Autor: Pancorbo, Luis. 
   Hasta los campesinos     
 
 Ya.    08/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

CRÓNICAS DESDE ESPAÑA

HASTA LOS CAMPESINOS

EL campo unido jamás será vencido". Corro al balcón. Estoy en Burgos. No puede ser. Sigue el griterío.

"El pueblo unido jamás será vencido". No, no tienen pinta estas piedras ni esta plaza de algo lisboeta.

¿Qué está ocurriendo? ¿El acorazado Potemkin surca ya el Arlanzón ?

Si alguien me hubiera dicho en Italia, o en Suecia, que pronto iba a ver hasta a los campesinos burgaleses

por las calles, en manifestaciones populares, yo le hubiera respondido: vamos ya. Si alguien había en

España que simbolizara el conservadurismo, pero conservadurismo de apenas nada, de una miseria; la

paciencia, el aguante, la desinformación, tal persona se podía resumir muy bien en el campesino burgalés.

Con una agricultura al límite de la supervivencia, sumidos en un sopor secular, los que no emigraron a

Alemania, o a Sestao y Baracaldo, los campesinos que se quedaron, entre sus destructivas y pastosas

envidias, entre los resquemores de tener que pagar una renta al propietario de las tierras, entre los cierzos,

los granizos, el precio del gas-oil, siempre me parecieron un típico ejemplo de clase social infravalorada,

explotada, pero, simultáneamente, carente de cualquier pretensión política que no fuera paz y orden. O

sea, una gente política y socialmente muy parada, a años luz, de una manifestación, de una protesta

colectiva.

PERO confieso haber pecado de falta de imaginación. En un momento dado, los campesinos burgaleses

(y los riojanos, y los navarros, y los vallisoletanos...) han dicho, correcta pero firmemente, basta. Han ido

con sus tractores a los arcenes de las carreteras. Es una manifestación—salvo casos esporádicos—

exquisita, casi británica. Saben los campesinos que si ponen sus miles de tractores en medio de la

carretera, las comunicaciones del Norte de España se irían al garete durante días, semanas puede. No han

hecho el más descomunal atasco de la historia. Se han puesto, como siempre, en la orilla. Han ocupado su

clásico puesto de relegados: el arcén. Pero en número y con coherencia impresionantes.

Y va el campesino y saca su pancarta. Conozco algunas vetustas damas burgalesas que se habrán llevado

un medio soponcio al oír las voces de los campesinos por la plaza Mayor, al verles enarbolar pancartas,

aunque algunas de ellas denotaran una preocupante y blandengue cultura de spot publicitario: "Papá,

papá, quiero pan. Espera, hijo, a que venda las patatas." Ni que decir tiene que era más efectivo,

propagandísticamente, eso de "El campo unido jamás será vencido". A la altura de Aranda de Duero

también me llamó la atención otra pancarta que, para proceder del agro, no dejaba de tener su miga

política: "Escucha, Suárez, mañana será tarde."

ESTOS campesinos están hasta las mismas narices. Y uno de ellos lo ha condensado muy bien en otra

pancarta, colocada sobre un tractor, cerca de Lerma: "No queremos ser los parientes pobres de una familia

enriquecida." Este sí que es un buen ejemplo de sequedad lingüística, conceptual y política. No se puede

expresar mejor el fondo y el alcance del problema.

EL campesino de estas zonas vive en unas condiciones bastante desastrosas. Yo conozco bastante bien

estos pueblos. Voy a menudo, casi cada semana. Pero llevo zuecos, porque el barro te llega hasta las

canillas. Pueblos hechos unos lodazales, con paupérrima corriente eléctrica; muchos sin agua corriente;

otros con ella, pero desde hace poco. Casas que igual sirven para las ovejas que para los hombres. Y

aunque menos que antes, fiebres de Malta, obviamente. Vida dedicada a la siembra, a la recolección, pero

sobre todo, al intermediario. Muchos de ellos no son propietarios ni siquiera de las tierras que trabajan (no

pasa sólo en Andalucía). No tienen más que pésimas escuelas, una seguridad social que da grima...

Y asi pasa que un bien día, británicamente, sacan los tractores, pero a los arcenes de las carreteras, y se

ponen a pedir 14,60 pesetas para el trigo, 11 para la cebada, etcétera... Yo no soy un técnico en los

meandros de los precios, pero sé rotundamente algo: para que esta gente haya salido de sus pueblos con

miles de tractores y cientos de pancartas, para que se planten en la carretera días y días, es que la

injusticia ha llegado a ser meridiana. Y los beneficios de los intermediarios, intolerables. Y el desnivel, en

cuanto a calidad de vida, con el resto de la sociedad, brutal. Y la falta de una política agraria inteligente y

definitiva, preocupante.

PORQUE—¿lo sabían ustedes?—cuando llegue la democracia, a lo mejor se intente, una vez más, la

reforma agraria. La reforma agraria, en la historia de nuestro país, es—perdónenme—algo rayano en el

cachondeo. Pero quizá en e1 último tramo del siglo XX se consiga por fin organizar seriamente nuestro

campo. No hay que perder la esperanza. Más que nada, porque es lo último que se pierde. ¿O eso era

antes?, ¿o ese concepto era de la época amable y bucólica en la que el campesino, pobre pero honrado,

decía cosas estupendas como "año de nieves, año de bienes"? Ahora dicen: "El campo unido jamás será

vencido." Y ante la propia catedral de Burgos. Cielos.

Luis PANCORBO

 

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