Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   Barcelona: poco entusiamo por las asociaciones políticas  :   
 Señor Oreja: "Es preciso reconocer a las regiones un auténtico poder propio". 
   20/01/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

VIDA POLÍTICA

BARCELONA: POCO ENTUSIASMO POR LAS ASOCIACIONES POLÍTICAS

SEÑOR OREJA: «ES PRECISO RECONOCER A LAS REGIONES UN AUTENTICO PODER

PROPIO»

BARCELONA, 20. — Mientras los periódicos barceloneses dedican especial atención a las noticias sobre

las asociaciones, que parece se van fraguando en Madrid, lo cierto es que en Cataluña, hasta el momento,

el escepticismo es total al respecto. Nadie se aventura a forjar asociación política alguna, y sólo ramalazos

madrileños llegan hasta aquí. Por ejemplo, según «Diario de Barce1ona» de ayer, «tenemos lo que se ha

venido en llamar "disparidad" en el seno del grupo que apoya a Fraga en Cataluña. Parece que existe una

clara división y un sector se inclina por crear la asociación en torno al ex ministro, en tanto que otro grupo

no cree llegado el momento para ello».

Incluso la proyectada asociación político-deportiva del señor Samaranch —anunciada personalmente por

el presidente de la Diputación a este corresponsa1— ha sido posteriormente desmentida. Aparte otras

consideraciones, un factor importante en este abstencionismo catalán —a juicio dé círculos políticos sol-

ventes— se encuentra en el hecho de que no se puedan crear asociaciones regionales.

En este sentido, el periódico citado da cuenta de una reciente reunión celebrada a instancias del Instituto

de Estudios Europeos de Barcelona y a la que asistieron «unas treinta personas de diversas tendencias

dentro del marco regionalista».

Los reunidos analizaron las posibilidades asociativas actuales. Una opinión fue coincidente: el Estatuto

aprobado sobre asociaciones no satisface las necesidades políticas catalanas. Respecto a la víabilidad

asociativa, el señor Tarragona ha manifestado a este cronista su opinión negativa y sus nulos deseos de in-

tegrarse en cualquier asociación, mientras los cauces no sean notoriamente ampliados.

UN PODER POLÍTICO CATALÁN

En este orden de cosas, ayer mismo «El Correo Catalán» publicaba los resultados de una mesa redonda

con asistencia de siete cualificados representantes del empresariado catalán, los señores Fabra, ex

presidente de la Cámara de Comercio de Tortosa; Ferrer, presidente de la Cámara de Comercio de

Gerona; Forrellad, director de la Caja de Ahorros de Sabadell; Giralt, director del Banco Mercantil de

Manresa; Simeó Miquel, abogado de Lerida; Pont i Amengual, comerciante de Reus, y Pujol,

vicepresidente de Banca Catalana. La tesis común es la siguiente: «Necesitamos un órgano político para

toda Cataluña, con unas características políticamente nuestras y con medios necesarios para ser eficaz

(...). La ausencia de un poder político catalán hace mucho más difícil la solución de los desequilibrios

económicos.»

Precisamente, según ha trascendido, se ha celebrado una reunión extraordinaria de la Junta, directiva de la

Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, a fin de abordar la problemática económico-

laboral, tan delicada a raíz de los conflictos que desde finales de verano se suceden aquí. De acuerdo con

algunas versiones, y aunque todavía no se ha facilitado comunicado oficial, los empresarios habrían

estudiado las implicaciones socio - políticas de la crisis y habrían tratado de ofrecer un pensamiento

común, respondiendo así a los requerimientos de numerosos trabajadores de Seat, con el fin de que se

emitiera un juicio empresarial en torno a tales problemas.

DON MARCELINO OREJA

Por fin, añadamos que don Marcelino Oreja, consejero nacional y ex subsecretario de Información y

Turismo con don Pío Cabanillas, era entrevistado ayer en «El Correo Catalán». He aquí sus palabras

sobre regionalismo:

«Para mi las regiones constituyen cuerpos políticos naturales con áreas de competencia propias y con

áreas de coordinación obligadas. No basta, por consiguiente, con la mera atribución a las regiones de

determinadas facultades como delegadas del poder central para permitir un mejor funcionamiento de los

servicios públicos. Es preciso el reconocimiento a las mismas de un auténtico poder propio, no delegado

del estatal, sino reconocido por éste. Y ello requiere una institucionalización de la región, que debe

abordarse con carácter preferente por nuestra legislación para lograr la vertebración de unos pueblos que

no hacen sino reclamar unos derechos justos y legítimos, muchas veces anteriores a la constitución misma

del Estado.»

Por Enrique SOPEÑA

 

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