"Los salarios insuficientes son triste realidad en nuestra diócesis, tanto en el campo como en la industria"  :   
 Pastoral del cardenal arzobispo de Sevilla, doctor Bueno Monreal. 
 Pueblo.    08/03/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

"tos salarios insuficientes son triste realidad en nuestra diócesis, tanto en el

campo como en la industria"

Pastoral del cardenal arzobispo de Sevilla doctor Bueno Monreal

SEVILLA.

Sobre los problemas sociales de la archidiócesis. el cardenal Bueno Monreal.

arzobispo de Sevilla, ha publicado la carta, pastoral de Cuaresma, en la que se

dice que la encíclica "Mater et magistra", de Su Santidad Juan XXIII. ofrece

ocasión para recordar los principios fundamentales de interés social diocesano y

alude a la Insistencia del Romano Pontífice sobre el deber de la Iglesia a

aportar su concurso en la solución de estos problemas, en consonancia con

nuestro tiempo.

Recuerda en primer lugar la amargura del Papa ante el triste espectaculo de

innumerables trabajadores de muchas naciones a los qué se da un salario que

somete a ellos y sus familias a condiciones de vida infrahumana, en .contraste

con la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos privilegiados, y afirma

que "estos salarios insuficientes son triste realidad en nuestra diócesis, tanto

en el campo como en la industria".

Dice, después: "Se dan entre nosotros, singularmente en la agricultura,

demasiadas diferencias, en el reparto de Tas riquezas: junto a unos pocos que

poseen miles de hectáreas de tierra, hay millares y millares que carecen de la

más mínima propiedad. Los salarios, ya muy bajos de por sí, se ven agravados

por Un paro estacional que se extiende por meses enteros. Demasiadas mujeres y

muchos niños están sometidos en algunas tareas agrícolas a trabajos agotadores,

con abandono del hogar por aquéllas, y de la escuela por los niños."

Manifiesta, el purpurado que tal estado de cosas sólo puede explicarse por la

falta de conciencia social, y destaca que son muchos los, que, afirmándose

cristianos, no se han preocupado de conocer sus deberes sociales. Denuncia

después la incompatibilidad radical entre una fe proclamada a todos los vientos

y una falta de obras de justicia y de caridad"

Al referirse a la remuneración del trabajo p el salario justo, el cardenal Bueno

Monreal dice que "en nuestra diócesis son muy frecuentes, singularmente eh la

agricultura, los salarios insuficientes. Jornales de 40 ó 45 pesetas por día de

trabajo, incluida en dicho jornal la parte correspondiente al domingo, por más

que a esa base añadamos algunos beneficios´ sociales, como puntos, subsidio

familiar, etc., es claro qué siguen siendo insuficientes". Recuerda que, según

la doctrina cristiana, el trabajo de un hombre no puede ser valorado como una

mercancía, jugando únicamente con las leyes de la oferta y la demanda. o

pensando simplemente en su productividad. "Y la Iglesia enseña que la justicia y

la equidad reclaman que un trabajador, con un trabajo normal en tiempo de labor

y en rendimiento, pueda atender, no sólo a sus necesidades individuales, sino

también a sus responsabilidades familiares."

Señala que la primera obligación de un patrono, a la hora de retribuir

debidamente a sus obreros, es conocer cuál es la cuantía del salario mínimo en

la región, sin escudarse en el cumplimiento de los salarios legales. "La

justicia y la caridad pueden exigir mucho más que las leyes, especialmente en

materia social; porque la legislación laboral no puede seguir la evolución de

los acontecimientos económicos a la misma .velocidad con que estos se

desarrollan." "Ese salario mínimo—dice—es obligatorio gravemente en" conciencia,

sin más excusa admisible que la imposibilidad de darlo." A este efecto dice el

purpurado que aunque no es su misión precisar la cuantía exacta, los cálculos

coinciden en 110 a 120 pesetas por día natural para los casados con dos hijos,

en Jornada laboral de ocho horas, incluidos todos los conceptos de remuneración.

