Autor: Hernando, Bernardino M.. 
 Entrevista con el General de los Jesuitas. 
 El Padre Arrupe no es el papa negro     
 
 Informaciones.    05/09/1974.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

VIDA RELIGIOSA

ENTREVISTA CON EL GENERAL DE LOS JESUÍTAS EL PADRE ARRUPE NO ES EL "PAPA NEGRO"

Por Bernardino M. HERNANDO

MADRID, 5. (INFORMACIONES.) — servicio, servicio.

Esta es la palabra clave. Lo mejor que la España cristiana DE hoy puede dar al

mundo es la conciencia de la universalidad de la Iglesia, la responsabilidad

cristiana de abrir las grandes ideas del Evangelio a todos loa pueblos, sobre

todo ítalos mas necesitados, al tercer mundo, para comunicar las riquezas

evangélicas, las grandes verdades de justicia, amor... El reciente Congreso

Mundial de la Población , celebrado en Bucarest, ha sido un ejemplo del influjo

del. cristianismo en la forma cómo allí se han planteado los problemas. La

defensa de- la persona humana, del valor de la vida... han sido conceptos

manejados allí y muy tenidos- en cuenta. Servicio, servicio. Esa es la palabra

clave. Ya no podemos ir por ahí, por el mundo, como acaso se ha ido antes, con

imposiciones, en plan de conquistadores, sino en plan de servicio. El apostolado

es servir. En África o en Latinoamérica. España tiene una gran tarea de

servicio.»

El padre Arrupe, recién llegado a Madrid desde Roma, mastica casi la palabra

«(servicio», que —se nota en seguida— es su evangélica obsesión. Cierra un poco

los ojos y redondea las frases con el ligero aleteo .de sus manos. Es pequeñlto

y suave y todo el coraje de hierro de-be llevarlo por dentro. Es tímido y acude

a mi intempestiva llamada con un delicado aire como de pedir perdón, sirr:

condescendencias paternalistas; aunque en sus ojillos; queda como una pregunta:

«¿Cómo se ha colado usted, hasta aquí?».

Porque esto ha sido una «colada» con todas las > de la ley; una especie de

pacífico atraco: El padre Arrupe se ha levantado de la mesa para contestar a mis

preguntas. Recién llegado del avión y a unos minutos de un nuevo viaje hacia

Loyola, donde presidirá1 el Congreso Internacional de los Jesuítas, iniciado el

pasado día 2. He venido, de improviso, a su transitorio cuartel general de la

avenida de la Moncloa, para robarle unos minutos de descanso. He venido

humildemente, pero él me ha sorprendido con una humildad mayor. Como si el

favorecido fuera él y no yo. Son cosas de estos hombres grandes. He dejado en

alguna parte un pitillo encendido, y me siento frente a él, con la silenciosa

presencia a su lado del padre Sanz-Criado, que han hecho todavía más fácil la

desconsiderada irrupción.

UN HOMBRE DE ACTUALIDAD

—Padre, ¿este Congreso de Loyola es una preparación para la Congregación General

de los jesuítas de diciembre´ próximo?

—No, no. No tiene nada que ver, por lo menos directamente. Este Congreso es un

esfuerzo más por profundizar en- la obra de San Ignacio, en las constituciones

de la Compañía y en los ejercicios, A San: Ignacio se le ha estudiado mucho,

pero todavía queda mucha por estudiar. Sobre todo por aplicar.

—Pero, padre,, ¿qué puede haber de actual en Ignacio de Loyola, un hombre del

siglo XVI?

—Pues mire usted, hay una cosa fundamental: la disponibilidad de espíritu por él

predicaba, ese estar siempre dispuestos a ir donde haga falta. Y otra cosa: el

discernimiento según el espíritu, lo que ahora se llaman «signos de los

tiempos». De una-forma profunda y práctica, San Ignacio expuso ya en su obra esa

atenta escucha a los signos de los tiempos, que es lo que debe dar a la Compañía

su flexibilidad evangélica. Como ejemplo de la actualidad de San Ignacio le

puedo decir

que hace muy poco tiempo el obispo auxiliar . de Oviedo y secretario- del

Episcopado Español, monseñor Tañes, ha publicado una pastoral sobre ese

discernimiento, según, el espíritu, tal como hoy debe aplicarse.

Sí, San Ignacio sigue siendo´ fuente de reflexión, conservando su apostólica

actualidad.. Lo que hace falta es profundizar en- su pensamiento y eso es lo que

estamos intentando hacer.

