Discurso del cardenal presidente. 
 La religiosidad española es sincera y positiva, pero no está preparada para enfrentarse con el cambio que en todos los ordenes está produciéndose en el mundo  :   
 No deben confundirse las verdades de la fe con expresiones o aplicaciones condicionadas a circumstancias históricas superadas. 
 ABC.    03/07/1973.  Página: 37-39. Páginas: 3. Párrafos: 31. 

DISCURSO DEL CARDENAL PRESIDENTE

«LA RELIGIOSIDAD ESPAÑOLA ES SINCERA Y POSITIVA, PERO NO ESTA PREPARADA PARA

ENFRENTARSE CON EL CAMBIO QUE EN TODOS LOS ORDENES ESTA PRODUCIÉNDOSE EN EL

MUNDO»

"No deben confundirse las verdades de la fe con expresiones o aplicaciones

condicionadas a circunstancias históricas superadas"

´TENDREMOS QUE ESTUDIAR CON CLARIDAD LO QUE PUDIERA HABER DE VERDADERO EN LA

ACUSACIÓN DE QUIENES VEN A LA IGLESIA LIGADA A GRUPOS DE PODER INJUSTOS"

En su discurso de apertura el cárdena] presidente comenzó analizando la

situación religiosa de España y dijo:

Nosotros, en España, tenemos la enorme ventaja de partir de una realidad

extraordinariamente positiva: la religiosidad sincera de nuestro pueblo que, con

los fallos naturales ha sabida encarnar e! cristianismo en su vida. Pero esta

realidad positiva no nos desliga de la obligación de preocuparnos seriamente del

problema de la educación en la fe, antes por el contrario, nos impone un deber

mayor porque esa religiosidad sincera no está preparada para enfrentarse con el

cambio profundo que en todos los órdenes se está produciendo en el mundo y

porque tendríamos una grave responsabilidad si, por timidez o descuido, no

acertáramos a potenciar esa fe solo de otra manera podría peligra? ante el

cambio, nosotros, pastores de la Iglesia en España, tenemos el sacratísimo

deber ¿fe guiar y conducir a la comunidad de los ere* yentes para que, no

solamente no encuentren peligros, antes puedan influir beneficiosamente en esa

sociedad nueva Que ha está formando.

Por eso yo me atrevería a, decir que este tema es, quizá, e! más importante, el

más trascendental, en estos momentos de la. Iglesia r del mundo, tanto por lo

que se refiere al contenido o proyecto de esa educación como por el modo de

llevarlo a la vida de la Iglesia.

CONTENIDO DE LA .FE Y FORMULACIONES HISTÓRICAS

El contenido de la fe no puede cambiar, ni siguiera con los tiempos, La

revelación se completó con los apóstoles y la Iglesia no puede cambiar ni un

ápice de ese tesoro que ha recibido del señor.

Pero es lógico que, según las necesidades de cada tiempo, se subrayen algunas

verdades del depósito revelado o se presenten con mayor fuerza algunas

consecuencias o aplicaciones de las mismas. Y se corre el riesgo, entonces, de

dejar en la penumbra y hasta de olvidar prácticamente parte de la revelación.

Por otra parte, no es menor el riesgo que corren muchos de nuestros cristianos,

acostumbrados a confundir con las verdades de la fe, lo que no eran más que

expresiones o aplicaciones condicionadas a circunstancias históricas de tiempo y

lugar, hoy quizá la superadas.

Aun en el contenido de la educación de la fe tenemos un problema rea1 que es

necesario afrontar y resolver.

El problema surge de una manera vital y preocupante (es lógico que-las

reacciones masivas en cualquier orden de cosas sean siempre un tanto

extremistas) porque pueden subrayarse ahora de un modo casi excluyente los

aspectos que quedaban hasta ahora en la penumbra, olvidando los otros que

también son fundamentales y que deben mantenerse con absoluta vigencia para que

no pierdan sentido las nuevas explicaciones o adaptaciones que se quieran hacer.

El contenido de esa educación ha de ser señalado por los que tenemos la misión

de enseñar y de dirigir al pueblo de Dios. Y nuestra actuación en este campo se

hace imprescindible cuando —por motivos muy explicables— surgen criterios y

orientaciones dispares que pueden desorientar y de hecho desorientan a los

fieles.

