Concluyeron ayer en Zaragoza las Jornadas Sacerdotales Internacionales  :   
 Las conclusiones de sus trabajos fueron aprobadas entre grandes aplausos. 
 ABC.    29/09/1972.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

A B C. VIERNE S 29 DE -SETIEMBRE DE 1972, EDICIÓN DE 1 LA IGLESIA EN EL MUNDO

DÉ HOY

CONCLUYERON AYER EN ZARAGOZA LAS JORNADAS SACERDOTALES IRRACIONALES

Las conclusiones de sus trabajos fueron aprobadas entre grandes aplausos

Zaragoza 28. Con una misa concelebrada por sacerdotes de diversas nacionalidades

en la catedral basílica del Pilar, en sufragio y homenaje a ios obispos,

sacerdotes y religiosos, mártires de Cristo de nuestro tiempo, se clausuraron

las Jornadas Sacerdotales Internacionales organizadas por la Hermandad

Sacerdotal Española.

Por la mañana, el canónigo de San Sebastián, Ramón Orbe, pronuncie una

conferencia sobre el tema «La familia, semillero de vocaciones sacerdotales».

Seguidamente hizo uso de la palabra, con una alocución, el sacerdote

norteamericano Joseph Cedra. Y por el último el secretario de la citada

Hermandad, padre Venancio Marcos, dio lectura a las conclusiones, todas y cada

una de las cuales fueron acogidas con grandes aplausos por los asistentes. Son

las siguientes:

«Primera

La Junta Nacional dé la Hermandad Sacerdotal Española y todos los congresistas

damos, en primer lugar, gracias a Dios y a la Virgen Santísima del -Pilar por el

feliz éxito de estas Jornadas, transcurridas entre, la oración y el estudio,

conforme al propósito dé la convocatoria. Al feliz éxito creemos que han

contribuido, muy eficazmente, las oraciones y los sacrificios de las monjas de

clausura de España y de otras almas buenas.

Segunda.—Agradecemos igualmente de todo corazón a su excelencia reverendísima

don Pedro Cantero, arzobispo de Zaragoza, la benevolencia con que acogió y

autorizó nuestra iniciativa de celebrar las Jornadas en su capital diocesana,

asi como él elogio hecho a nuestra fidelidad, a la Iglesia y al Romano

Pontífice, a raíz de los turbios acontecimientos que las precedieron. Nos duele

que una extraña decisión, para nosotros inexplicable, nos "haya privado de la

compañía de los numerosos obispos españoles y extranjeros que habían prometido

su asistencia a las Jornadas v esperamos fue Dios sabrá sacar bien del mal para

nuestro bien y el de toda ´a Santa Iglesia.

Tercera.—Expresamos, ante todo, nuestra total e´ incondicional adhesión a la

Sede de Pedro, lamentando los malentendidos y. hasta las difamaciones que con

respecto a nuestra lealtad y obediencia a la jerarquía han surgido involuntaria

o intencionadamente con ocasión de las Jornadas. Esta adhesión y gratitud al

Roma, no Pontífice van referidas, de un modo especialisimo a su constante

iluminación de la doctrina tradicional sobre el sacerdocio, a su solicitud por

mantener pura la idea sacerdotal ratificando la ley del celibato y confirmando

cuanto el Sínodo último de Roma dijo en su documento acerca del sacerdocio

ministerial.

Cuarta.—^Rechazamos, por consiguiente, los movimientos sacerdotales de

contestación y desacralización, queriendo consagrarnos a la evangelización y

sacramentalización, sin degradar ni desvirtuar nuestro ministerio, llevándolo a

una marxístizante lucha de clases, can daño y escándalo de muchas almas.

Quinta.—Con fe firme y respeto santo a la tradición y al magisterio, queremos

que la Hermandad continúe discurriendo por cauces de sensatez y .equilibrio, sin

derivar hacia ningún extremismo peligroso ni incurrir en demoledora pastoral

teológica y extravagantes liturgias indisciplinadas. Y, mientras reconocemos un

pluralismo legitimo, nos oponemos a otro que se invoca para desvirtuar la verdad

dogmática y permite profesarse católicos mientras se propalan verdaderas

aberraciones teológicas y disciplinarias.

Sexta.—Queremos cultivar el sentido misionero y universal del sacerdocio como

exigencia de nuestra participación en el apostolado jerárquico; que nuestro

apostolado se nuestra de fe viva y comunicación constante con Dios en la oración

y que en cuanto sea posible ocupe a tiempo pleno el ejercicio de nuestro

ministerio, considerando todas las demás ocupaciones como legitimadas por su

ordenación y subordinación a la salvación de las almas.

Séptima.—Deploramos las numerosas deserciones sacerdotales de estos últimos

años, haciendo nuestro el lamento expresado en reciente ocasión por el Padre

Santo con motivo de estos abandonas. Y mientras reconocemos y queremos que los

que abandonan las filas del sacerdocio sean tratados con exquisita caridad,

lamentamos ciertos excesos de atenciones a los mismos, equivalentes, a veces, a

una expresa invitación a los que quedan para que sigan el camino de los que se

van.

Octava.—Hacemos votos por el*florecimiento de las vocaciones sacerdotales y

pedimos que no se hable con desprecio de los Seminarios tradicionales, sino que

éstos se renueven en el espíritu de oración, estudio, disciplina y vida de

comunidad, ya que las experiencias hechas en diversos sentidos no han llenado

los Seminarios, sino que, por el contrario, los han vaciado.

Novena.—Queremos que se haga realidad el derecho de los sacerdotes reconocido

por el último concilio a asociarse para una vida de mayor santidad y eficacia

apostólica, sin poner trabas de ninguna clase, contrarias a un legítimo

pluralismo.

Décima.—Pedimos que al abordar temas temporales o sociopolíticos, los sacerdotes

lo hagan siempre con verdadero espíritu evangélico, sin que la que llaman

«denuncia profética» se traduzca en maquinación política, ya que el acatamiento

y la obediencia a los poderes legítimos no con de opción para el cristiano y más

sí es sacerdote, sino de verdadera obligación, como nos advierte San Pablo.

Decimoprimera.—Los congresistas españoles reiteramos, una vez más, nuestra

incondicional adhesión al documento emanado de la Sagrada Congregación del Clero

y dirigido a la Conferencia Episcopal Española como servicio y ayuda para la

corrección y perfeccionamiento de las conclusiones elaboradas por la Asamblea

con junta de obispos y sacerdotes tenida en Madrid en el mes de septiembre de

1971.

Lo consideramos instrumento indispensable para la ortodoxa aplicación de dichas

conclusiones y prueba de feliz acatamiento a un documento de la Santa Sede.

Decimosegunda.—Finalmente, queremos proceder como pastores, dispuestos a dar la

vida por nuestras ovejas. Para conseguirlo siendo fieles ministros de Cristo y

de su Iglesia, queremos mantener viva la conciencia de nuestra solidaridad con

todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia; obedientes a

las consignas de su cabeza visible, que es el Papa, y confiarnos como hijos

amantísimos a la Virgen María, madre nuestra y madre de la Iglesia.—Cifra.

 

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