Una importante pastoral del arzobispo de Oviedo sobre las relaciones entre Iglesia y política y la acción social de los sacerdotes  :   
 El juicio sobre posibles desviaciones no es misión de particulares ni de la autoridad civil, sino de los obispos. 
 ABC.    10/01/1971.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

UNA IMPORTANTE PASTORAL DEL ARZOBISPO DE OVIEDO SOBRE LAS RELACIONES ENTRE

IGLESIA Y POLÍTICA Y LA ACCIÓN SOCIAL DE LOS SACERDOTES

El juicio sobre posibles desviaciones no es misión de particuladas ni de la

autoridad civil, sino de los obispos.

La iglesia está por encima de las opciones polítícas, sean del color que sean.

Tan funesto sería que la Iglesia y el Estado pudieran parecer enemigos como

maridados.

Nadie fomente sospechas y discriminaciones entre los sacerdotes con ligereza.

El arzobispo de Oviedo, monseñor Díaz Merchán ha hecho público un amplio e

Importante documento pastoral, cuyos párrafos fundamentales publicamos a

continuación:

«1. Recientemente se ha producido en nuestra diócesis de Oviedo un hecho

importante que afecta a la pastoral de la Iglesia: la denuncia pública de que

algunos clérigos de diferente condición Jerárquica utilizan la sagrada

predicación con fines políticos e Incluso marxistas.

Creo mi deber dirigiros estas reflexiones pastorales con el fin de clarificar en

lo posible la situación creada y orientar a los que, como fieles hijos de la

Iglesia católica, se han sentido turbados y esperan de su pasto; una palabra

autorizada para saber a qué atenerse.

2.En primer lugar deseo expresar, una vez más, mi confianza en el clero

asturiano, con el que estoy especialmente vinculado por la unidad de la misión

jerárquica para servir s toda la comunidad diocesana.

Reconociendo que los sacerdotes pueden tener fallos humanos, quiero afirmar

qua nuestro clero es, gracias a Dios, un clero digno, deseoso de servir a la

Iglesia y amanta del bienestar y de la prosperidad de España en la pacífica

convivencia de todos los españoles.

Las acusaciones que en estos días han a circulado, en un clima de exaltación,

dirigida a grupos de sacerdotes sin determinar, no deben oscurecer la buena fama

y estima, que a todos nos merecen nuestros sacerdotes. Nadie fomente sospechas y

discriminaciones entre los sacerdotes con ligereza, pues, ello perjudicaría

notablemente la vida religiosa de nuestras comunidades cristianas y pondría en

embarazosa situación a todos los sacerdotes en su difícil ministerio de la

predicación sagrada.

PUREZA DE DOCTRINA

3. Es deber de todos los buenos católicos velar por la pureza de la doctrina

y defender a la Iglesia.

La defensa de la Iglesia ha de plantearse en la objetiva verdad de los hechos,

en el respeto a las personas y observando la debida subordinación a la

Jerarquía de la Iglesia.

El juicio público sobre las posibles desviaciones doctrinales en que puedan in

confluir los fieles, sacerdotes o seglares, es competencia por derecho divino de

los obispos y en última apelación del Papa, Cabeza visible de toda la Iglesia.

No es misión do particulares ni de la autoridad civil, aunque ésta sea, ejercida

por miembros de la Iglesia católica. Es materia ajena a su competencia.

Lo» hijos fieles de la Iglesia, aunque también ellos tienen la luí del Espíritu

Santo1 para crear y para propagar su fe, no poseen autoridad doctrinal y han de

aceptar´ el magisterio oficial de la Iglesia, del que los sacerdotes participan

en comunión y subordinación a sus obispos. Cuando los sacerdotes exponen

fielmente la doctrina de un Concilio, las encíclicas pontificias o loa

documentos pastorales d« los obispos y los aplican a sus ambientes, deben ser´

recibidos con religioso respeto como corresponde a los ministros de la Palabra

de1 Dios.

Cuando pudiera parecer a los seglares que algún sacerdote se aparta de la

doctrina de la Iglesia, deberán considerar, en primer lugar, si han entendido

correctamente 16 que el sacerdote ha dicho o ha querido decir, tratando de

interpretarlo bien. Y sí la correcta Interpretación les confirma en sus

apreciaciones, deberán acudir a la competente autoridad de la Iglesia, para que

ella juzgue e intervenga. Tenían en cuenta, no obstante, que a veces quienes

escuchan a los sacerdotes carecen de la especial formación doctrinal en materias

religiosas 7 que su estrañeza puede provenir de esta deficiencia, sobre todo en

tocante a la doctrina social de la Iglesia.

