Autor: Crespo García, Pedro. 
   De las asociaciones     
 
 ABC.    20/04/1975.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DE LAS ASOCIACIONES

PROFECÍA.—En una encuesta navideña, realizada por una agencia de noticias, al preguntarle qué

«carbón» echaría a los españoles para 1975, Pedro de Lorenzo contestó, con ironía no exenta de realismo:

«Trescientas sesenta y cinco asociaciones. Una para cada día del año.»

El «carbón» va tomando visos de realidad. Si no son ciento diez, como correspondería, sí alcanzan ya la

respetable cifra de dieciséis las asociaciones políticas en uno y otro grado de tramitación o gestación.

ÁNIMOS.—«El Gobierno —vino a decir el ministro de Información y Turismo en la rueda de Prensa que

siguió al Consejo de Ministros— tiene la impresión de que, probablemente, para e) verano habrá dos o

tres asociaciones importantes en el país, en condiciones de operar.»

Sin embargo, los «Tácito» se preguntaban no hace mucho en letras de molde, «si la Permanente del

Consejo Nacional desea, sinceramente, la existencia de asociaciones» y manifestaba su perplejidad al

verse obligados a pensar que «en este país hay, como poco, varias políticas oficiales al mismo tiempo».

PANORAMA.—Todos los proyectos de asociaciones conocidos son, dentro de los cauces marcados, de

una derecha más o menos centrista, más o menos integrada. La gama de la derecha organizada, con mayor

o menor afán socializador, tiene su límite, quizá, en los intentos por penetrar en el recinto por una puerta

que no sea la del propio Estatuto de Asociaciones.

Todos —con sus siglas provocando la confusión del lector y hasta del posible partidario— andan

buscando sortear los escollos legales y obtener esas difíciles veinticinco mil firmas. De Cantarero del

Castillo y su Reforma Social Española se afirma que ha conseguido ya nada menos —y nada más— que

dos mil rúbricas en Madrid. Los de A.N.E.P.A. planean una gira por varias provincias, salpicada de

conferencias a pronunciar por las distintas cabezas visibles de la misma. Para los primeros días de mayo

tendrán su asamblea general; después pensarán en los papeles a presentar.

También en el mes de las flores parece que decidirán los «silvistas» si entran o no en liza antes del

verano. Y Fraga, que permanecerá —si no hay novedad— en su puesto de la Embajada de Londres hasta

el final del verano —con lo que se cumplirán los dos años, más o menos reglamentarios, de su

permanencia ante la Corte de San Jaime—, no efectuará —no piensa en ello ahora— ningún otro

desembarco con miras asociativas en la Península.

DESCONFIANZA.—Lo cierto es que el país real mira con desconfianza a las asociaciones. No entiende

su auge publicitario y no admite el compromiso con unos rostros que le dicen muy poco y con unos

programas que se parecen sospechosamente. Y más dubitativo queda cuando lee que los Círculos José

Antonio y algunas viejas glorias del partido único aspiran a que exista una asociación con el nombré,

respetado o temido por unos y admitido, simplemente, por los más de Falange Española y de las J.O.N.S.

Se piensa que el sarpullido asociativo pasará; que faltan en el terreno de juego los equipos de primera

división. Pero parece difícil de admitir que, después de esta «primavera política», todo siga igual. El

dirigente del ala derecha de la Democracia Cristiana alemana, Strauss, lo expresaba, recientemente, do

forma precisa: «En ningún sitio queda todo como está En España, tampoco.»—Pedro CRESPO

 

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