Comienzan a resultar inquietantes el descenso de vocaciones sacerdotales en España y el número de muchachos que abandonan los seminarios  :   
 Agricultores y obrero industriales ofrecen el mayor porcentaje de aspirantes al sacerdocio. 
 ABC.    17/03/1967.  Página: 79. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

A B C. VIERNES 17 DE MARZO DE 1967.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY COMIENZAN A RESULTAR INQUIETANTES EL DESCENSO DE

VOCACIONES SACERDOTALES EN ESPAÑA Y EL NÚMERO DE MUCHACHOS QUE ABANDONAN LOS

SEMINARIOS

Mientras disminuyen los pueblos y las familias numerosas, la mayoría de los

seminaristas siguen proviniendo de estos ambientes

AGRICULTORES Y OBREROS INDUSTRIALES OFRECEN EL MAYOR PORCENTAJE DE ASPIRANTES

AL SACERDOCIO

Madrid. (De nuestra Redacción.) La alarma ante el descenso de la curva de las

vocaciones sacerdotales y religiosas ha llegado también a España. Hasta hace

pocos años cuando alguien hablaba preocupado de la escasez.de ingresos en

Seminarios y Noviciados pensábamos inmediatamente en Francia o en Italia.

"En España—decíamos—nos sobran vocaciones." Y cuando alguien anunciaba que ésas

cifras que nos enorgullecían registrarían pronto una grave flexión nos

precipitábamos a llamarle pájaro de mal agüero.

Pero ése taché, en los gráficos estadisticos de nuestros Seminarios ha comenzado

a producirse preocupantementé.

España que en 1854—con unos 15 millones de habitantes—contaba con nada menos que

19.485 seminaristas (uno cada 738 habitantes), habla visto disminuir de manera

alarmante, estas cifras en los cuatro primeros decenios de este siglo, para

experimentar un importante crecimiento en los que han seguido a nuestra guerra.

Los 13.056 seminaristas de 1952 ascendían a 15.800 en 1958 y llegaban a 24.179

en 1962. Pero, a partir dé este año, la curva comenzaba a señalar el descenso:

en 1965 eran ya.solo 23.135 (uno por cada 1.315 habitantes).

Éste descenso, en realidad, no sorprendía a nadie que hubiera observado el

problema con atención, y en profundidad. Nuestra sociedad está experimentando

una serie de fenómenos de corrimientos de población, de evolución económica de

los grupos sociales, de variaciones en las estructuras familiares, qué no

podían, menos de repercutir en el número de las vocaciones.

La fuga de las poblaciones rurales hacia los grandes núcleos urbanos iba a ser

un factor gravemente determinante. Cifras de 1961 demostraban que, sobre un

total de 17.000 seminaristas, nada menos que 8.582 provenían de núcleos de

población rural, 4.647 de pueblos.entre 1.000 y.10.000 habitantes, mientras que

sólo 3.873 seminaristas venían de las grandes ciudades. ¿Cónio no iba a afectar

a la curva de las vocaciones el crecimiento de estas grandes urbes y la

disminución de la población rural, cuando de aquéllas salían seis seminaristas

cada 10.000 habitantes, mientras que los pueblos ofrecían 75 aspirantes al

sacerdocio por la misma,cifra de habitantes? La misma comprobación surge si

estudiamos la profesión de los padres de los seminaristas. En 1961 casi 8.000

seminaristas eran hijos de labradores y jornaleros agrícolas, seguidos por los

que provienen de familias de obreros industriales (una cifra Relativamente alta:

2.687). Eran, en cambio pocos los hijos de las clases que mayormente están

creciendo en nuestro silo: funcionarios públicos (1.583) comerciantes (1.060) y

profesiones liberales (806).

Tampoco podía menos de afectar el claro descenso de las familias numerosas en

nuestra sociedad.

Piénsese que tres quintas partes de los seminaristas provenían en 1961 de

familias con cuatro hijos o más.

Pero tal vez el dato más preocupante para quien,contempla con atención la

realidad no es el de la falta de vocaciones—realmente no ha disrninudo mucho la

cifra de muchachós que ingresan en los Seminarios—, síno el gran aumento de

abandonos entre los ya ingresados en los estudios eclesiasticos. En el curso

1952-53 abandonaron el Seminario 1.160 estudiantes. En 1960, esta cifra había

subido a 2.071. En 1962 eran ya 3:117 los que salían de Seminarios. En 1965

fueron 3.857 los que dejaron los estudios.

¿Cuál la raíz de este novísimo fenómeno? Varias, sin duda. Y no todas negativas,

al haberse conseguido una mayor facilidad para estudiar carreras civiles—con las

ayudas de becas oficiales y con la misma posibilidad de convalidar los estudios

eclesiásticos—la libertad de elección en los seminaristas es mucha mayor, sin

que sé dé fácilmente la posibilidad de que muchachos sin vocación o con graves

dudas sobre ella se vean obligados.a seguir adelante al encontrar cerrados los

caminos civiles.

Pero sin duda rio es ésta la única causa. Nadie ignora el espíritu de

independencia de las jóvenes generaciones que, si pueden entender y vivir la

obediencia, encuentran intolerable todo dirigismo anulador de la personalidad.

Si a esto se añade la ola de anticlericalismo resurgida en no pocos ambientes y

nacida en otros tradicionalmente, clericales, unida a una cierta "crisis de

entusiasmo" ante la vocación sacerdotal que viene percibiéndose en los

últimos años, tal vez habremos encontrado las raices de ese alarmante

descenso.

¿Problema angustioso o insoluble? No sería justo definirlo así. En realidad,

esta curva: de descenso acaba de comenzar a marcarse y, de momento al menos, las

necesidades españolas de clero están suficienemente cubiertas. Por otro lado, la

experiencia está demostrando que hay todavía muchos "campos vocacionales" sin

explotar: ejemplo típico puede ser la multiplicación de vocaciones: juveniles o

adultas provocada, especialmente entre universitarios y bachilleres, por el

movimiento sevillano "Obviara, Cristo".

Sigue siendo, sin embargo, cierto que "la familia es el primer Seminario", como

dice el "slogam" de la campaña pro Seminario, que pasado mañana, celebra su día

central. Tanto es así que, de proseguir este alarmante descenso qué las cifras

señalan, habría, que empezar a preguntarse no sólo por el problema de la futura

falta de clero, sino por otra herida religiosa aún, más grave: la infecundidad

sacerdotal y cristiana de la familia española.

 

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