Autor: García Cantero, Gabriel. 
   El divorcio en España     
 
 ABC.    26/07/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. VIERNES 26 DE JULIO DE 1974.

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

EL DIVORCIO EN ESPAÑA

Señor director de ABC:

En la carta de don José María González Ruiz sobre el divorcio en España,

publicada en el número del 17 de julio, relativa a mi artículo aparecido en el

número de 7 de julio, se hacen puntualizaciones que no corresponden a la

realidad, además de advertencias personales que exigen una respuesta por mi

parte. Le quedaré muy reconocido si publica las líneas que siguen en el diario

de su digna dirección:

1.º El argumento fundamental del señor González Ruiz lo encuentro en el párrafo

final de su carta: «Mi postura ha sido la de defender las enseñanzas recientes

de Pablo VI contra una peligrosa tergiversación, en la que desgraciadamente

enturaban motivos políticos como determinantes principales.» Pues bien, debo

reiterar que la peligrosa tergiversación es la que el señor González Ruiz

realiza del pensamiento del Papa y de toda la doctrina, oficial de la Iglesia

sobre la indisolubilidad del matrimonio por Derecho Natural.

Sería enojoso que transcribiera ahora toda la doctrina tradicional de la Iglesia

católica en este punto desde la «Casti Connubi», de Pió XI (números 546-547),

pasando por la «Pacem ln Terris», de Juan XXIII (número 16). hasta llegar a la

«Gaudium et Spes», en la que —según nos dice el señor González Ruiz en carta—

fueron aceptadas sus doctrinas teológicas, y que habla sin eufemismos de la

epidemia del divorcio (número 47) y reitera la Indisolubilidad (número, 48).

Pero es que el propio Pablo VI ha desmentido la interpretación subjetiva que de

su doctrina nos ofrece el señor González Ruiz. El 10 de mayo, dirigiéndose a fes

obispos italianos en la «Doonus Áurea» de Roma, les decía: «No podemos en este

momento silenciar nuestra plena adhesión a la postura adoptada —por fidelidad al

Evangelio y al constante magisterio de la Iglesia universal— por el Episcopado

italiano en las presentes circunstancias para la defensa y para la promoción

religiosa, moral, cívica, social y jurídica de la familia.

La afirmación hecha por vosotros, pastores sabios y responsables de toda la

comunidad eclesial italiana, sobre la indisolubilidad del matrimonio, fundada

e«i la palabra de Cristo y en la esencia misma de la sociedad conyugal, exige

también de Nos, y de Nos en primer lugar, confirmación abierta, la cual no viene

sugerida por una consideración unilateral del problema, ni quiere tener

repercusión polémica alguna, sino que quiere reconocer públicamente la autoridad

de vuestra notificación pastoral.»

Después del referéndum, al clausurar el 8 de junio la Asamblea General de la

Conferencia Episcopal Italiana, Pablo VI no ha rectificado una tilde de su

anterior toma de posición, sino que ha lamentado «él hecho de que muchos

ciudadanos de este siempre amadísimo país no han sido solidarlos en un

experimentó relativo a un tema, la indisolubilidad del matrimonio, que habría

debido, por indiscutibles razones cívicas y religiosas, encontrarlos bastante

más concordes y más comprensivos, habiendo nuevamente insistido en «la fidelidad

debida a un explícito mandamiento evangélico, a un claro principio de derecho

natural, a una respetuosa invitación de disciplina y comunión eclesial, tan

sabiamente cursada por esta Conferencia Episcopal y revalidada por Nos mismo»

2.° Se justifica, por obra parte, el señor González Ruiz diciendo: «He creído mi

deber el criticar la actitud de buena parte de los responsables de la Iglesia

italiana.» Ocurre, sin embargo, que la Conferencia Episcopal Italiana —órgano

supremo de la Iglesia católica en el país—7 no sólo ha mantenido colegialmente

una actitud favorable a la derogación de la ley de divorcio, sino que después

del resultado adverso del mismo, al concluir la XI Asamblea plenaria, no vacila

en declarar: «No podemos dejar de reprender, de la forma más apremiante y

unánime, principalmente a aquellos sacerdotes o religiosos que se han hecho

exponentes de una oposición casi radical y no solamente episódica a la enseñanza

y a la orientación de los obispos y de la Iglesia; minimizando, de esta, forma,

su mismo ministerio.»

Resulta que el Papa toma postura, que la Conferencia Episcopal Italiana hace lo

mismo, pero el señor González Ruiz defiende lo contrario. Juzgue el lector quién

está en desacuerdo con la doctrina oficial de la Iglesia católica en orden a la

actitud de los católicos ante el referéndum italiano. Urente a ello no cabe

oponer la carta dirigida a las Semanas Sociales de Francia de 1972 por el

cardenal Villot en nombre del Papa, con un motivo que nada tiene que ver con el

divorcio italiano, y cuya interpretación no puede estar en desacuerdo con

posteriores declaraciones del misino Pontífice.

3° En modo alguno he querido poner en duda que el señor González Ruiz tenga el

doctorado en Teología, sino que, precisamente por ello, y porque conozco y sigo

su labor de publicista, me ha parecido oportuno diferenciar claramente sus

opiniones particulares de la doctrina oficial de la Iglesia. Yo no soy teólogo,

sino miembro del pueblo de Dios, que espera, de quienes por oficio tienen la

misión de iluminar, una doctrina ortodoxa sobre los problemas de nuestro tiempo.

Como jurista, creo tener algo que decir sobre el matrimonio. Como hijo de la

Iglesia procuro poner en practica las enseñanzas de la «Gaudium et Spes» a los

seglares (numero 45): «A la conciencia bien formada del seglar toca lograr que

la ley divina quede grabada en la ciudad terrena... Cumplan los laicos su propia

función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la

doctrina del Magisterio.» Por último, como ciudadano español, no me preocupa

tanto lo que en Italia suceda —el Derecho Natural postulará la indisolubilidad

de todo matrimonio, aunque una sola legislación, civil la reconozca en el mundo—

como que en la legislación de nuestro país se siga respetando la doctrina de la

Iglesia en materia matrimonial, tal como disponen nuestras Leyes Fundamentales

(Declaración II de la Ley de Principios del Movimiento).

Pienso que mi posición no es, aislada entre nosotros. Concuerda plenamente con

la declaración hecha pública el 20 de junio pasado por la Confederación Católica

Nacional de Padres de Familia, en donde se manifiesta: «La indisolubilidad de)

vínculo conyugal es una. propiedad de todo matrimonio, aun del meramente civil,

por constituir una norma de Derecho Natural.» La veo también reproducida en el

artículo editorial que la revista «Ecclesla» (órgano de la Acción Católica

Española), del pasado 13 de julio, dedica al tema de los problemas del

matrimonio, y en el que puede leerse: «Los católicos defendemos la

Indisolubilidad del matrimonio no sólo por un expreso mandato de Cristo, que

para nuestra fe es indiscutible, sino que también defendemos esta

indisolubilidad como, un principal esencial de todo matrimonio natural, como un

elemento positivo del bien común.» — Gabriel GARCÍA CANTERO.

 

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