Consejo de Estado. 
 Tomó posesión de su cargo el arzobispo de Santiago, monseñor Suquía  :   
 "Esta designación es una manifestación más de la sana colaboración entre la iglesia y la comunidad política", dijo el señor Oriol. 
 ABC.    26/10/1973.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CONSEJO DE ESTADO

TOMO POSESIÓN DE SU CARGO EL ARZOBISPO DE SANTIAGO, MONSENOR SUQUIA

"Esta designación es una manifestación más de la sana colaboración entre la

Iglesia y la comunidad política", dijo el señor Oriol

El Consejo de Estado celebro sesión plenaria para dar posesión del cargo de

consejero electivo al arzobispo de Santiago de Compóstela, monseñor Suquía

Goicoechea.

Después de la lectura del decreto de nombramiento, el nuevo consejero prestó

juramento reglamentario, actuando de padrinos ios consejeros permanentes,

señores Basanta y Vizcaíno Márquez.

Una vez que ocupó el escaño de consejero el presidente del alto organismo

consultivo, don Antonio María de Oriol y Urquijo, pronunció unas palabras de

bienvenida al nuevo consejero, destacando su origen vascongado.

Otro motivo de satisfacción —dijo el señor Oriol y Urquijo— es que el designado

sea arzobispo de Santiago de Compostela, sede de tanto abolengo y prestigio en

nuestra historia. Es cierto que no representa al Episcopado, pero también lo es

que a las condiciones de hombre insigne, elegido por sus cualidades personales,

se une la de ser obispo para poner de relieve la alta estima en que tiene el

Estado a aquellos ciudadanos que merecieron recibir la plenitud de la

consagración sacerdotal. Esta designación puede entenderse que es una

manifestación más d« esa sana colaboración entre la Iglesia y la comunidad

política, a la que inita el Concilio Vaticano II como mejor manera para que

ambas puedan servir a los hombres en su vocación personal y social.

El deber religioso de la sociedad civil —añadió el presidente del Consejo de

Estado— impone que la legislación y la acción de gobierno ha de inspirar en la

ley de Dios. En el caso de nuestra Patria viene a reconocerse tal obligación en

su legislación fundamental, pero esto no supone que la vida política quede

sometida a la jurisdicción de la Iglesia. Tanto una como otra tienen que

conservar su propia independencia, ni se confundan ni- se ignoren, ni se invadan

ni se vuelvan la espalda con indiferencia ni con hostilidad. La armonía y la

independencia entre ellas son bienes que deben existir realmente y también

exteriorizarse.

Por su parte, monseñor Suquía Goicoechea manifestó que esperaba corresponder a

la confianza que el Jefe del Estado había depositado en su persona con lealtad

absoluta y con la seriedad que caracteriza a los hombres de´ su vasca tierra y

con aquella libertad evangélica que conviene a los discípulos de Jesucristo y a

los obispos del pueblo de Dios,

Al entrar a formar parte de este alto e histórico cuerpo consultivo del Estado —

-"dijo también monseñor Suquía— no pienso ni intento más que una sola cosa:

servir a la Iglesia y al país. Porque a lo largo de estos siete años de mi

episcopado en Almería, Málaga y Santiago de Compostela, esta misma ha sido

también y es aún mi voluntad, no otra.

Por último, puntualizó que llegaba aprestar este servicio a título personal y

que no traía ninguna representación de la gloriosa Iglesia compostelana ni de la

Conferencia Episcopal Española, de la que era miembro y cuyas normas y

orientaciones serán para él vinculantes en conciencia.

 

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