La televisión y el lanzamiento de las asociaciones     
 
 ABC.    29/04/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LA TELEVISIÓN Y EL LANZAMIENTO DE LAS ASOCIACIONES

El asociacionismo, bastantes meses después de la promulgación de su Estatuto, continúa su marcha con

paso tardígrado, es decir, con evidente lentitud.

De una Asociación admitida en principio a las que bullen en período de cristalización, en trámite

formativo o en simple anuncio de posible constitución, media mucha distancia. Y el espacio, también en

política, se identifica con el tiempo.

¿Se está perdiendo un tiempo precioso en la promoción del asociacionismo? Probablemente,

seguramente, sí. La contestación es afirmativa, sin duda de ningún género, porque el asociacionismo,

conseguido en la realidad de Asociaciones en pie y funcionando, es conveniente para el país, para sus

legítimas aspiraciones, para la urgente organización política de su inmediato futuro. De un futuro que,

según consenso unánime, ya ha comenzado.

¿Cómo acelerar la marcha, el avance asociacionista? Es obvio que la promoción de las Asociaciones, en

su raíz, en su primero y principal planteamiento, resulta tarea propia e indeclinable de quienes,

personalmente o en grupo, se sienten llamados a formarlas, a promoverlas, obedeciendo a su noble

vocación política. Pero este impulso básico no es, según está demostrando la realidad diaria, suficiente.

Hace falta un estímulo más amplio, más eficaz, más directo; un estímulo que se debe brindar a la

promoción del asociacionismo porque de otro modo no podrán aprovecharlo, en esta importantísima

cuestión, ni las Asociaciones ni el país.

Se trata de una divulgación en televisión del ideario de las Asociaciones y de las personalidades

dispuestas a encabezarlas.

* *

El 29 de enero de 1975, en un comentario editorial titulado «Divulgación asociacionista», nos hacíamos

eco de una oportuna y razonable propuesta encaminada a lograr que la televisión —y las emisoras

nacionales oficiales— brindaran, en igualdad de oportunidades, tiempos idénticos, con cierta

periodicidad, a los promotores de las Asociaciones para que éstos expongan públicamente sus programas.

Una correcta estimación de la realidad social del país —escribíamos— conduce a una conclusión que

nadie impugnará: salvo minorías muy determinadas y cualificadas, en varios sentidos, la mayor parte de

los ciudadanos españoles no saben qué tendencia o finalidad, directriz o programa defienden las

Asociaciones que se perfilan y están en período constituyente, en fase de cristalización.

La televisión —concluíamos entonces y reiteramos a hora—, aparte secundar

una decisión gubernamental de asociacionismo, instalada en el marco constitucional del Estado, prestaría

un gran servicio informativo al país.

* *

Preciso es desechar un argumento que se aducirá en seguida en contra. Como de lo que se trata es de

conseguir un verdadero y eficaz lanzamiento de las Asociaciones, y para ello se piensa en la

divulgación televisada, no cabe argumentar que a la divulgación debe preceder la autorización o

aprobación de la Asociación o Asociaciones que pretendan constituirse porque entonces estamos en las

mismas; estamos negándonos a la palanca de lanzamiento.

Los grupos o tendencias políticas, hostiles al Régimen, opuestas a él, no van a sumarse a la posibilidad

del asociacionismo. En cambio, las Asociaciones que podrían y desean llenar el «vacío» ahora existente;

las Asociaciones que formarían con distintas facetas o matices, ese gran centro político que el país

necesita para su equilibrado avance o desarrollo político ; estas Asociaciones, pensamos, deberían tener la

oportunidad de su presencia y su voz en el gran medio divulgador de la televisión.

Siempre será, desde cualquier lado que se mire, un asombroso despilfarro de lícitas posibilidades políticas

y de personalidades públicas bien capacitadas, mantener al margen de su presencia pública en la pequeña

pantalla a españoles tan calificados como los embajadores Fraga y López Rodó, como José María Areilza

o Federico Silva Muñoz y Alberto Monreal, como Manuel Cantarero del Castillo, etc., etc.

* *

Desde la televisión —medio de comunicación con tan impar poder de difusión y tan enorme

responsabilidad informativa— debe divulgarse, para la sana y oportuna politización del país, para su

pleno y general conocimiento, para sus legítimas opciones, el «quien es quien» asociacionista. Para lo

cual no es necesario, siquiera, el complicado montaje de las ruedas de Prensa. Bien cabe hacerlo con ellas

y con otras emisiones que tengan diseño distinto.

Pero conviene hacerlo; con las normales garantías que requiera el medio y con urgencia. Sin perderse en

dubitaciones escrupulosas. Con admisible sentido posibilista. De otro modo, y según todos los síntomas,

resultará muy difícil, muy poco probable, que lleguen a formarse ni siquiera esas tres grandes

Asociaciones que se han estimado necesarias en reciente y autorizada declaración del ministro de

Información y Turismo.

 

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