un cierto sector del país.

Una cuestión tácita a decidir es si ese país está dispuesto a oír a los «Tácitos». De momento, el libro que

recoge sus artículos —400 páginas, fruto de casi dos años y de un promedio de siete pensadores— si sirve

de curiosa historia de la evolución política española desde el nombramiento del primer presidente del Go-

bierno hasta ayer mismo. La línea de) «12 de febrero», con sus quiebras, también se deja dibujar en sus

páginas.— Pedro CRESPO.

 

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