Es verdad que el pueblo —-la gran masa de cristianos; no olvidemos que el

cristianismo es, entre nosotros, masivo, lo que teniendo sus grandes ventajas

encierra también no pocos inconvenientes—, necesita de una pedagogía especial y

adecuada para asimilar esa que puede parecer variación en el contenido de la

educación pero que, realmente, no es más que un enriquecimiento. Pero es»

prudencia con la que habremos de actuar no significa, ni puede significar, que

hayamos de mantener literalmente las: mismas fórmulas o los mismos contenidos

accidentales que pueden haber quedado superados.

Si no podemos callar cuando algunos —quizá con buena intención—, sacan

consecuencias desorbitadas de las verdades de fe o hacen aplicaciones

incorrectas de las mismas, quizá poniendo en peligro las mismas verdades

fundamentales, tampoco debemos callar ante quienes, confundiendo las ramas con

el tronco, las explicaciones válidas para determinadas circunstancias con las

mismas verdades, se empeñan en mantener ciertas ramas que florecieron en tiempos

pasados en el árbol de la Iglesia y que fueron signo de su acomodació las

exigencias de aquellas épocas, pero ahora pueden oscurecer, algunas de

orientaciones conciliares.

Los «problemitas» pequeños y párete que muchas veces nos

desasosiegan, son más que consecuencia del gran problema; la Iglesia ha de

evangelizar al hombre de hoy valiéndose de medios adecuat y presentando su

mensaje de salvación nítido y completo, sin las adherencias h manas que

lógicamente han ido acumulandosee en él a través de los siglos, y q

actualmente no sólo carecen de validez sino que le restan

creditibilidad, y sin 1 omisiones o los olvidos que muy explicablemente han

dejado en la penumbra w parte del Mensaje salvador.

LA EVOLUCIÓN DEL MUNDO Y I TAREA EVANGELIZADORA

Ya resulta tópico afirmar que el muñí actual está en plena evolución. Resulta t

pico, pero es una verdad innegable que podemos olvidar los pastores del pueblo

Dios.

Nos encontramos, pues, ante un clima diferente y ante unos hombres distintos a

los que hemos de educar en la fe c han de encarnar en su vida. Y ante unas

corrientes culturales y sociales casi opuestas a las que antes nos sirvieron

para realizar esa tarea evangelizadora.

Se da, además, entre nosotros otro choque hemos de valorar justamente.

Hace unas décadas, la inmensa mayoría de los españoles apenas recibían otra

fluencia en el plano educacional que del sacerdote que les hablaba

todos domingos y que, por medio de distintos procedimientos —misiones

populares, oficios, predicación cuaresmal, etc.—, iba formando la mentalidad y

encauzando las costumbres y las formas sociales de los distintos pueblos de

España.

Actualmente son muchas las influencias que recibe nuestro pueblo, influencias

más sugestivas, más constantes, más acordes con sus preocupaciones temporales,

y que necesariamente han de ir formando su mentalidad, su psicología y hasta su

gusto. El mismo «estilo» de esos medios comunicación social hace que

difícilmente acepten, gusten y asimilen el estilo_ tradicional de nuestra

catequesis y predicación, con lo que hasta en este aspecto se hace indispensable

el que nosotros revisemos nuestros métodos y procedimientos de educación en la

fe si queremos ser eficaces.

No es fácil nuestra tarea. Necesitamos un conocimiento de la realidad social y

de sus incidencias en la mentalidad y en la psicología de los hombres que no es

fácil de conseguir. Necesitamos fórmulas nuevas, procedimientos distintos —lo

que podríamos llamar una nueva metodología— para que nuestra tarea educativa sea

realmente eficaz.

Pero yo me atrevería a decir, hermanos, que siendo enormes esos obstáculos que

podríamos llamar externos a la Iglesia, no son los obstáculos más graves.

Yo creo sinceramente que los mayores obstáculos son los que se presentan dentro

de la misma Iglesia.

LOS OCHO OBSTÁCULOS EN EL INTERIOR DE LA IGLESIA

Y para ser plenamente objetivo en la descripción de los mismos, sin hacer

ninguna concesión a mis particulares puntos de vista, permitidme que os recuerde

los «ocho obstáculos que se observan dentro de la misma Iglesia», según el

esquema del próximo Sínodo Episcopal. Aunque allí se tenga en cuenta la realidad

de la Iglesia universal, por lo que he dicho anteriormente, creo que, aún con

matices un poco distintos puede servirnos su descripción para nuestra Iglesia

local. la Iglesia de España.

