El vaticano y las semanas sociales de Asturias     
 
 ABC.    13/09/1963.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DE SEPTIEMBRE DE 1963 EDICION DE LA MAÑANA

EL VATICANO Y LAS SEMANAS SOCIALES DE ASTURIAS

La Carta de la Secretaría de Estado del Vaticano, leída, por el nuncio de Su

Santidad en las XXII Semanas Sociales, cuya celebración tiene lugar ahora en la

capital de Asturias, constituye un trascendental documento, que por toda,

suerte, de razones los españoles debemos analizar con atención, porque en su

texto sé traduce como expresamente, queda indicado, el pensamiento pontificio

sobre cuestiones de cándente actualidad. El luminoso documento doctrinal se

inicia, con el reconocimiento del hecho histórico que es la "difusión cada día

más vasta del fenómeno llamado sociedad de masas", cuyas características operan

como "disolución de las estructuras tradicionales, familiares, regionales y

profesiona!es", y acaba, alumbrando un individuo "humanamente solo y

desarraigado, socialmenté abandonado y espirituálmente empobrecido y

despérsónalizado", A esta sociedad en crisis, donde vive un hombre consciente de

su situación, la Iglesia ofrece una, serie de propuestas capaces dé restablecer

el equilibrio personal del "hombre-mása", comprometido en la nueva estructura

social, que sólo puede encontrar "la salvación... en la restauración de orden

natural y divino en la convivencia humana, en la que el fundamento y el finges

la persona,, creada a imagen de Dios c incorporada a Cristo".

La educación social y cívica de las masas se convierte en el instrumento posible

de perfeccionamiento del hambre con fl ejercicio de la- caridad cristiana

entendida como un sentimiento de "vivo interés per los demás, por la, situación

concreta en que viven los hermanos: las disensiones y las tensiones producidas

en la vida cotidiana de las comunidades humanas,no pueden, dejar, a nadie

indiferente, sino que deben llegar a ser problemas personales de cada uno".

El proceso lógico del documento pontificio desemboca así en dos conclusiones que

representan las reglas prácticas de aplicación de la doctrina anterior. En

primer lugar, la participación del individuo en la vida publica. En segundo

lugar, la obligación de orientar la educación social que anime espiritualmente

aquella participación politica sobre temas concretos. El pensamiento pontificio

advierte que no haber un correcto desarrollo de la sociedad sin traducción en

los actos de los programas teóricos. El verbalismo, que representa, un vicio

extendido en la vida política moderna, sufre mía condenación tan justa como

necesaria, porque no se edifica una sociedad sólo con programas, si tales

programas no abandonan jamás el limbo gaseoso de los buenos propósitos.

Pero esta educación social, que gusta de los hechos concretos, aunque,

naturalmente, esté inspirada en los preceptos cristianos, no es posible "si los

sujetos mismos no toman parte activa en este educarse a sí mismos Y si la

educación no se desarrolla también a través de la acción. La buena educación

consiste, pues —dice textualmente el documento—, en prepararse ya, desde la edad

juvenil y en cualquier género de profesiones para la participación activa en la

vida social".

La última parte del mensáje cuya rigurosa lógica constituye uno de sus mayores

méritos, plantea el papel que en la educación social da las masas corresponde a

las organizaciones de apostolado de los seglares y del empico de los medios

modernos de comunicación, cuya importancia en la moderna sociedad no necesita

ser recalcada. La participación del Estado en esta función recuerda el documento

que debe atenerse a los dictados del "principio de subsidiaridad", expuesto en

las Encíclicas pontificias. Por último, los elogios que el mensaje de la

Secretaría de Estado dedica al Instituto León XIII y a, otras instituciones—

Escuelas sociales para el clero, cursos en colegios y Facultades—donde se

fortifica "el despertar de la conciencia social española y constituyen oirás

tañías manifestaciones alentadoras para, el futuro. Que ésta y otras iniciativas

se extiendan y que sus frutos maduren para provecho de todo el pueblo español".

Estas palabras cierran el largo v fecundo discurso que firma el cardenal

Cicognani y que representa, por su claridad y altísima fuente de inspiración,

una lección de doctrina cristiana ante el problema de la moderna sociedad. La

manera en que los eternos preceptos evangélicos se instrumentan en propuestas

absolutamente concretas orientan el pensamiento del católico español que debe

participar en nombre de la fraternidad cristiana, de una manera activa en la

vida publica como enseñaba el texto de "Pacem in Terris", y recuerda can

indudable oportunidad el nuevo mensaje de la Secretaría de Estado. Sin una

participación activa, espontánea, sincera del hombre en la vida pública es

difícil que pueda, existir con carácter estable un auténtico equilibrio del

cuerpo social.

 

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