La Iglesia seguirá oponiéndose a los métodos anticonceptivos y apoyando la sana regulación de nacimientos mediante la paternidad responsable  :   
 Pablo VI recordó ante el Congreso Internacional de Farmacéuticos la vigencia de los principio expuesto en la Humanae Vitae. 
 ABC.    08/09/1974.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

DE SEPTIEMBRE DE 1974. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 29.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE Hoy

«LA IGLESIA SEGUIRÁ OPONIÉNDOSE A LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS Y APOYANDO LA SANA

REGULACIÓN DE NACIMIENTOS MEDIANTE LA PATERNIDAD RESPONSABLE»

Pablo VI recordó ante el Congreso Internacional de Farmacéuticos la vigencia de

los principios expuestos en la «Humanae Vitae»

«NUESTRA MISIÓN -DIJO EL PONTÍFICE- NOS IMPONE EL DEFENDER SIN DESFALLECIMIENTOS

LA VIDA HUMANA»

Castelgandolfo (Italia) 7. La Iglesia seguirá oponiéndose a los métodos

anticonceptivos y defendiendo el principio de la «paternidad responsable» en

cuanto al problema de la regulación de nacimientos que reafirmó hoy el Papa

Pablo VI aludiendo a las «graves cuestiones de la concepción humana», ante los

participantes del Congreso internacional de farmacéuticos, reunido en Roma.

El Pontífice, hablando en francés, recordó que la encíclica «Humanae Vitaee» qua

en 1968 rechazaba todos los métodos anticonceptivos antinaturales, seguía

teniendo plena vigencia para la doctrina de 1a Iglesia, cuya enseñanza

«desarrolla en efecto, la visión global del hombre», quo es «la única

verdaderamente iluminador» y la que cuenta con una verdad que no podría depender

de las reacciones de 1» opinión».

"Promovemos. —dijo el Santo Padre— a todos aquellos que quieren situar en primer

plano de sus preocupaciones al hombre, que quieren hacer el esfuerzo de ampliar

sus perspectivas, relativizar los puntos de vista unilateralmente ampliados por

la propaganda, para llegar a un juicio sano y equilibrado sobre los valores en

entredicho.»

Pablo VI puso especiar énfasis al afirmar que «se trata de colocar al nombra

sobre el camino de una paternidad responsable. Y en el mensaje antes citad*

(«Humanae Vitae»), como ya lo había hecho, además, el Concilio Vaticano II.

invitamos a los hombres de ciencia a hacer converger sus estudios y

realizaciones par» favorecer una sana regulación de la procreación humana»

«Ciertamente —prosiguió—, el problema de la limitación de nacimientos sigue

siendo complejo, necesario de considerar con sagacidad bajo todos los aspectos,

humano, ético, cultural, y no solamente bajo el ángulo materialista de la

cantidad.»

Recordó la presencia de la Santa Sede en la Conferencia Mundial para la

Población, en Eucarest así como la clara exposición hecha en dicha reunión sobre

"la negativa de la Iglesia a aceptar las prácticas contrarias al respeto de la

vida humana, como el aborto, la esterilización la anticoncepción mediante medios

que no respeten las leyes de la transmisión de la vida. Ya que nuestra misión

nos impone el defender sin desfallecimientos la vida humana, que es el don

inestimable de Dios. y las leyes sagradas que la regulan».

Insistió el Pontífice en ía exigencia d» que «tanto en el plano de la

investigación científica como en el de las investigaciones de laboratorio o a

nivel personal en el control propio de los esposos, hay que saber pagar el

precio de ana vida verdaderamente humana, conforme al diseño divino. También,

desde luego, sobre el plano económico: no se puede en conciencia buscar una

fuente de beneficios en la distribución de productos que envilecen el hombre j

el amor, o que matan la vida».

Concluyó Pablo VI recordando que esta» exigencias que había evocado «exigen hoy

mucha convicción y valor en la situación de compromiso en que se encuentran

sumidos nuestros contemporáneos. Pero esta» dificultades no deben haceros

retroceder, ya que las orientaciones adoptadas por 1» sociedad dependerán en

parte del vigor de vuestro sentido moral».

Pablo VI dirigió posteriormente saludo en español, inglés y francés a los

congresistas, insistiendo en la «plena correspondencia con las exigencia i de la

dignidad humana y de la ley de Dios» que debe tener el científico en sus

trabajos. —Efe.

 

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