Acusaciones arbitrarias     
 
 Ya.    04/02/1973.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

4-II-1973

Acusaciones arbitrarias

EN un arrebato oratorio, dijo Castelar en el Parlamento que en el puerto de

Cádiz "se han reunido tantas veces todas las naves de la tierra". Con menos

excusa, porque el tiempo que se tarda en escribir un disparate da lugar a pisar

eficazmente el freno, un académico y ex profesor de historia nos dice, hace un

par de días en un diario de la tarde, que con deplorable pasividad por parte la

mayoría de los obispos españoles, "una minoría eclesiástica adueñada de los

puestos clave"... "asume, actualiza e impulsa el conjunto de desviaciones

heréticas de todos los tiempos". Y, lo que no hizo Castelar, nuestro académico

va enumerando todas las naves de la tierra que han echado el ancla en el puerto

del progresismo clerical indígena: "irenismo, historicismo, relativismo,

subjetivismo, inmanentismo antropológico, materialismo dialéctico, naturalismo,

quietismo, gnosis, escepticismo, increencia...", actitudes intelectuales a las

que corresponde en el orden práctico "la negación, mixtificación o mutilación de

una gran parte del mensaje divino de la tradición y el magisterio, de la noción

de pecado, del origen y naturaleza divina, de la Iglesia y el sacerdocio y el -

destino trascendente del hombre".

Razón tendría la Hermandad Sacerdotal, a cuyo amparo nuestro académico se acoge,

para afirmar que tales principios de la "Nueva Iglesia" "no pueden admitirse sin

apostasía", si a continuación probara con más que vaguedades que semejante

Iglesia nueva trabaja ante los ojos entornados de los obispos españoles.

POR desgracia, en un artículo que ocupa dos planas completas, el académico

desciende a las acusaciones más severas y, lo decimos con pena, escandalosas.

Por ejemplo, que los órganos representativos de la Iglesia española están

"entregados con verdadera pasión a la tarea de convertir la religión en un mero

epifenómeno de la política"; que hasta la Nunciatura coopera en que "el

parlamentarismo decimonónico fluya por todo el ámbito jerárquico"; que "la

elección para las comisiones episcopales recae invariablemente en quienes

pertenecen a una determinada orientación"; "que los más avanzados en la

politización" obtienen "el predominio absoluto y su rápido encumbramiento

episcopal por la vía copiosa de los obispos auxiliares, contra el espíritu y la

letra del Concordato"; que la Iglesia española "hace suyo el demoliberalismo";

que la inversión de los fondos de Caritas está politizada; que hay seminarios

donde la enseñanza que se imparte es marxista; que el separatismo vasco, catalán

y gallego tienen su principal inspiración y sus cuadros en el clero progresista;

que los consejos presbiteriales están Integrados siempre por eclesiásticos de la

misma orientación.

Todo vago, todo fácil de afirmar, todo deleznable. Por ejemplo, ¿puede negarse

que los veinte prelados que votaron en contra del reciente documento colectivo

forman todos ellos parte de alguna comisión episcopal? ¿No hay entre et clero

preconciliar y todo lo contrario de progresista inspiradores del separatismo?

¿No hay antiprogresistas llegados a la Jerarquía por el portillo de los obispo í

auxiliares?

¿Puede ponerse algún ejemplo nominal de seminario marxista?.

NO mencionaremos al autor de tan arbitrarios acusaciones, porque su edad te hace

más .respetable que sus argumentos. No quisiéramos que tas lectores juzgaran los

miles de páginas; de su anterior obra histórica y sociológico por la

superficialidad que este vez ha encontrado para manifestarse tanta superficie.

Otro cosa nos duele: el obstinado ataque a las orientaciones del Papa y de las

obispos con que alguna prensa espera dar marcha atrás a la Iglesia ; el tono

descomedido que tan molos servicios está prestando a la sociedad española. Las

caricaturas del Concilio no sirven a la Iglesia, ni nueva visto.

 

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