Madrid, arzobispado     
 
 ABC.    31/03/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MADRID, ARZOBISPADO

Seis meses largos de "sede vacante" llenaban de expectación el nombramiento tan

esperado de prelado para Madrid: lo que en otras partes será sólo cabala y

comidilla entre eclesiásticos, en España es curiosidad y juego de nombres entre

todos. En este caso, la ansiedad era mayor no sólo por lo largo del plazo en la

espera, sino porque el anterior prelado, el patriarca-obispo, habla gobernado la

diócesis durante cuarenta años. Madrid tiene planteados problemas pastorales que

desbordan con mucho el ambiente eclesiástico: del suburbio al centro de la

ciudad, de la Sierra al Seminario, la vida de hoy llena de apremios la tarea

pastoral. La diócesis de Madrid, una de las más modernas de España, creada en la

segunda mitad del siglo pasado, es ahora, con Barcelona, arzobispado; se trata,

pues, en la decisión papal, de una respuesta necesaria, urgente, a lo que la

gran ciudad, "mundo" variado y difícil, exige.

El nuevo arzobispo de Madrid, monseñor Morcillo, es Usura familiar a los

madrileños. Madrileño de la Sierra, fue obispo auxiliar antes de cumplir los

cuarenta años; ya en ese tiempo se le veía tanto en el suburbio como en la

estación o en el aeropuerto. Obispo viajero, conocedor profundo de la realidad

religiosa europea, se ha volcado materialmente en viajes, preocupación e

instituciones hacia Hispanoamérica; en la Ciudad Universitaria de Madrid

funciona, bajo su muy directo gobierno, un Seminario para seminaristas que van

luego a Hispanoamérica.

Este obispo serrano, popular en los suburbios, asomado a todas las inquietudes,

dramas y esperanzas del mundo contemporáneo; este secretario del Concilio es,

como madrileño fino, hombre bien abierto a los problemas intelectuales.

Recordamos, entre tantas cosas, su preocupada, cariñosa visita cuando la larga

agonía de don José Ortega y Gasset. Ese Seminario de la Ciudad Universitaria se

llama por su gusto Colegio Mayor Teológico.

Madrid, Arzobispado, comienza una nueva etapa: también en la que llamarán muchos

para entenderse "política eclesiástica" y que rectamente debe llamarse "tarea

pastoral", la acción de Madrid tiene, lógicamente, repercusión en todo él ámbito

nacional. Hay problemas pastorales que acusan su presencia hasta en las

películas. Por eso, la llegada de un prelado con años de madures e impulsos

juveniles, dentro de un Pontificado como el de Pablo VI, puede ser calificado de

acontecimiento.

 

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