"La iglesia no es una institución política"  :   
 "Su misión es continuar la obra de la redención". 
 ABC.    01/07/1960.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

«LA IGLESIA NO ES UNA INSTITUCIÓN POLÍTICA»

«SU MISIÓN ES CONTINUAR LA OBRA DE LA REDENCIÓN»

Homilia del nuncio apostólico en el acto de consagración episcopal de

monseñor Cirarda

En la ceremonia oe la consagración episcopal del doctor, don José María Cirarda,

celebrada, anteayer en la Catedral de Vitoria , el nuncio de Su Santidad en

España pronunció una homilía, que reproducimos íntegramente:

"Interrumpimos por breves momentos —comenzó diciendo monseñor Antoniutti—. los

sagrados ritos que se desarrollan con toda la esplendorosa majestad de la

liturgia pontifical para recordar la intima conexión de la consagración de un

nuevo obispo con la autoridad pontificia que fluye de Pedro, primer Papa, del

cual celebramos hoy la festividad asociada a la del Apóstol de las gentes "per

quos religionís sumpsit exordium". En el Evangelio que habéis escuchado se

narra la solemne profesión de fe que Pedro hizo proclamando ametisto Hijo de

Dios vivo: "Tu es Christus filius dei viví." "(Mat. XVI, 16.) A esta profesión.

Cristo responde a Pedro con un gesto de incomparable grandeza anunciando que

sobre El edificará su Iglesia. (Mat. XVI, . 18.) Y cuándo después de la

Resurrección de Cristo pregunta a Pedro y oye de él una triple, conmovedora

profesión de amor, le confía el encargo de apacentar, la grey: "Pasee asnos

meos. pasce oves meas." (Joan. XXI, 15.) Establecido sobre la sólida piedra de

la fe apostólica "in apostolicae confessionis petra solidati", y unidos en los

más suaves vínculos del amor de Cristo saludamos al nuevo obispo, hoy consagrado

por elección y autoridad del actual sucesor de Pedro y en virtud del. mandato a

El conferido por Cristo, como han sido consagrados en el decurso de los siglos

todos los obispos. "Quos spiritus sanctue posuit regere ecclesiam dei." (Act.

ap. XX. 28.)

Mas la consagración de un obispo auxiliar en la festividad de San Pedro no sólo

reviste este carácter general, sino que ofrece también otras muchas enseñanzas.

Antes de ser cabeza de la Iglesia, San Pedro ha sido fidelísimo Auxiliar del

Divino Maestro, por su fe admirable, por su amor ardiente, por su generosa

entrega. Después de haber proclamado por vez primera la divinidad de Cristo, ha

reconocido, a Cristo como Jefe y Maestro, exclamando: "¿A quién iremos? Tú sólo

tienes palabra de vida ó|erna." (Joan. VI, 69.) El Evangelio recuerda pasajes

deliciosos déla estrecha unión de Pedro con el Señor. "Ve al mar—le dice .un día

.Jesús—, echa el anzuelo, saca el primer pez y después abriéndole la boca

hallarás una moneda, tómala y paga por mí y por ti." (Mat. XVII, 26.)

Pedro va a Cristo sobre las aguas ppra encontrarlo más pronto. (Mat. XIV. 20.)

Después de una noche dé pesca inútil recibe la orientación, del Maestro: "Duc in

altum". obedece y obtiene frutos copiosos. (Lúc. V. 4.) En la noche de la Pascua

desenvaina la esnada para" defender al Señor. (Mat. XXVI, 51.) Y después de la

Resurrección predica con valentía a Cristo resucitado y anuncia el Evangelio con

todo el rigor de su celo apostólico. Está compenetración de Pedro con Cristo es

una lección y una advertencia para el nuevo obispo, que debe avanzar siempre

con, dociudad y confianza por los caminos que le están indicados por el Señor,

trayendo, a otros colaboradores al trabajo en unión con el Jefe de la Iglesia

Universal, T a la dependencia del jefe de la diócesis a la cual está destinado,

para asegurar así una más eficiente, realización del apostolado.

QUIEN SE OPONE AL OBISPO SE OPONE A CRISTO"

La solemnidad de hoy sugiere además otra consideración: San Pedro ha muerto

mártir por defender el depósito´ dé la doctrina y la moral, que le había sido

confiado. Por el camino del martirio le han seguido en todos los tiempos obispos

de todas las iglesias. Pero su sacrificio no ha debilitado a la cristiandad;

antes bien la ha fortalecido, haciéndola más vigórosa y esplendente de fe, de

virtud y de intrepidez. Entre los recuerdos que más me entusiasman están losde

mis peregrinaciones a las tumbas de los obispos intrépidos, defensores de la

religión, no sólo de tiempos remotos, sino también de épocas contemporáneas. He

colocado las palmas del triunfo sobre las tumbas de obispos misioneros

asesinados en China. He rezado sobre las sepulturas de obispos albareses caídos

sobre la brecha del servició de la Iglesia. He llorado sobre las tumbas de

vuestros doce obispos masacrados en una reciente hora trágica de vuestra,

Patria.