«En muchos cristianos la fe está expuesta a tentaciones e incluso llega a

vacilar.» Si esto es cierto, y lo es, por desgracia, también entre nosotros y

por razones muy diversas, casi contradictorias, a veces, porque mientras para

algunos es causa de vacilación en su fe el recuerdo de ciertos hechos pasados,

para otros constituye un escándalo cualquier apariencia de ruptura con el

pasado. Unos y otros necesitan un trato especial delicado para afianzar esa fe

que podría perderse con gran responsabilidad por nuestra porte.

«Algunas tendencias, que tienen su expresión en las teorías de "la muerte de

Dios" y de un cristianismo sin religión, se difunden en parte consciente y en

parte inconsciente e implícitamente» también entre nosotros y para evitarlo es

indispensable un esfuerzo de claridad y de unidad en los educadores de la fe.

«Se nota también una cierta incertidumbre en la fe, que se hace manifiesta

incluso en la interpretación de la Sagrada Escritura, y que algunas veces afecta

a las mismas doctrinas centrales del Evangelio (la identidad de Cristo, su

verdadera divinidad, la resurrección, la índole escatológica del Evangelio, el

significado universal del don mesiánico traído por Cristo, la naturaleza de la

salvación cristiana, etc.).» Y si quizá este obstáculo no presenta

características graves entre nosotros, será necesario tenerlo en cuenta para

evitarlo, previniéndolo con una adecuada formación acerca de esas verdades

fundamentales.

«Hasta los miembros de la misma Iglesia se hallan a veces divididos en la

interpretación de las exigencias morales del Evangelio (ética individual,

familiar, política, etc.)», división que, como sabéis, existe también entre los

mismos sacerdotes que han de ser consejeros y mentores del pueblo cristiano,

produciendo un desconcierto verdaderamente grave que es necesario remediar.

«Los cristianos encuentran dificultad en expresar su propia fe con palabras

asequibles a los hombres de nuestro tiempo», y aún añadiría por mi cuenta que

encuentran también la misma dificultad para encarnar la fe en las nuevas

estructuras sociales y para recibir de ella la luz que les oriente ante la nueva

problemática que el mundo de hoy les presenta.

Nos encontramos, pues, con un problema interno de enorme envergadura al que

hemos de hacer frente con decisión. Son nuevos los problemas, son otras las

exigencias de la realidad actual y estos problemas y estas exigencias nos están

interpelando con fuerza. Ni podemos callar, ni podemos contentarnos con repetir

las fórmulas y soluciones en uso que si fueron válidas en otras situaciones han

perdido su mordiente y hasta, no pocas veces, su validez, en estas

circunstancias tan distintas a las anteriores.

«Con frecuencia se acusa a la Iglesia de ser una institución creada para ocultar

el Evangelio más que para revelarlo.» Y aunque esta acusación sea

fundamentalmente falsa, habremos de considerar si, juzgando las realidades

externas de la Iglesia y de su actuación con los criterios y la psicología de

hoy, puede tener

al menos ciertas apariencias de verdadera. Porque esto sería sumamente grave,

aunque no hubiese culpabilidad propiamente dicha por nuestra parte.

Lo cierto es que esa vacilación en la fe, a la que antes hacía referencia, suele

empezar, ordinariamente, por la fe en la Iglesia-Institución. Es interesante

estudiar bien este problema para evitar hasta las apariencias que puedan dar

verosimilitud a esa acusación.

«La Iglesia no. puede mantener sus instituciones sin medios materiales, pero el

uso de tales medios le hace aparecer, a la vista de muchos, como sospechosa de

colaborar con algunos grupos de poder económico y político, quizá injustos.»

Este será siempre un tema vidrioso que habremos de afrontar con claridad para

disipar sospechas e insinuaciones, que aun siendo malévolas, pueden tener cierto

fundamento, al menos aparente.

«La acentuación del pluralismo en la Iglesia conduce a. la diversidad en las

costumbres, en la disciplina, en la liturgia y, a veces, en la misma formulación

de la fe.» Contra el uniformismo inaceptable se exalta ahora un pluralismo que

puede ser también inaceptable.

Y este es un tema que no podemos olvidar al educar en la fe al pueblo cristiano,

que fácilmente puede exigir un unifoj-mismo que no es viable o caer, por el

contrario, en un pluralismo que rompa la unidad.

 

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