OBEDIENCIA Y DIALOGO

—San Ignacio habla de disponibilidad y obediencia, ¿no cree usted, que eso

contradice un. tanto: la idea tan de hoy de libertad, y respeto, a la conciencia

individual?

—No, no. San Ignacio respeta mucho la conciencia individual. Tenga usted en

cuenta que la Compañía es la única organización religiosa. donde1 está

establecida la famosa «cuenta de conciencia» que cada jesuíta debe dar a su

superior y en la. que se compagina la personalidad de cada cual con la

obediencia. La obediencia deja de ser imposición absolutista para convertirse en

diálogo respetuoso. Los jesuítas queremos ser fíeles a las líneas eternas del

Evangelio y a la renovación buscada, constantemente, como servicio a la Iglesia.

Es más: hay cosas en las constituciones de la Compañía que sólo ahora pueden

aplicarse en todo su rigor y que en tiempos de San Ignacio sólo muy parcialmente

podían realizarse. Por ejemplo, el conocido «cuarto voto» de obediencia al Papa,

como signo supremo de universalidad. La movilidad que los medios de •

comunicación social permiten hoy, facilitan enormemente el cumplimiento de la

disponibilidad absoluta.

El padre Arrupe tiene prisa, pero no lo parece. El padre- Sanz-Criado rompe su

respetuoso silencio para decir: «Bueno, es. que el padre...». Entiendo

perIectamente y digo aquello de «es la: última pregunta», hago una leve señal de

levantar el campo. Don Pedro Arrape, general de la Compañía de Jesús, al que

antes se llamaba el «papa negro», un hombre de leyenda en. las tradiciones

históricas del pueblo llano, «el general de los jesuítas la congregación mas

poderosa de la Tierra, don Pedro Arrupe, que, según dicen, debería estar

colocado poco menos que en un trono y tal..., pues el padre Arrupe, pequeñito,

suave, tímido, con ideas claras y maneras totalmente sencillas, está frente a

mí, sonriendo, sin prisa aparente. Pero -yo sé que se ha levantado de la mesa

para venir aquí, que le espera un viaje y que no hay que abusar. Por eso me

quedaron en la garganta —sin salir— unas cuantas preguntas que no le haré.

Porque no hay que abusar.

UNIDAD Y POBREZA

—Padre, una última pregunta, ¿cuáles van a ser los temas centrales de la próxima

congregación General de los jesuítas?

—Mire usted, hay un tema central que va a empapar todo lo que allí se trate: la

Compañía tiene que estar en constante reajuste para poder servir- mejor: Pero no

de una forma aislada, como si nosotros fuéramos los únicos ó los mejores. Hace

falta unión y la Compañía debe ser elemento de unión, esa «unió cordium» de que

habla el punto S de las Constituciones. Hace falta pobreza, según el concepto

de pobreza que hoy se asa, pobreza que" posibilite un mejor servicio.

(|Ay las eternas palabras del padre Arrupe ¡Las queridas palabras que él mima

como rostros de una profunda realidad que le preocupa! «Servicio, pobreza,

disponibilidad». No, éste, no es un «papa, negro».

Es un humilde servidor. Como suena. Y. como nunca hay una «última pregunta»;

todavía insisto...).

—Padre, ¿cómo se -ve desde •

fuera la problemática española?

—Ningtura i persona: sensata puede juzgar; desde fuera, los problemas de-

España. Se reciben tantas informaciones y tan • contradictorias • q n e lo mejor

es suspender prudentemente el juicio.

—Y usted es una persona-sensata, naturalmente.

—Bueno, por lo menos, basta ahí sí llego.

(Ríe el padre Arrupe, sonríe más bien.)

Y ha dado un quiebro delicado e Inteligente a la pregunta.- El mismo quiebro •

quedaría a otras preguntas que no le hago: el-carácter vitalicio del generalato,

las divisiones- dentro, de. la_ Compañía, la posibilidad de que, en un momento

determinado, pueda dimitir de su alto cargo, problemas de la Curia Vaticana, la

salud del Papa... ¡Cuántas preguntas, que no. hago! Y tranquilizo mi conciencia

profesional pensando, una vez más, que no debo abusar. He llegado casi-como un

ladrón y me voy agradecido. En su negro traje de «clergyman», dentro de su

delgada y frágil silueta, don Pedro Arrupe me dice, un adiós cordial. Muy

cordial. Como si; tal. cosa. ¿«El papa negro»? ¡Vamos, hombre!

 

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