"Los hombres quieren ver en el sacerdote al hombre de Dios, con absoluta y simple dedicación a la iglesia"  :   
 Discurso de monseñor Antoniutti a la inauguración del Seminario Diocesano de Bilbao. 
 ABC.    02/11/1960.  Página: 39-40. Páginas: 2. Párrafos: 42. 

"A B C. MIÉRCOLES 2 DE NOVIEMBRE DE 1960.

«LOS HOMBRES QUIEREN VER EN EL SACERDOTE AL HOMBRE DE DIOS, CON ABSOLUTA Y

SIMPLE DEDICACIÓN Á LA IGLESIA»

Discurso de monseñor Antoniutti en la inauguración del Seminario

Diocesano de Bilbao

Bilbao I. En el acto inaugural del Seminario diocesano, celebrado el domingo, el

nuncio de Su Santidad, monseñor Antoniutti, pronunció el siguiente discurso:

"La acogida solemne y afectuosa que me habéis tributado esta tarda a mi llegada

me .trae a la memoria, no sin profunda emoción, las manifestaciones entusiastas

con que me recibió la Querida ciudad de Bilbao cuando en el año 1937 vine por

primera vez entre vosotros como represantante del Papa Pío XI, en una hora

trágica de vuestra historia.

Entonces subí con los bilbaínos al santuario de Nuestra Señora de Begoña en una

fratsrnal peregrinación de paz, y en nombre da este pueblo bueno restituí a la

Señora su preciosa corona, entre las aclamaciones da una multitud inmensa.

Vuestra acosida me hace recordar también el vibrante recibimiento que me

hicisteis en 1955, cuando vina a consagrar obispo a don Eugenio Beitia, uno de

los miembros más preclaros de vuestro clero.

En. vuestro homenaje, hoy, como entonces, descubro el alma de la católica

Bilbao, que manifiesta dé modo inconfundible su adhesión al Papa en la persona

de su representante.

Tenemos, cu efecto, el señalado honor y la grave responsabilidad de representar

al Papa, de representarlo en las jornadas de triunfo y gloria, y en las horas

oscuras da la incertidumbre y del dolor; de representarlo en las solemnes

manifestaciones de la vida pública y en el humilde ejercicio de los deberes

cotidianos del cargo. De representarlo 3o mismo entre los hombres do buena"

voluntad, leales y sinceros, como ral vez entre personas que nos contradicen,

nos ofenden o nos amargan.

Vosotros, con vuestra acogida, habéis demostrado los nobles y filiales

sentimientos que os animan y os honran, así como la satisfacción de tener de

nuevo aquí al representante del Papa en 1a fiesta de Cristo Rey para inaugurar

este Seminario, que es el corazón de la diócesis, y esta capilla, que es el

corazón del Seminario.

Como en el organismo humano, la sangre confluye de todas partes al corazón,

fuerza motriz de renovadas energías, para desparramarse después por todo el

cuerpo, así, en este Seminario y en esta capilla, se reúnen y se reunirán los

aspirantes al sacerdocio para prepararse y difundirse por todas las diócesis

como soldados robustos y disciplinados del ejército de Cristo-Rey. y llevar a

los fieles la luz de las enseñanzas del Evangelio, el calor de la caridad, la

fuerza dé la fiel y leal sumisión a la autoridad de la Iglesia.

SIMBOLÓ ELOCUENTE Y CONSOLADOR AUGURIO

La inauguración de esta monumental Seminario en la fiesta de Cristo-Rey es un

símbolo elocuente y un consolador augurio. Es un símbolo ds la clarividente

comprensión, por parte de la diócesis cíe Bilbao, de los valares supremos del

espíritu, que requieren una sólida preparación del clero llamado a formar el

ejército de Cristo-Rey para la defensa del patrimonio religioso, moral y

disciplinario que constituye el baluarte de la verdadera civilización, y es un

augurio de nuevos progresos de la Iglesia. la cual, en el número creciente de

los que aspiran al sacerdocio, encuentra nuevas energías e impulsos para

continuar las santas batallas en las que está empeñada, y tutelar eficazmente

los derechos de Dios en la sociedad.

Dejadme, pues, que manifieste a vuestro veneradísimo prelado y a su divinísimo

predecesor, el arzobispo de Zaragoza, aquí presente, no sólo mi cordial

satisfacción por encontrarme de nuevo entre vosotros, que sois la porción más

escogida de la diócesis´, sino también mis más sinceras felicitaciones por la

espléndida realización de esta grandiosa obra del Seminario diocesano, que

quedará como testimonio de su esclarecido celo, pastoral y de la ferviente y

generosa correspondencia del clero y del pueblo a sus ansias apostólicas por una

mejor formación de los sacerdotes.