LA INFRACCIÓN DE LAS LEYES CIVILES

4. La Iglesia vive inmersa en la sociedad y los bautizados son, al mismo tiempo,

miembros de la ciudad terrena. Los sacerdotes, también. Por ello puede ocurrir

que algún sacerdote contravenga los preceptos legales de la sociedad en que

vive. En este caso, la autoridad civil, guardando las normas concordadas entre

el Estado español y la Santa Sede, podrá juzgar y sancionar a estas personas en

lo que se refiera a la infracción de las leyes civiles. La sensibilidad de

nuestro tiempo no rusta de fueros de privilegio, ni los sacerdotes lo desean.

Sin embargo, téngase presente que el prestigio de los sacerdotes es un bien para

toda la Iglesia y para la sociedad. Esto exigirá a los sacerdotes mayor esfuerzo

y virtud para obedecer las leyes, y a los demás, cristianos, que han de

juzgarlos, suma discreción, corrección y objetividad.

En la predicación sobre estas materias, tengan presente los sacerdotes que la

corrección de las costumbres ha de ser respetuosa siempre ton las personas,

sobre todo con las constituidas en autoridad; ha de ser desapasionada, de suerte

que no olvide que la responsabilidad de ciertas situaciones es muy difícil de

determinar; ha de limitarse a hechos ciertos, objetivamente considerados, y,

sobre todo, ha de estar siempre impregnada de amor y de misericordia. Mayor

discreción y prudencia es necesaria al referirse a las leyes. El respeto a las

leyes en general y al ordenamiento jurídico de un Estado es sumamente necesario

para el bien común. Nunca existirán leyes absolutamente perfectas. Pero las

leyes son necesarias para que pueda existir una sociedad de personas. El

perfeccionamiento de las leyes, sobre todo en los puntos que más importancia

tienen para la convivencia que garantice mejor los derechos humanos, es un deber

de toda sociedad, que únicamente se obtiene con perseverante y ordenado

esfuerzo.

En materia tan sumamente delicada y difícil, que precisa de puntos de vista más

amplias de los que están a su alcance, el magisterio de los sacerdotes deberá

atenerse fielmente a la pauta que les señalen los obispos.

LA MISIÓN DE LA IGLESIA NO ES POLÍTICA

5. La Iglesia educa las conciencias de les hombres en todas sus actividades,

incluida la política, pero su misión no es hacer política. Está por encima de

las opciones políticas, sean éstas del color que sean. Loas sacerdotes y los

seglares han de poner sumo empeño en no implicar a la Iglesia en las disputas

que Dios dejó a la libre disensión de los hombres para resolver los asuntos

temporales. En la Iglesia caben todos los hombres que profesen la fe católica y

que acepten sus exigencias esenciales y, por tanto, obligatorias.

El respeto debido a los legítimos gobernantes, la colaboración de la Iglesia con

el Estado en ciertas actividades compatibles con sn misión y las buenas

relaciones entre ambas sociedades autónomas y mutuamente independientes, son

exigencias del bien común de las personas, que al mismo tiempo son católicos y

ciudadanos. Pero todos debemos cuidar de que estas relaciones no puedan ofrecer

fundamento para erróneas interpretaciones. Tan funesto sería que la Iglesia y e!

Estado pudieran parecer enemigos como maridados.

Ningún grupo político pretenda identificar a la Iglesia con sus idearios, ni se

apoye en la fuerza social que pueda tener la Iglesia, para fortalecer BUS

posiciones. Igualmente, desde el campo religioso, ningún

católico proponga soluciones políticas concretas como exigencias del Evangelio.

La Iglesia predica la paz entre los hombres y la favorece cuando clama por la

justicia y por la efectiva implantación de los derechos humanos, puesto que el

más profundo germen de inseguridad social radica en las desigualdades injustas e

irritantes. Esto no es tomar partido por anos hombres contra los demás. Es

ayudar a todos a poner loa cimientos de una paz justa y duradera. Es un esfuerzo

para salvarlos a todos.

6. La acción pastoral de los sacerdotes ha de moverse en el campo netamente

eclesial por encima de toda opción partidista. El sacerdote, por ser ciudadano,

puede tener sus preferencias políticas, pero no debe llevarlas al ejercicio de

su ministerio. Deberá incluso abstenerse de aquellas actividades que, siendo de

suyo lícitas, pudieran empañar u obstaculizar su misión eclesial al servicio de

todos los hombres.

Los seglares conscientes han de colaborar también con la Iglesia para mantenerla

en esta postura de libertad y de servicio indiscriminado. No deben presionar a

los sacerdotes para que les den lo que no pueden darles sin grave perjuicio del

ministerio que se les confió en la comunidad de los creyentes.

Porque desgraciadamente ocurre que a veces ensalzan a unos y vituperan a otros,

no por razones puramente eclesiales, sino por motivos terrenos. Más aún, apoyan

rabiosamente una parte del magisterio eclesial que puede favorecerles y

silencian o abominan de lo que no encaja en sus opciones temporales.

Tratemos todos de comprender a la Iglesia y de ayudarla para que no pueda ser

falsamente interpretada por los que desde fuera de ella nos miran con hartos

prejuicios.»

 

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