Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Explosiones controladas     
 
 ABC.    27/04/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

EXPLOSIONES CONTROLADAS

En dos segundos lo que fue un edificio de tres plantas y dos sótanos, coronado por un matritense chapitel filipesco, viene a quedar en «campos de soledad, mustio collado». A esto se le llama un triunfo de la técnica. Sabe el hombre destruir en dos segundos lo que a otro hombre le llevó toda una vida, todo un talento construir. No hay peligro alguno. Basta colocar con precisión unos centenares de barrenos y abrir unas zanjas aislantes para que el edificio se derrumbe sobre sí mismo sin daño para los próximos y colindantes. Tiene esta técnica un nombre: explosión controlada.

La nube de polvo rojo desciende, se deposita sobre los escombros. Entre las piedras, fragmentos de metal brillan heridos por el sol. Son los huesos rotos de una rotativa. El alma de .las ruinas está ahí. Esa casa albergaba un espíritu de comunicación. Esa rotativa cumplió durante muchas décadas el alto cometido de unir a muchos hombres en la comunidad de unos criterios, de unas ideas. Pueden los hombres sustentar estas o aquellas ideas; ideas afines o ideas contrarias. Una rotativa es el vehículo material de noticias, de comentarios, de ideas que unen a muchos hombres aunque —es inevitable— les separen o por lo menos les distingan, les diferencien de otros. El grado de viabilidad, de madurez de una sociedad lo da la coexistencia de rotativas que sostienen credos diferentes. Cuando todas las rotativas giran unánimes, la sociedad a que sirven disfruta de un grado máximo de coherencia, de autoridad; de un grado mínimo de libertad, de autenticidad. Los escombros de las tres plantas de ese edificio han caído sobre una rotativa, aplastándola, amordazando definitivamente su voz. ¿por qué?

Dice un medido, un inteligente pie de fotografía de A B C que «el derecho de la sociedad a contar con medios de expresión libres e independientes» es un derecho auténtico, inalienable. Hay quienes demagógicamente niegan la independencia de la Prensca con el alegato de que todo periódico depende de algún grupo político, de algún grupo de intereses, de algún grupo de presión. En eso, precisamente, consiste la independencia de la Prensa: en depender de una parte y en no depender del todo. La fisonomía de una sociedad se perfila por órganos periodísticos que dependiendo cada uno de algo a lo que sirve, cuyo espíritu expresa, dan en su armoniosa discordancia —no hay paradoja en la expresión de armonía discordante— dan voz a eso que en nuestra actual terminología se llama «pluralidad» o «concurrencia de pareceres». Calificaba Cánovas del Castillo de «fácil pero estúpida» a la bandera «del todo o nada, que jamás ha aprovechado en este mundo a nadie». Parece que los 800 barrenos de la explosión controlada que ha derruido al veterano edificio del diario «Madrid» han tenido como fulminante ese «todo o nada» que jamás aprovecha a nadie.

Séame perdonada la impertinencia, la pedantería de las citas. Dijo Ghandhi un día: «La regla de oro de la conducta es la tolerancia mutua. Sin proponérselo, puntualizó Paul H. Spaak otro: «La tolerancia no hace renunciar a ninguna idea ni pactar con el mal, Implica únicamente que se acepte que otros no piensen como uno, sin odiarles por eso.» ¿Puede hablarse de tolerancia cuando actúan los barrenos? ¿Estamos seguros de que todas las explosiones que origine la intolerancia serán siempre explosiones controladas?—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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