Debemos, no obstante, recordar que no basta con colaborar en la construcción de

los edificios materiales. Cada uno de vosotros es un templo del Señor: "Vos enim

estis templum dei vivi" (II. cor. vi, 16), como dice el apóstol. Y es preciso

dedicarse diligentemente, a construir este templo espiritual con amor, con rigor

y con firmeza.

La fiesta de Cristo-Rey, que hoy celebramos, nos proporciona prácticas y

luminosas enseñanzas sobre el modo de construir el edificio espiritual de

nuestra vida y llegar a ser fieles soldados del ejército de la

iglesia, bajo la dirección de jefes autorizados y seguros, que son los obispos,

enviados por Cristo con misión divina por medio de su Vicario: "Sicut misit me

pater et ego mitto vos..." (Jo. XX. 22).

ÉL REINO DE CRISTO LO ES DE FE, JUSTICIA Y AMOR

Pensad, ante todo, que el Reino de Cristo es un reino de fe. ds justicia, de

amor y de paz. Esto se debe, al hecho de que el Reino de Cristo es el reino de

las almas, las cuales se someten de buen grado al yugo suave da su rey. A la

autoridad se le debe obediencia; y la obediencia es precisamente la sumisión de

la voluntad del subdito a las directrices tíe quien tiene el derecho a mandar,

Jesucristo soberano es verdadero y piopio legislador, El ha dictado su ley,

perfeccionando la ley natural y la divino-positiva, conforme a sus palabras:

"Non venim legen solvere sed adimplere." (Math. V. 17.)

Al invocar el Reino de Cristo con las palabras "Adveniat regnum tuum" (Math.

VI. 10), afirmamos nuestra voluntad de som eternos al yugo suave da su ley y de

sus mandamientos. Pero cerno la ley está encaminada al bien común, es necesario

que haya entre los hombres un poder permanente que interprete la ley de Cristo y

la aplique en él curso da los siglos. Este sublime poder lo confió Cristo a sus

Apóstoles y a sus sucesores, a los cuales ha dicho: "qui vos audit me audit, qui

vos spernit me spernit" (Lúc. X. 16.)

Rebelde es, por tanto, al Reino de Cristo el que desconoce la autoridad de la

Iglesia y no observa las leyes que la mis--, ma promulga, o no acepta las

enseñanzas que emanan de los obispos.

LOS OBISPOS, GUARDIANES DE LA FE

El ejército de Cristo-Rey es un ejército jerárquico, mandado y conducido por los

obispos unidos al Sumo Pontífice. En torno a ellos hay todo un movimiento de

vida religiosa y social que se organiza y se desenvuelve. La dignidad, el poder

y la misión de dirigir a los fíeles competen al obispo, que, por derecho divino,

es superior a los simples sacerdotes, los cuales deben permanecer sometidos a su

autoridad y no pueden actuar independientemente de él. Los obispos han sido

siempre los guardianes de la fe y de la moral de los pueblos. Aun bajo las

frágiles apariencias y las limitaciones inevitables de la pobre naturaleza

humana, el obispo es siempre el sucesor de los Apóstoles, puesto por el Espíritu

Santo para gobernar la Iglesia de Dios. Por esta razón, en el segundo Concilio

de Sevilla se estableció que cuando el obispo se encuentra en la iglesia o en

otro lugar "no se permitirá al sacerdote enseñar al pueblo o exhortarle", e

igualmente se dispuso que ninguno debía hacer observaciones tras la predicación

del prelado, pues aun en el caso de que e] obispo no tenga la elocuencia de

otros oradores, posee, en cambio, un don que los demás no tienen: el tían de

hablar con autoridad en nomfore de Dios, a quien representa en el gobierno de la

Iglesia.

RESPETO Y SUMISIÓN A LOS PRELADOS

Esta primera consideración sobre los jefes dirigentes del ejército de Cristo-Rey

lleva como de la mano a la conclusión de que es necesario portarse con los

obispos con el debido respeto y la necesaria sumisión, reconociendo sus

instrucciones y llamamientos oportunamente emanados, sin crearles dificultades

con actos contrarios a las normas eclesiásticas. Debemos, en segundo lugar,

considerar los deberes de los subditos en el ejército da Cristo-Rey. Para ser

miembros de este ejército hacen falta, adamas de la obediencia, fidelidad y

lealtad.

Cuando un soldado ha jurado fidelidad y lealtad a su Rey, las debe guardar hasta

la muerte.

Un fiel jura fidelidad y lealtad a Cristo en el bautismo, y renueva este

juramento cuando recibe el sacramento de la confirmación, que lo constituye

soldado de Cristo.