Habla después dé los deberes de los obreros, y dice que para tener derecho a tal

salario deben cumplir fielmente sus obligaciones, tales como el debido cuidado

del utillaje, la observación de la reglamentación interior de la empresa y

especialmente trabajar con un rendimiento normal.

Es verdad que muchos patronos están muy lejos de cumplir sus deberes en materia

social, pero verdad es también que no pocos obreros están igualmente

acostumbrados a trabajar, a un ritmo excesivamente lento. Tanto, que igual

escándalo produce a nuestros, visitantes la cortedad, de nuestros salarios como

el bajo nivel de productividad de muchos de nuestros trabajadores.

A continuación; la carta pastoral de Cuaresma se ocupa del parg obrero y dice

que la pobfezí de los salarios está agravada corel paro, singularmente en la

ágricultura, que divide en paro encubierto y paro estacional. Estima que la

medida más eficaz para combatirlo es la creación de nuevós puestos de trabajo;

fomentando la prosperidad económica de la sociedad con la instalador de nueras

industrias.

Se ocupa también de los obreros eventuales: asimilados a fijos que vienen

trabajando en, una misma labranza desde, docenas de años, y dice que es extraña

esta clasificación laboral, que debe desaparecer.

"Un labrador qüe quiera merecer el nombre glorioso de cristiano debe convertir

a, sus obreros en fijos con todas las consecuencias."

El cardenal arzobtsoo de Sevilla recuerda los aspectos de la encíclica

pontificia que se relaciona con la dignidad de la persona humana, para referirse

a la necesidad de construir mas escuelas, sobre todo en las, zonas rurales, y

viviendas decorosas, que hagan desaparecer el chabolismó. Estimula a los Póderes

püblicos y a la iniciativa privada para resolver esta cuestión, y excitácelo de

los labradores teniendo en cuenta que este problema tiene mayor errüvedad en él

campo. " La reforma de las estructuras sociales se plantea también en la

pastoral del arzobispo sevillano para evitar la irritante desigualdad de las

riquezas y los modos de un capitalismo exclusivista, totalmente alejado de Ibs

postulados de la Iglesia, que rigen la administración de muchas empresas, tanto

industriales ´como agrícolas. A éste efecto cita normas de la reciente,

encíclica de Juan XXIII, pues si bien la iglesia ha defendido siempre la

propiedad privada, dé ningún modo se opone a la difusión dé la misma, pues no es

justo que junio a enormes latifundios, propiedad de auténticos señores dé la

tierra, miles de hombres dé nuestros pueblos, agrícolas no tengan más capital

que su trabajo, que ni siquiera pueden encontrar a diario.

«Una empresa más cristiana, en la que, verdaderamente se cumplan loí principios

cristianos, hay que implantar en la archidiócesis, pues la justicia ha de ser

respetada no sólo,en la distribución de la riqueza, sino en cuanto a la

estructura, de las empresas, porque en la naturaleza de los hombres se halla

involucrada la exigencia, de empeñar la propia responsabilidad y perfeccionar

el. propio ser. Es preciso que las empresas, además dé perfeccionar el ser de

sus trabajadores, administren la distribución de sus ganancias, según la

Justicia y la equidad.

El purpurado reconoce que entre los empresarios industríales se va abriendo

paso, aunque lentamente, la participación de los trabajadores en la empresa, por

ejemplo, mediante la reserva para ellos de determinadas acciones en caso de

ampliación dé capital, «pero nuestros labradores, salvo raras y honrosísimas

excepciones, están a mil leguas de abrir no ya su generosidad, sino aun

siquiera, su mente a éstas ideas».

Termina su pastoratal cardenal Bueno Monreal, recordando la necesidad de

santificar las fiestas y exhortando a Jos sacerdotes para que se hagan

pregoneros de esta carta, así como a tos patronos y obreros para, qué sigan sus

normas. En la esperanza de que asi sea, el purpurado imparte la bendición

pastoral a todos los fieles.

 

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