Autor: BERRUEZO. 
   El padre de monseñor Argaya era guipuzcoano     
 
 ABC.    21/11/1968.  Página: 21/11/1968. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

PADRE DE MONSEÑOR ARGAYA ERA GUIPUZCOANO

Jan Sebastián 20. (De nuestro corresponsal.) La noticia del nombramiento de

monseñor Jacinto Argayo, para ocupar la sede episcopal de San Sebastián ha

producido honda alegría en toda la provincia.

Monseñor Argaya es un vasco de la misma raya del Pirineo. Su padre era del

corazón de Guipúzcoa, de Leaburu, pueblecito situado en las proximidades de

Tolosa. Y su madre, de Vera del Bidasoa, en tierras de Navarra, donde vio la luz

primera el nuevo prelado donostiarra hace sesenta y cinco años. Dios bendijo el

hogar de los señores de Argaya con trece hijos, nueve varones y cuatro hembras,

de los que en la actualidad viven once. Tres hermanos de monseñor Argaya son

también sacerdotes, uno de ellos religioso capuchino.

Las hermanas de don Jacinto Argaya residen en Vera del Bidasoa, de la casona

solariega que se llama "Argaya-Énea", Allí han tenido que responder hoy a las

llamadas de los periodistas donostiarras que han acudido a charlar con ellas.

Muy discretas, apenas si querían hablar. Ponían de manifiesto la mucha

responsabilidad que ahora pesaría sobre los hombros de su hermano al tener que

dirigir la diócesis de San Sebastián. Preferían hablar de su hermano en los años

mozos, cuando iba a la escuela de Vera y jugaba a la pelota con los otros chicos

del pueblo.

Una única afirmación categórica: "Nos parece—dijeron—que nuestro hermano es un

poco avanzado."

El párroco de Vera, don José Sarobe, quien conoce y trata a monseñor Argaya, ha

dicho que cree que el prelado no es ni progresista ni conservador. "Es—ha dicho—

muy prudente, muy diplomático."

En Vera del Bidasoa todo el mundo estaba hoy contento. Los que fueron sus

compañeros de juegos infantiles eran los que más manifestaban su alborozo.

"Es un hombre muy campechano—nos ha dicho uno de ellos—. Y se da una gran maña

para hacer esos pequeños arreglos de las casas, como una fuente que se estropea,

una manilla que no funciona, una avería en la luz..."

Vera, envuelta en el paisaje otoñal del Pirineo, que tantas veces describió

Baraja, vivía hoy unas horas de alegría al saber que uno de sus hijos iba a

regir la sede donostiarra.—BERRUEZO.

 

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