Declaración colectiva de los metropolitanos españoles  :   
 "Urge elevar la conciencia social de nuestro pueblo hasta el nivel que exigen a una nuestra gloriosa tradición cristiana y el papel que le está reservado en la construcción de un mundo mejor". 
 ABC.    19/07/1962.  Página: 45-48. Páginas: 4. Párrafos: 56. 

ABC. JUEVES 19 DE JULIO DE 1962.

DECLARACIÓN COLECTIVA DE LOS METROPOLITANOS ESPAÑOLES

"Urge elevar la conciencia social de nuestro pueblo hasta el nivel que exigen a

una nuestra gloriosa tradición, cristiana el papel que le ésta reservado en la

construcción de un mundo mejor"

Al terminar, su conferencia, los metropolitanos españoles han publicado una

declaración colectiva, con el título´"La elevación de nuestra conciencia social,

según el espíritu de la “Mater et Magistra", y cuyo texto reproducimos a

continuación.

"Ha transcurrido un año, desde que el Papa Juan XXIII dio .al mundo su gran

encíclica "Mater et Magistra". Un grave deber de conciencia nos mueve hoy a

dirigirnos a todos los católicos españoles para exhortarles á conocer mejor :la

doctrina social que encierra esté insigne documento, y a meditar seriamente

sobre su personal responsabilidad en la realización práctica de sus enseñanzas.

Es cierto que la "Mater et Magistra" se dirige a los católicos de todos los

pueblos sin excepción. Nosotros, sin embargo, no podemos menos de considerar con

toda sinceridad su aplicación a nuestro país.

URGE ELEVAR NUESTRA CONCIENCIA SOCIAL

Desde ésta -perspectiva, queremos, ante todo, afirmar que el Papa Juan XXIII. ha

puesto el dedo en una de las llagas que más nos áflijen : la de la falta de una

más viva y operante conciencia social.

Son muchas y muy autorizadas las voces que vienen insistiendo sobre este punto

en los últimos tiempos. Si hoy subrayamos, una vez más, el hecho ,és porque

estemos convencidos de que, al reconocer la existencia del mal, nos ponemos ya

en el camino de su curación, y porque estamos seguros de que "e1 Señor salvá al

pueblo que es humilde" y de que "a los humildes da su gracia"

No basta, sin embargo, con reconocer que el mal existe. Ni cabe esperar que

Dios, Nuestro Señor, lo haga (desaparecer por obra de un milagro. También en

este caso, Dios quiere servirse de los hombres. Somos nosotros quienes con

nuestro trabajo inteligente y la unión coordinada de esfuerzos, hemos dé ponerle

él remedio adecuado.

MOTIVOS QUE LO EXIGEN

Se trata, como ya dijimos en otro documento semejante al presente, de "elevar la

conciencia social de nuestro pueblo, hasta aquel nivel que exigen a una su

gloriosa tradición cristiana y el papel que, le está reservado en la

construcción dé un mundo mejor"

Se trata, además, de un impératívo hístórico, en momentos en qué el futuro de

nuestro país, dispuesto a conseguir su pleno desarrollo económico; descubre;

horizontes cargados de graves responsabilidades colectivas.

Se trata, en fin, de una tarea que nos viene impüesta por nuestra condición dé

fieles hijos de la Iglesía, en vísperas del Concilio Vaticano II, ordénado á

"promover una saludable Renovación a las costumbres del pueblo cristiano" y á

dar al mundo un "espectáculo dé unidad, verdad y caridad" con el que "aún los

que viven separados de la Sede Apóstólicá sentirán una suave invitación a buscar

y lograr la unidad, por

la que Jesucristo dirigió al Padre Celestial sus ardientes plegarias".

Conscientes dé nuestra responsabilidad y siguiendo el ejemplo demuestro venerado

Pontífice, los metropolitanos españoles queremos convocar para esta tarea a

todos los hombres de buena voluntad. Mas para llevarla a cabo, es necesaria una

auténtica movilización de fuerzas, con objetivos concretos y un ordenado plan de

acción. Tales el propósito, que nos mueve, a publicar este documento colectivo.

