Si no estamos abiertos a la nueva sociedad, no servimos ni a Dios ni a los hombres  :   
 Ponencia del padre Tillard en la semana de reflexión para religiosos. 
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Si no estamos abiertos a la nueva sociedad, no servimos ni a Dios ni a los

hombres

PONENCIA DEL PADRE TILLARD EN LA SEMANA DE REFLEXIÓN PARA RELIGIOSOS

MADRID, 2. (Logos.)—"Actitudes y conductas de los Instintos religiosos en la

sociedad rural, urbana e Industrial" ha «Ido la ponencia expuesta por don

Gerardo Pastot, de la Universidad Pontificia de Salamanca, en la II Semana

Nacional de Reflexión, para religiosos y religiosa».

El padre Jean R. Tillard, profesor de Teología en la Universidad de Ottawa,

habló a continuación de "Valores esenciales de la vida religiosa en la nueva

sociedad" (Insuficiencia de las formas tradicionales ante la reestructuración

exigida hoy por la vida religiosa, ¿Cómo organizamos en el futuro?).

La sociedad evoluciona, y por ello, ´´si no estamos—dijo—atentos y abiertos a la

nueva sociedad, no podemos servir ni a los hombres ni a Dios. La adaptación no

es oportunista ni moda; afecta a nuestro comportamiento más característico y

debe ir hasta el fondo porque pone en juego la fidelidad al Espíritu".

Las "grandes obras" nos sumergen en un círculo vicioso: para servir a los

pobres creamos obras apostólicas costosas; éstas nos exigen muchas veces

aliarnos con los "poderosos", lo cual nos quita libertat para estar con los

pobres La pobreza ha sido reducida a su dimensión ascética de dependencia y

ahorro en orden a la capitalización para mantener las "obras". En la nueva

sociedad el religiosa vivirá del salario de su trabajo, y el superávit debido a

la austeridad real de la comunidad se entregará a los pobres, como exige el

Evangelio.

Respecto de la castidad, las repercusiones deben ser: en la nueva situación

laboral la castidad positiva no puede ampararse en el apartamiento y la huida,

sino que será la conquista de unas relaciones adultas: el religioso entra en la

misma situación del esposo que quiere ser fiel; no hay que dramatizar ni

prestarse ligeramente a experiencias, sino sencillamente vivir desde la solidez

del amor a Cristo como valor prioritario.

 

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