Autor: San Juan Corrales, Ramón. 
   Emocionante entrada en Santander de su nuevo obispo, monseñor del Val Gallo, recibido por una enfervorizada muchedumbre  :   
 "Quisiera imitar -dijo el nuevo obispo- la figura del Papa Juan, que encarnó al Buen Pastor en la segunda mitad del siglo veinte". 
 ABC.    18/01/1972.  Página: 25-26. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ABC. MARTES 18 DE ENERO DE 1972. EDICIÓN DE LA MAÑANA

PAG. 25.

EMOCIONANTE ENTRADA EN SANTANDER DE SU NUEVO OBISPO, MONSEÑOR DEL VAL GALLO,

RECIBIDO POR UNA ENFERVORIZADA MUCHEDUMBRE

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«Quisiera imitar—dijo el nuevo obispo—la figura del Papa Juan, que encarnó al

Buen Pastor en la segunda mitad del siglo veinte»

EL NUEVO PRIMADO—QUE ENTRARA EN TOLEDO EL PRÓXIMO DOMINGO— TOMO POSESIÓN POR

PODERES

Santander 17. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) Día de auténtico

júbilo para Santander ha sido el domingo. Recibía la ciudad a su nuevo obispo,

don Juan Antonio del Val, que hasta a/tora lo fue auxiliar de Sevilla y vicario,

de Jerez de la Frontera, de cuyos lugares llegaron sus autoridades y

representaciones en entrañable impulso de .adhesión al nuevo prelado

santanderino.

El tiempo, inclemente, no fue obstáculo para que millares de santanderinos—con

todas sus autoridades al frente—se agolparan en las cercanías de la catedral,

abarrotándola después. Extremadamente emotiva, impresionante, fue la entrada de

don Juan Antonio del Val en el primer templo santanderino. Rotas las barreras

protocolarias, el gentío quiso expresarle su alegría, su afecto, su adhesión. No

exageramos lo más mínimo diciendo que el nuevo prelado hizo su entrada en

Santander «en cariño de muchedumbre». Una muchedumbre que abriéndole paso en sus

corazones le entorpecía el acceso por las escalinatas catedralicias, que le

aclamaba ?/ le estrechaba entre sus brazos.

No en vano aquí se formó y su mentalidad es montañesa—scm palabras suyas

pronunciadas con motivo de su nombramiento como obispo auxilar de la

archidiócesis de Sevilla en el año 69—, pues siendo un chiquillo vino aquí

procedente de su lugar natal, también en tierra castellana. Y aquí vivió y

convivió,, conquistando continuamente voluntades y simpatías.

Emocionante la ceremonia celebrada en la catedral. Misa pontifical concelebrada,

junto a monseñor Del Val, el arzobispo de Oviedo, su nuevo y querido

metropolita, y el obispo auxiliar de la misma diócesis, monseñores Días Merchán

y Yañez; obispo de Astorga, monseñor Briva Mirabent; de León, monseñor De

Larrea; auxiliar de Sevilla, monseñor Montero, y dimisionario de Santander,

monseñor Beitia Aldazábal.

En su homilía el nuevo prelado aborda la respuesta a la pregunta que suponía

planteada. ¿Qué planes pastorales traía y con qué métodos iba a realizarlos? No

hago promesas, dijo. Sólo el ofrecimiento total de mi persona, tal como soy. No

prefabrico planes: la marcha de una comunidad eclesial ha de ir marcada por el

ritmo mismo que lleva la vida de la Iglesia. No hay por qué meter la vida déla

Iglesia en los estrechos moldes de la ley-letra que mata. La Iglesia se rige,

sobre todo, por él espíritu, que sopla donde quiere y reparte sus dones para

edificación común, jerarquizados bajo la caridad, carisma supremo. La ley de la

Iglesia es la ley perfecta de la libertad, pues para la libertad nos liberó

Cristo. Nuestras decisiones no estarán impelidas por prejuicios humanos. Con el

método paulino no nos acobardamos ni falsificamos la palabra de Dios.

Hombre austero por excelencia, monseñor Del Val subrayó este punto en su

disertación homiletica: «No estoy interesada en verme rodeado de prestigio o

brillo personal. No quiero vivir como señor obispo, sino como servidor obispo.

Soy consciente de que el obispo debe ser sobrio, evitando toda tentación y toda

riqueza, aun aquella que se pueda disimular. Mi sustento diario, como el de los

trabajadores, procuraré que sea merecido por mi dedicación constante a la causa

del Evangelio.

Con la disposición a predicar siempre la palabra, expresó el nuevo obispo su

decisión de defender la justicia, ser valedor de los humildes, energia de exige

amigo de todos y huir de la acepción de personas.

«Quisiera escuchar a todos, evitar las decisiones principales en solitario. Este

obispo querría oídos y dialogar con vosotros.» «Querría—declaró—imitar la figura

del Papa bueno, Juan XXIII, que encarnó en forma tan eficaz y atractiva al Buen

Pastor en la segunda mitad del siglo XX, que tomó decisiones trascendentales,

que hizo variar en muchos grados la dirección de la Iglesia, imprimiendo

criterios renovadores y dejando abierta la puerta a una reforma más honda que

ninguna anterior; que

defendió con fervor la justicia y que publicó Encíclicas valientes y decisivas y

que, junto a su afán renovador, guardó escrupuloso respeto por la tradición viva

de la Iglesia.-»

Sé dirigió a los trabajadores. «Quiero —expresó—encontrar el camino que lleva a

los obreros, para descubrir con ellos cómo la Iglesia es amiga suya y cómo

tratar con Jesucristo, compañero suyo de trabajo.»

Tuvo también palabras para la juventud, a la que tantos esfuerzos ha dedicado el

prelado en una fecunda vida de apostolado. «Quiero despertar su confianza. Una

Iglesia al margen de la juventud se convertiría en una Iglesia abstracta.»

Santander tiene un nuevo obispo, cuya virtud y dotes inspiran a los montañeses

une gran fe y confianza para la resolución de cuantos problemas tiene la

diócesis santanderina planteados.—Ramón SAN JUAN CORRALES.

 

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