Si bien no todos los obispos son mártires, todos, sin embargo, deben sufrir

pruebas amargas, dolorosás contradicciones, tristes adversidades é

incomprensiones lamentables de parte de muchos hijos, a la vez que otros actúan

indebidamente expiando sus actos y proceden con pasos dirigidos a perjudicar y

comprometer a la Iglesia. ¡Qué no haya entre vosotros ninguno que ostaculice la

misión del obispo o aumente sus dificultades por razones de orden contingente ó

por fútiles pretextos de carácter terreno!.

Quien se opone al obispo se opone a Cristo. Quien dificulta la trusión del

obispo paraliza la obra de la Iglesia. Que vuéstro amor al obispo sea profundo;

que vuestra lealtad hacia él sea completa; que vuestra confianza en él sea

segura y filial.

Unidos ai obispo haréis grandes cosas. Confortándolo, confortaréis el corazón de

Cristo. Siguiéndolo, es al mismo Cristo a quien seguís; porque vuestros pastores

han recibido de Cristo su mandato.

Entre todas las autoridades de la tierra, ninguna está tan próxima al corazón de

Dios. Ninguna otra debe de estar tan inmediata; a nuestro corazón Quien, no ama

a su obispo, quien no le consuela con su obediencia, quien no recompensa su

solicitud, ha perdido d sentimiento de su dignidad cristiana.

Recordad bien que la Iglesia no es una institución política. Ella es el Cuerpo

místico de Cristo, Su misión consiste en continuar la obra de la Redención y en

aplicarla en todos los campos. Bajo la dirección y el control del obispo, el

clero y los fieles deben llenar una obra común de apostolado para difundir la

verdad evangélica y guiar las almas a los manantiales de la gracia. La fuerza de

un obispo le viene de la ayuda del Señor, sin duda, pero también el apoyo de sus

sacerdotes y de sus fieles.

"Sacerdotes y fieles—escribe San Ignacio de Antioquía—deben estar unidos al

obispo como.las cuerdas a la lira, en la fe y en la obediencia; nada deben hacer

sin el obispo." Y San Cipriano añade: "La Iglesia está con el obispo."

Y no se olvide que el obispo, doctor, cabeza y pontífice, permanece hombre, cuyo

corazón es sensible, tanto a la injuria como al afecto, a las denuncias y a las

aclamaciones, al reconocimiento y a la ingratitud. El es un padre que ama a sus

hijos, que se ocupa de´ aquellos que sufren, que luchan y que caen; que llora

con los aue lloran y se alegra con cuantos consuelan, su corazón. Estos son los

pensamientos que quería comunicaros en este santo día, que es también para mí

una festividad plena de recuerdos amados: porque hace ahora veinticinco años

estaba, siendo consagrado obispó en esta misma fecha,a la sombra de San Pedro

de Roma.

CARÁCTER CONMOVEDOR DE LA CEREMONIA

Es verdaderamente una´coincidencia llena de significado esta de transmitir la

pienitud del secerdocio en este día memorable. Y deseo expresar mi satisfacción

al excelentísimo señor cardenal arzobispo de Sevilla y a su digno auxiliar

porque, en fin sentimiento de profunda unión a la Santa Sede, han querido que

fuese el representante del Papa quien cumpliese esta solemne función.

Esta ceremonia reviste, además, un alto carácter conmovedor. El obispo, que hoy

he consagrado es el quincuagésimo al cual confiero la-plenitud del sacerdocio

formando el último eslabón de una preciosa cadena cuya primera fue el siempre

recordado y amadísimo padre Carmelo Ballester, que ha sido vuestro obispo, al

cual consagré en la catedral de Pamplona el 15 de mayo dé 1938. Aquel buen

pastor de vuestras aunas reposa en la paz de Cristo en esta misma catedral, y

sobre su sepulcro bendito hemos dado a la Iglesia un nuevo obispo que cierra así

este collar de prelados consagrados "per diversa loca´´. Me parece que los

huesos de monseñor Ballester tiemblan de contento mientras, tan cerca se celebra

este rito solemne. "Exultabunt dómino ossa humiliata" (Pe. L.10).

Recordando Son emoción a los cincuenta obispos por. mí consagrados presento los

votos más fervientes a la última flor y nueva joya del episcopado español

elevado a la plenitud del sacerdocio mientras la Iglesia respira todavía la

perfumada fragancia´ de la reciente canonización de San Juan de Ribera,el gran

obispo español que brilla con fulgores de claridad en el firmamento de la

Iglesia, triunfante, y bajo cuya protección colocamos al nuevo prelado con las

mejores y fundadas esperanzas.

Y como conclusión permitidme que os formule, los consejos, las invitaciones y

los ruegos que en otras ocasiones he dirigido a los fieles en homenaje de

vuestros obispos: Venerad al obispo, representante de Dios, elegido del Espíritu

Santo, imagen del Eterno Sacerdote, sucesor de los apóstoles.

Honrad al obispo, Pontífice de la Iglesia, padre del. Clero, guardián de la fe,

vindicador de la moral; seguid al obispo, pastor de los fieles, pregonero del

Evangelio, maestro de la verdad, defensor de la virtud: amad al obispo, alegría

de los niños, guía de los jóvenes, fortaleza de la familia, esperanza de la

sociedad; ayudad al obispo, bienhechor de los pobres, consuelo de los enfermos,

sostén de los desamparados, refugio de los perseguidos; defended al obispo,

protector del orden, apóstol de la paz, consejero de las autoridades, esplendor

de la diócesis."

 

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