EXHORTACIÓN A LOS SACERDOTES

Y así, comenzando por la parte que más directamente nos atañe, hemos de

dirigirnos, ante, todo, a nuestros venerados y amadísimos sacerdotes de uno y

otro, clero, para pedirles un generoso esfuerzo por elevar su propia conciencia

social. Y al hacerlo así pensarnos también en los abnegados religiosos y

religiosas;" particularmente, aquellos que se ocupan en la formación de niños y

jóvenes.

Aconseja el Papa, con ese fin, que la doctrina social de la Iglesia. "se énseñe,

como disciplina obligatoria... muy particularmente en los. Seminarios; si bien

sabemos—añade—que en no pocos centros dé estudio se viene ya haciendo esto,

desde hace tiempo"

Nos cabe el consuelo de poder afirmar que las últimas palabras del párrafo

citado pueden aplicarse con entera justicia a nuestro país. Porque es bien

notorio el celo con que el episcopado español se ha esforzado por abrir cátedras

de doctrina social en los Seminaríos y por organizar, desde hace años, numerosas

Escuelas Sociales para el clero. Cosa semejante puede decirse de las

Universidades Pontificias de Comillas y Salamanca, con sus cursos veraniegos.

Añádase a esto la fundación, en el año 1950, del Instituto Social "León XIII",

dependiente de nuestra Comisión Episcopal de Doctrina y Orientación Social. A

ella se debe igualmente ese instrumento valiosísimo, para la formación y el

apostolado social del clero que lleva por título "Breviario de Pastoral Social",

y, en fin, la organización de dos Semanas Nacionales de Pastoral Social, cuyos

frutos esperárnosle renueven y multipliquen en años sucesivos.

Recomendamos con instancia a todos los superiores y religiosos que utilicen

estos medios para capacitarse mejor. Dé modo especial nos dirigimos a. quienes,

como consiliarios de movimientos apostólicos- especializados o como directores

dé obras dé Acción Católica tienen una misión más directa en la enseñanza

ajustada a las normas pontificias.

Nadie piense, sin embargo, que nos damos por satisfechos con lo realizado hasta

ahora. Nuestro ardiente deseo -- que es el deseo de la Iglesia—es que todos los

sacerdotes reciban ya, en el Seminario, una suficiente formación social.

Con este fin, la Conferencia de metropolitanos, en su última, reunión del pasado

noviembre de 1961, teniendo en cuenta el parecer de las Provincias Eclesiásticas

y contando con la oportuna licencia dé la Santa Sede, acordó recomendar a todos

los Seminarios españoles el estudio de la doctrina social católica a la luz de

los documentos pontificios, y adopto las oportunas medidas, en orden a facilitar

los instrumentos necesarios para él mejor, logro de este objetivo.

A LOS MAESTROS, EDUCADORES Y PUBLICISTAS

Cuanto hemos dicho en relación con los sacerdotes queremos, en general,

referirlo a. todos los educadores y publicistas de la nación.

Pide la "Mater et Magistra" que el estudio de la doctrina social católica sea

Incluido como materia obligatoria, ante todo "en las escuelas católicas de

cualquier grado". Pero también "en los programas de instrucción religiosa, tanto

de las parroquias como de las asociaciones de apostolado seglar". Quiere, en

suma, "que se divulgue por todos los medios de que hoy puede disponerse; es

decir, por escrito, a través de diarios y revistas periódicas, de libros,

doctrinales aptos para las" inteligencias más cultivadas o de divulgación para

el gran público, y por medio de emisiones radiofónicas o de televisión".

Consecuentes con estos deseos del Sumo Pontífice, los metropolitanos españoles

hemos acordado recomendar que estos estudios se extiendan "a todos los colegios

de la Iglesia y, en general, a todos los centros docentes". Y hemos recomendado

igualmente que los organismos episcopales competentes provean del modo más

adecuado a hacer posible, por parte de maestros y educadores, el cumplimiento de

estos acuerdos.

Sólo nos resta añadir aquí una palabra de aliento que, en el nombre del Señor,

dirigimos a los ejemplares y cristianos maestros y maestras" y a cuantos, por

rázón de su cargo; O de su profesión, incumbe la ordenación, de los planes de

enseñanza o la comunicación de las ideas, á través de los más diversos medios de

difusión.