Un sacerdote jura fidelidad, y lealtad a Cristo Rey en la persona de su obispo

el ´día de su ordenación sacerdotal. El obispo, tomando entre sus manos las del

recién ordenado, le pregunta, en nombre de Dios, si le promete obediencia y

reverencia para respetar y honrar al sacerdocio sempiterno e inmaculado: con el

que lia sido investido. Y sólo cuando el nuevo sacerdote, con voz temblorosa,

pero el corazón firme, responde: "Prometo", solamente entonces el obispo le da

el beso de paz, recibiendo la promesa solemne de mostrársele siempre sumiso y

leal.

La fidelidad de los soldados de los Reyes de este mundo reviste solamente una

forma externa, más la fidelidad de los soldados, de Cristo-Rey que son los

sacerdotes y los fieles, debe ir acompañada también de la adhesión interna,

completa, inmutable de una inteligencia y da la voluntad.

La fidelidad del soldado implica la observancia de todas las formas de respeto

debidas al superior. Un soldado no podría militar honradamente bajo la bandera

de su jefe y al mismo tiempo hacerle oposición por medio de consignas o de

alianzas con los enemigos.

CONSPIRAR CON PERSONAS EXTRADIOCESANAS, FALTA GRAVE

Un sacerdote, soldado de Cristo-Rey, que ha prometido obediencia y reverencia a

su obispo, faltaría gravemente a esta promesa solemne cuando conspirase

clandestinamente con personas extrañas a su diócesis, que viven en otros

ambientes, y realizase actos que tienen como consecuencia una patente ruptura de

la comunidad sacerdotal diocesana y constituyen una grave violación de la

disciplina eclesiástica.

Un soldado, o un pequeño grupo de soldados no pueden arrogarse pretenciosamente

la facultad de guiar a los jefes del ejército, especialmente cuando se trata de

los soldados menos cualificados, y harían muy mal si difundieran, denuncias y,

por añadidura, pusieran estas denuncias en manos de los enemigos. Tales soldados

serian reos de traición.

El soldado y los fieles soldados de Cristo-Rey, si tienen algo que decir a su

jefe, que es el obispo, van a visitarle con el debido respeto, le abren

filialmente el corazón y no publican el texto de sus confidencias, y, mucho

menos, lo ponen en manos de los adversarios de la religión, facilitando su

difusión en órganos sospechosos, o condenados por la Iglesia. Esto sería un

escándalo para los buenos y una colaboración, en perjuicio de la Iglesia, con

los que militan fuera de la misma. Los sacerdotes y los fieles pueden estar

seguros de que los obispos, cuya constante preocupación en el bien de las almas,

la defensa de los derechos dé la persona humana y la protección de los

necesitados y de los perseguidos, no dejarán de ocuparse de las confidencias

recibidas, presentando a quien corresponden sus legítimas quejas y aun las

denuncias debidamente documentadas.

Un soldado faltaría a la lealtad hacia su jefe si le enviase anónimas llenos de

insolencias y de amenazas, en lugar de acudir a él como se debe.

Un sacerdote y un fiel, soldados de Cristo-Rey no deben atreverse jamás, y menos

bajo el velo del anónimo, a ofender por escrito a su superior y a lanzarle

especies contrarías a la verdad y a la caridad.

En el Reino de Cristo, que es e! reino la amor y,de paz, deben callar la

murmuración la denigración y la calumnia. Ninguna razón de presunta utilidad

pública puede justificar un medio ilícito y coarde.

Que los sacerdotes y los fieles, soldaos de Cristo-Rey, se apoyen y se proejan

los Unos a los otros, recordando que odo reino dividido será desolado regnum

divisum contra se desolabitur" Math. XII. 25). Que los sacerdotes y los leles

formen un escuadrón fuerte y comacto "sieut celes ordinata" (Cant. VI. 3) ara

hacer coordinado, disciplinado, fejtido y eficaz el trabajo apostólico. No

olvidéis míe mientras ciertos fíeles también algunos eclesiásticos se enerui con

las discordias, los hijos de las tinieblas "qui filis sunt prudentiores" (Lúe.

XVI. 8) trabajan—y cómo trabajan—para la perdición de las almas.

Que todos los sacerdotes y los fieles, sometidos a la Santa Sede y a los

obispos, trabajen en concorde y fecunda armonía con disciplina, con prudencia,

con rectitud.

EL SUPREMO IDEAL DEL SACERDOCIO

"Labora sicut bonus miles Christi Jesu" (II Tim. II. 3). Trabajar como buenos

soldados del ejército de Cristo-Rey. Sed buenos, es decir, armados de sanas

costumbres, de virtudes sacerdotales y de profunda piedad. Sed buenos esto es,

eficaces como colaboradores de la jerarquía, con una sólida doctrina y con el

hábito de la disciplina. Trabajad, empeñad todas vuestras energías en glorificar

a Dios y salvar a las almas, único y supremo deal de vuestro sacerdocio.

