Un año de orfandad     
 
 Ya.    16/12/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

16-XII-1972

Un año de orfandad

Trasladamos de la revista "Ecclesia":

"En los primeros días de diciembre se ha cumplido un año desde que, por

fallecimiento del cardenal Quiroga y traslado a otras diócesis de sus

respectivos obispos, "se encuentran vacantes las sedes do Compostela, Cádiz,

Gerona y Tarazona. Cuatro diócesis de importancia hace más de un año sufren una

triste orfandad espiritual, que afecta a casi dos millones y medio de católicos.

El problema, por desgracia, no es Insólito en la reciente vida de la Iglesia

española, donde la provisión de las diócesis vacantes padece un endémico y

alarmante retraso, contrario a la normal práctica eclesiástica del mundo entero.

Pues la Santa Sede, urgida por el bien espiritual de las almas, realiza de

ordinario los nombramientos episcopales con la máxima celeridad, siendo habitual

que la situación transitoria se resuelva en pocas semanas.

Pablo VI, desde el principio de su pontificado, expresó con claridad que uno de

los principales objetivos1 de la renovación conciliar había de consistir en "dar

consistencia y vitalidad a la comunidad diocesana, fortaleciendo y vivificando

los vínculos espirituales y disciplinares que la unen al obispo"; e indicaba que

era "necesario llevar esto a resultados más evidentes y eficientes". La

vitalidad de una diócesis depende de la presencia del pastor que ha de guiarla.

"El obispo debe aparecer como padre, maestro, educador, consolador, amigo y

consejero; pastor, en una palabra." "La .jerarquía es—nos recuerda Pablo VI—la

causa eficiente, el principio de vida de la Iglesia; Dios no quiso que

camináramos como ovejas sin pastor."

Es evidente que, a pesar d« la benemérita solicitud de los vicarios capitulares

o de los administradores apostólicos, las diócesis que se encuentran largo

tiempo sin obispo sufren una paralización de la actividad pastoral, una

transitoriedad en su programación apostólica y un clima enervante de

expectación, que desorienta y perjudica a sacerdotes y fieles.

Por eso, el Padre Santo, en junio de 1969, expresaba su profundo deseo de que

pronto—y de esto hace ya tres años y me dio—todas las diócesis españolas

estuvieran cubiertas. Los deseos pontificios, sin embargo, no se han visto

cumplidos.

El pasado año, al nombrarse en el mes de diciembre los arzobispos de Toledo,

Madrld-Alcaíá, Barcelona y Pamplona y los obispos de Bilbao, Córdoba, Santander

y Segorbe-Castellón, pareció iniciarse una nueva etapa de satisfactoria

normalización. Pero durante todo el año 1972 la situación ha empeorado, ya que a

las cuatro vacantes indicadas se ha unido una más por fallecimiento del obispo

de Teruel en el mes de octubre. En todo el año 1972 no se ha realizado ningún

nombramiento de obispo residencial en España. Podríamos añadir, a las cinco

vacantes, otras tres diócesis cuyos titulares, por su avanzada edad, deberían

ser plenamente jubilados, según las actuales disposiciones del Derecho canónico.

Se trata, pues, de una grave realidad de la Iglesia española que no podemos ni

olvidar ni ocultar. En La Iglesia, la suprema ley, a la. que debe subordinarse

toda otra consideración temporal, es el bien espiritual del pueblo de Dios. El

actual sistema de nombramiento de nuestros obispos evidentemente no funciona, y

provoca daños difícilmente reparables en la vida cristiana de las comunidades

diocesanas. Un año sin obispo es un mal de insospechadas consecuencias. Si no

existieran otras serlas e importantes razones de orden teológico y pastoral para

rechazar dicho sistema, bastarían estas prolongadas orfandades diocesanas, que

tan sensiblemente dañan m vida y la acción de la Iglesia, para reafirmar el

justo deseo de que prontamente sea superado, según la expresa doctrina del

Vaticano II."

 

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