Comprender a la Iglesia     
 
 Ya.    07/12/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ver, oír y... contarlo

Comprender a la Iglesia

Da "ABC"

"Tal vez la energía con qua te Iglesia trata de colmar su retraso social no esté

contrapesada por una energía paralela «n superar su retraso cultural, y la

sociedad espera, también con ansia, un decisivo impulso en este terreno por

parte de la Institución que, durante siglos, se identificó con el progreso

cultural de Occidente. Nada sería más contrario a esa tradición constitutiva que

abordar loa grandes problemas de la transformación social contemporánea desde

una base cultural´ insuficiente O, peor aún, emprestada de sistemas ajenos a

toda espiritualidad, como a veces, y desde .luego, por excepción, han Insinuado

algunos grupos marginales.

Pero no conviene perder de vista el hecho capital: la Iglesia no es, en el

fondo, ni una Institución cultural ni una Institución meramente social, sino una

institución religiosa: un puente humano a la vez y divino entre los hombres y

Dios. Todas las demás dimensiones de so ser y, de su historia, todas las

eventuales estructuras de su apariencia no son, en e! fondo, más que andamiaje y

accidente; la esencia vive mucho más adentro.

Ahora bien, en su decidida adaptación al Inmediato futuro, la Iglesia impulsa y

mueve a los mismos hombres que Integran la sociedad civil, estructurada y regida

por el Estado. La dialéctica de la Iglesia y el Estado dentro del plano social —

con sus inevitables implicaciones políticas—suele plantearse en nuestros días,

quizá, obsesivamente, con espíritu de antítesis. Consecuencia casi inevitable:

la polémica, el encrespamiento, la esterilización de esfuerzos, la Indiferencia

del pueblo, la caída en el bízantinismo. Por parte del Estado no seria

comprensible limitarse a la crítica negativa de algunas nuevas posiciones

eclesiásticas. La sociedad española necesita y espera, por encima de esa

crítica, una clara definición política del Estado en este terreno, y, como en

otros terrenos, esa definición política sigue todavía, después de los años,

prácticamente Inédita.

En la línea, serena y nobilísima, recién expuesta por el cardenal arzobispo de

Madrid, ¿no cabría, por parte de todos, abandonar el espíritu de antítesis para

abrazar la actitud, mucho más difícil y quizá mucho más cristiana a la vez, y

más política, de síntesis? Es posible que algunas avanzadas de la Iglesia se

dejen influir demasiado; por ciertas directrices más políticas que

eclesiásticas; es posible que algunos sectores del Estado no comprendan el

avance adaptador de la Iglesia porque ellos mismos no se han decidido a

abandonar la cómoda penumbra del inmovilismo. Para quienes incurran en ese error

conviene subrayar que no es la Iglesia quien avanza demasiado, sino esos mismos

sectores quienes se obstinan en no plantearse siquiera no ya el avance de la

Iglesia, sino su propio avance, ineludible, urgente.

Estamos seguros de que en la Iglesia y en el Estado existe la imprescindible

base de comprensión y de experiencia histórica y política para intentar, de

forma a la vez conjunta y autónoma, un camino de síntesis. Quienes emprendan y

sigan ese camino pueden contar, y ellos lo saben, con un pueblo que es, en su

inmensa mayoría, a la vez el pueblo de Dios y el pueblo de´ España."

 

< Volver