Y, todos, unánimes, dirijamos a Cristo-Rey la súplica del himno litúrgico de su

fiesta:

Christe princeps pacifer mentes rébelles subjice tuoque amore devios ovile in

unum congrega.

Mis ultimas palabras son especialmente para vosotros, queridos seminaristas, que

os preparáis para ser soldados de Cristo-Rey en el santo ministerio de las

almas. Recordad que los fieles, cuando seáis sacerdotes, querrán encontrar en

vosotros únicamente a Cristo: "Inauimini dominum Jesum Christum (R. 888, R.

XIII. 14). Revestios de su espíritu, de su amor, de su doctrina. Los fieles no

van a exigir de vosotros que seáis agentes de intereses humanos o de pequeñas

patrias terrenas, defensores de causas políticas, hábiles en los negocios de

este mundo, de gran capacidad, eminentes en todo. No; los fieles os pedirán que

seáis sacerdotes, hombres de Dios, que no miran a otros intereses mas que a los

del señor.

Los fieles quieren que el sacerdote sea "otro Cristo".

"Todo sacerdote—ha dicho Juan XXIII hablando a los seminaristas—no puede

contentarse con la medianía, más debe decididamente tender hacia lo alto... El

carácter sacerdotal sella por parte de Dios un pacto eterno de su amor de

predilección que exige, por parte de la criatura escogida la contrapartida de la

santificación."

"En vosotros todo deberá estar en función del santo sacrificio de la misa, de

los sacramentos, de la gracia que estáis llamados a dispensar de las palabras da

Dios que debéis predicar a los hombres, del buen ejemplo con. que debéis

edificar a los fieles. Estos, recordadlo bien, quieren ver en el sacerdote al

hombre de Dios, con absoluta y simple dedicación a la Iglesia, bueno, pobre y

humilde, caritativo y obediente, cuya vida debe estar toda escondida en Cristo.

(Col. III. 3).

Queridos seminaristas: depositaré sobre el altar vuestros deseos, vuestras

oraciones y vuestras promesas, rogando a Cristo-Rey que os conserve la

generosidad do los propósitos que hoy os animan, a fin de que podáis llegar a

ser buenos y santos sacerdotes, ornato y gloria del Seminario, segura esperanza

de vuestra diócesis, tesoro de la Iglesia, gozo y corona de vuestro obispo.

Con este augurio, que es plegaria, pedimos a Jesucristo, sacerdote eterno y Rey

universal, que cuantos nos gloriamos de militar. bajo su bandera podamos reinar

eternaments con El mismo, al cual es dada, la gloria y el poder por los siglos

de los siglos. Amén."

Terminado su discurso, monseñor Antoniutti impartió a todos los presentes la

bendición papal, concedida expresamente por el Santo Padre para este acto.

Inauguración de un Seminario Misionero, en Logroño

Logroño I. El nuncio de Su Santidad, monseñor Antoniutti, ha presidido hoy la

inauguración del Seminario de.Filosofía y Postulantado, instituido en una finca

de la carretera de Soria por los Padres Blancos, misioneros de África. Se trata

de un moderno edificio con 115 habitaciones individuales, biblioteca, aulas,

laboratorio, comedores, servicios, etc. Adosada a este edificio está la iglesia,

capaz para 250 personas.

La construcción se ha llevado a cabo con limosnas de España y de otros países,

especialmente de Estados Unidos y Canadá.

La solemne ceremonia comenzó con la bendición del nuevo templo y la consagración

de su altar mayor, que ha efectuado monseñor Antoniutti, quien seguidamente

ofició una misa de pontifical. Asistieron los, arzobispos de Pamplona y

Zaragoza, doctores D. Enrique Delgado y D. Casimiro Morcillo, respectivamente;

obispos de esta diócesis, doctor D. Abilio del Campo; de Ruanda Urundi, padre

blanco monseñor Perrandin; de Kwite (China), agustino, monseñor Quintanilla. y

de Bagada, y superior general del Instituto Español de Misiones Extranjeras de

Burgos, monseñor Lecuona; superior general de los Padres Blancos, P. Volker;

asistente general, P. Lanfry; gobernadores civil y militar y todas las demás

primeras autoridades provinciales y locales logroñesas.

Después de la consagración del altar, en el que ha sido colocada una reliquia

del mártir de Uganda, Carlos Luanga, y antes de oficiar la misa, el nuncio de Su

Santidad pronunció una homilia, en la que destacó la trascendencia del nuevo

Centro, dirigido especialmente a la formación de misioneros para África.

"Continente, que para los cristianos representa sustancialmente—dijo— una

preocupación de ansias apostólicas, para que los pueblos africanos se incorporen

a la Iglesia y el continente tenga una verdadera salud espiritual. "

 

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