Seguros estamos de la excelente y sincera disposición de todos para, cumplir los

deseos de la Iglesia, totalmente coincidentes con el interés nacional. Estudien

detenidamente los documentos pontificios. Mediten con serena "reflexión, una y

otra vez, los sapientísimos consejos de la "Mater et Magistra"—especialmente

contenidos en la parte IV de la encíclica—en orden a esta labor educativa.

No se limítenla exponer temas puramente teóricos y doctrinales. Hagan vivir en

la conciencia de cada uno las exigencias de la doctrina social católica,

procurando estimular el ejercicio de las más sólidas virtudes sociales. Y

aprovechen toda ocasión para inculcar en los niños, en los jóvenes, en los

lectores o en el público en general aquellos sentimientos de solidaridad humana

y de cristiana fraternidad que deben informar una limpia conducta de

convivencia social, en la que la caridad y la justicia, la obediencia a la

autoridad y el respeto a la dignidad personal, el amor mutuo y el sentido de

comunidad vivifiquen todos los sectores de la vida.

A LOS PATRONOS Y OBREROS

Unas palabras, llenas de afecto, queremos dirigir también a los patronos y

obreros, de cuya cristiana conciencia social, tanto depende la paz y la

prosperidad del mundo de la economía y del trabajo.

Palabras que no son sino eco de las del Sumo Pontífice en su encíclica, y de

aquellas otras que nosotros mismos, escribimos en nuestra Declaración Colectiva,

con motivo de la´ estabilización y el desarrollo económico.

Releed, amadísimos hijos, los párrafos de la "Mater et Magistra" y de aquel

conocido documento nuestro, especialmente dirigido a vosotros.

Haced vosotros, patronos, serio examen de vuestra conciencia social. Preguntaos

sinceramente, delante del Señor, sí vuestra conducta está inspirada por aquel

cristiano espíritu de sobriedad y de justicia que nos recomienda el apóstol y el

Papa nos recuerda. Espíritu "cristiano que obliga a respetar, por encima de

todo, la dignidad del nombre que trabaja; a retribuir su esfuerzo con un salario

dé justicia, que puede no coincidir necesariamente con el salario legal, pero

que obliga, delante de Dios, a satisfacer dignamente las necesidades del

trabajador y su familia; a mejorar el utillaje y la organización de aquellas

empresas cuyo escaso rendimiento impide dar al trabajador tal retribución; a

sumar todos vuestros esfuerzos para superar las dificultades que lleva consigo

el reajuste de nuestra vida económica con vistas a su desarrollo y expansión; a

velar siempre por que la implantación de nuevos métodos de productividad sé haga

de acuerdo con la humanidad y con la condición de hijos de Dios de vuestros

operarios; a establecer en la empresa un ambiente de verdadera fraternidad

cristiana, para que, en servicio de la paz, del bien común y de la elevación

social de los obreros, vayáis llamando a éstos a, participar, gradual y

proporcionalmente en las tareas y responsabilidades comunes de la empresa.

Y vosotros, obreros, examinad también vuestra conciencia social. Ved si vuestra

conducta y vuestro rendimiento en el trabajo responden siempre a ese mismo

espíritu. Si en la justa y necesaria defensa de vuestros intereses vitales y

familiares, tenéis siempre presente el bien de la nación y las concretas

circunstancias de la empresa en que ponéis vuestro esfuerzo. Si sabéis conciliar

el espíritu, de noble entrega a la labor diaria, según lo exigen la justicia, y

el, progreso económico del país, con una fortaleza que se alimenta del amor

cristianó, y no deja paso al resentimiento ni al odio de clases. Velando, en

este aspecto y en cuanto de nosotros depende, por la necesaria armonía en la

empresa y por la paz social, proclamamos sin titubeos con la Iglesia que el

comunismo es intrínsecamente perverso y que a un cristiano no le es permitido

colaborar con él en ningún terreno. Pero, al mismo tiempo, es deber nuestro

advertir también que no es lícito" criticar cualquier acción encaminada a

reivindicar los sagrados y legítimos derechos de los trabajadores, siempre que

aquélla respete, como es debido, los cauces adecuados que ofrecen las leyes.

Esforzaos todos, amadísimos obreros y empresarios, por conocer más y mejor la

doctrina social de la Iglesia y, sobre todo, por llevarla a la práctica con

ánimo decidido y constructivo, con exquisito sentido de caridad y de justicia.

El desarrollo económico de la nación, promovido por las autoridades competentes,

con noble sentido social cristiano,´puede y debe traeros en plazo no lejano un

notable mejoramiento; económico; pero éste podría frustrarse si todos no

colaboraseis proporcionalménte a hacerlo posible.

A CUANTOS EJERCEN AUTORIDAD

Si pedimos a todos una mas elevada conciencia social, nadie, sin embargo, está

más obligado a cultivarla que quien ostenta un cargo de autoridad, cualquiera

que sea el campo en que la ejercite o el ámbito de su jurisdicción.

Toda autoridad viene de. Dios y, como tal, debe ser respetada y obedecida por

los subditos. Pero, por lo menos, es necesario también que su ejercicio, se

ajuste a las normas sapientísimas de una cristiana concepción social.

No es éste el lugar de anunciarlas ni siquiera sumariamente. Tan. sólo queremos

destacar la insistencia con que la "Mater el Mágistra" recuerda y aplica a los

más diversos problemas de nuestro tiempo dos fecundos y trascendentales

principios, tan íntimamente ligados entre sí que mutuámente se completan y

perfeccionan: el servicio al bien común, ley suprema; fin propio y esencial del

Estado y el principio de subsidiariedad, que garantiza el debido respeto a jas

iniciativas privadas, suple sus deficiencias donde las hubiere, y tiende siempre

a promoverlas y a coordinar su acción, en armonía con los intereses generales.

Conocer a fondo estos principios, con todas las consecuencias morales que

entrañan; y atenerse a ellos con entera y perseverante voluntad, es condición

indispensable para realizar la obra de desarrollo económico y de progreso social

en la que nuestra nación está empeñada.

Porqué, en efecto, requiere una firme y decidida voluntad de servicio al bien

común la promoción económica de aquellas zonas del país que todavía; perrnanecen

en estado de subdesarrollo; la acción decidida contra toda concentración

monopolística injusta; la adecuada redistribución de la renta, que eleve la

capacidad de consumo y ofrezca a la producción estímulos" eficaces; la solución

cristiana a los graves problemas que plantea el flujo creciente de la emigración

interior; y exterior.

Siguiendo el pensamiento pontificio, miremos con singular atención al sector

agrícola, que siente en esta hora complejo de inferioridad con relación a otros

sectores, ¡Cuánto empeño hay que poner por parte del Poder público, de la

iniciativa privada y de los propios. interesados, hasta conseguir que la

población agrícola y rural tenga un nivel de vida digno y comparable con el de

quienes viven en zonas industrializadas!.

Pero se requiere también un exquisito respeto al principio de subsidariédad para

aprovechar toda buena voluntad, toda colaboración inteligente y sincera, tanto

de personas como de asociaciones, en mejor, servicio del bien común; para

promover, sobre todo, la cordial adhesión y la participación activa de las

clases laboriosas, en todos los sectores importantes de la vida nacional.

La noble e histórica tarea que supone el cumplimiento de este programa, merece

el aliento de la Iglesia; madre y maestra, de los pueblos. Y quienes son

llamados á realizarla cuentan, sin duda, con la ayuda y la bendición de Dios.

LAS ORGANIZACIONES DE APOSTOLADO SEGLAR

Hemos comenzado este documento subrayando nuestra preocupación por elevar la

conciencia social del clero. Pero no quisiéramos darle fin sin decir que, por lo

que se refiere a los seglares, lo hemos redactado con el pensamiento y el

corazón puestos particularmente en cuantos pertenecen a las organizaciones de

apostolado seglar, obras predilectas de la Iglesia.

Esta es la mente de nuestro venerado Sumo Pontífice, en su encíclica "Mater et

Mágistra", cuando dice:

"Para la divulgación cada vez mayor de la doctrina social de la Iglesia,

estimamos que puede ser valiosísima la cooperación de nuestros hijos los

seglares, a condición de que no sólo la aprendan y la pongan en práctica ellos

mismos; sino también que procuren solícitamente dar a conocer a los demás las

posibilidades que encierra."

Y añade más adelante: "Por este motivo, ha de concederse una gran importancia en

la divulgación de tal doctrina a las asociaciones de apostolado seglar,

especialmente a las que tienen como objetivo concreto el que toda iniciativa de

orden terreno vaya informada por la ley cristiana."

En la parte IV de "Mater et Mágistra" expone el Papa, con amplitud y hasta con

detalle, las etapas que deben recorrerse para la formación de verdaderos

militantes, capaces de dar testimonio ante el mundo de una doctrina que es

"parte integrante de la concepción cristiana de la vida". Subraya luego la

importancia de la formación mediante la acción, es decir, del llamado método

activo, cuya esencia sintetiza de mano maestra. Y da criterios seguros para la

aplicación de la doctrina, urgiendo con argumentos sólidos y perentorios a

llevarla a la práctica.

No dudamos en afirmar que, si toda encíclica constituye el elemento básico para

la elevación de la conciencia social de los militantes seglares, la parte IV a

que nos referimos contiene, todo un tratado luminosísimo de doctrina sobre el

apostolado seglar.. Y deseamos por tanto, vivamente, que todos los militantes de

Acción Católica y de otros movimientos seglares la conozcan a fondo, la difundan

por todos los medios a su alcance y, sobre todo, la. lleven a la práctica

decididamente en cuanto de ellos dependa.

´La Iglesia—dice el Papa—tiene en la actualidad la grave misión de informar el

espíritu de este siglo de progresos con normas de humanidad y. de doctrina

evangélica. Esta misión de la Iglesia la está pidiendo nuestra edad misma, y lá

pide con votos anhelantes, no sólo para, llevar adelante más decididos

proyectos, sino también para por ner a salvo lo ya conseguido, sin peligro de sí

misma. Para lo cual, como ya dijimos, la Iglesia invoca, sobre todo, la

Colaboración de los seglares."

Un deber de amor a la Iglesia y de fidelidad a la vocación cristiana y

apostólica que de ella han recibido exige imperiosamente el testimonio vivo de

los seglares en todas las actividades de su vida y, por ende, también" en las de

orden temporal.´ Tengan en cuenta, además" que no será posible demostrar la

verdad y la eficacia de la doctrina social de la Iglesia, sino´"haciendo ver que

ofrece soluciones seguras a los problemas concretos que se tienen delante",

mientras que; de no hacerlo" así, el militante cristiano no sólo dejará de

cumplir deberes que obligan én conciencia, sino que muchas veces "quebrantará

los derechos de los demás y hasta podrá llegarse al extremo de desacreditar

dicha doctrina como si fuera inmejorable como tal doctrina, pero sin la

adecuadla, eficacia para regir la vida real".

Conocemos bien las dificultades que se aponen a tan arduo pero necesario

apostolado; unas interiores, porque son inherentes a la condición humana del

propio militante, y otras externas, las que el espíritu materialista y mundano

se encarga de suscitar por doquier. Para vencerlas, la gracia del Señor no ha de

faltar a quienes generosamente quieren, servirle. Ni tampoco la bendición de la

Iglesia y el vigilante cuidado de su jerarquía.

Esto es cuanto, después de meditarlo serenamente delante de Dios y en

cumplimiento de nuestro deber pastoral, hemos querido exponeros, en el

aniversario de la publicación de la encíclica "Mater et Magistra".

Haga, pues, el Señor que todos aquellos a quienes nos dirigimos, sacerdotes y

seglares, religiosos y educadores, patronos y obreros, subditos y gobernantes,

escuchen la voz de la Iglesia, sé atengan siempre a las normas dé la jerarquía

sagrada y contribuyan así "a la realización del Reino de Cristo en la Tierra,

Reino de verdad y de v,ida, Reino de santidad y dé gracia; Reino de justicia, dé

amor y de paz".

Con esta confianza os damos a todos, amadísimos hijos, nuestra más afectuosa

bendición, prenda de las bendiciones divinas, Enrique, cardenal Pía y Daniel,

arzobispo de Toledo;. Benjamín, cardenal de Arriba y Castro, arzobispo de

Tarragona; Fernando, cardenal Quiroga y Palacios, arzobispo de Santiago; José

María, cardenal Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla; Luciano, arzobispo de

Burgos; Marcelino, arzobispo de Valencia; Luis, arzobispo de Sión, vicario

general castrense; Rafael, arzobispo de Granada; José, arzobispo de Vallado lid;

Casimiro, arzobispo d e Zaragoza Enrique, arzobispo de Pamplona, y Según do,

arzóbispo-coadjútor de Oviedo."

 

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