Autor: Benavides, Leandro. 
   Sobre el clericalismo reinante     
 
 Pueblo.     Páginas: 1. Párrafos: 8. 

TRIBUNA

Sobre el clericalismo reinante

O cabe duda que «del dicho al hecho hay un gran trecho», como dice muy bien el

refranero. Todos conocemos bellísimas declaraciones de principios de todo orden

que muy difícil e imperfectamente tienen luego alguna efectividad práctica. Pero

ocurre, a veces, que entre el dicho —el principio— y el hecho —la realidad

práctica—, lo que hay es una total incomunicación, un abismo. ¿Será por puro

cinismo de quienes formulan los principios o de quienes los esgrimen? En algunos

casos, tal vez, pero en otros creo que no es ésta la causa. Es más bien que,

diciéndolo de nuevo con el refrán, «una cosa es predicar y otra dar trigo». Es

decir, que un principio puede ser fácil de enunciar y mucho menos fácil

imprimirle eficacia real. Sin embargo, aún habría que decir que, en ocasiones,

la dificultad parece radicar en que se desconoce su verdadero sentido y alcance

práctico.

Bueno, ¿y a dónde se encamina esta teórica disquisición? A fenómenos muy

concretos, como verá el que siga leyendo.

A mí se me antoja que si realmente existe hoy algo «teóricamente desacreditado

es el llamado clericalismo político: esa invasión solapada o descarada del

ámbito civil por instancias religioso-eclesiásticas. Digo que me parece, porque

cuando observo lo que ocurre en España a este respecto empiezo a dudar, tantas y

tan variadas son las manifestaciones clericales que nos rodean. Yo sólo quiero

referirme ahora a las de orden político, puesto que veo que nadie las denuncia.

Y dentro de este campo, a las más llamativas y vigentes. Tal vez así se aclaren

las cosas.

EMPEZARE por la que estos días está más en boga y expuse en «Nuevo Diario» del

20 de diciembre pasado. Me refería a la pretendida doctrina sindical de la

Iglesia y a la no menos pretendida reformulación de la supuesta doctrina por el

Episcopado español con ocasión de la ley Sindical en gestación. Dije, y

sostengo, que la Iglesia no tiene una doctrina sindical. Que se trata de una

cuestión política entre tantas. Y añado que, por no tener, no tiene ni siquiera

contestación a la pregunta básica de todo orden sindical:

¿unidad o pluralidad sindical? Querer atribuir a la jerarquía actitudes que

refuercen la propia posición —sea la que sea— es clericalismo, arma política. El

problema sindical es una cosa nuestra. De todos los ciudadanos sin mandato

eclesiástico de ningún tipo. Lo tenemos que resolver nosotros lo mejor que

podamos, sin comprometer las instancias eclesiásticas, que no tienen mandato ni

divino ni humano para ello. Pues a pesar de que creo que me había expresado con

claridad, veo con desánimo que en la Prensa en general, con contadas

excepciones,, se sigue remachando la tesis clerical. Bueno, tengo que citar como

excepción a Emilio Romero, que en PUEBLO del 23 de diciembre se hizo eco de mis

palabras. Su actitud me da ánimos y la menciono con gran satisfacción.

Otra forma de clericalismo muy extendida, aunque hoy parece en decadencia, es la

«democracia cristiana». Hace pocos años un profesor de la Universidad de Madrid

declaró explícitamente que había que ser demócrata cristiano a causa de no sé.

qué razones coyunturales en la vida política española.

Tampoco entonces me pude contener y envié a la revista en que apareció tan

improcedente declaración un artículo discrepando y que, pese a la proclamación

dialogante de la publicación, no se juzgó oportuno insertarlo en ella, como

parecía lógico. El artículo en cuestión apareció en «El Alcázar» de 27 de mayo

de 1964 con el título «¿Hay una democracia cristiana?». Mi razonada contestación

a la pregunta era negativa, como puede suponerse. Pero también entonces se

produjo el silencio más completo sobre el tema.

CLERICALISMO, para mí, es pretender privilegios unilaterales para la Iglesia

católica o sus ministros sin acatar lo libremente pactado en un Concordato. ¿Por

qué no se lleva de verdad a la práctica el principio de libertad religiosa y

luego que «cada palo aguante su vela», como dice el inagotable refranero? Pero,

entre tanto, hay que acatar la ley o tratar de modificarla, pero no pretender un

trato ciudadano de excepción.

Clericalismo es también el activismo religioso regionalista o religioso

socialista, por muy buenos que sean el regionalismo y el socialismo. Que el fin

no justifica los medios, y menos, si estos medios son sagrados.

No sigo. Sé que la erradicación del clericalismo de nuestro suelo no se hará de

la noche a la mañana, después de tanto tiempo de confusión deformadora. El

ciudadano cristiano de nuestros días debe darse cuenta que el ejercicio de su

libertad ciudadana ha de afrontarla a pecho descubierto, responsabilizándose,

comprometiéndose, acertando o equivocándose él. No puede dejarse engañar por

actitudes incorrectas de pasado o totalmente inadecuadas a las actuales

circunstancias. No debe temer «estrenar» su fe religiosa ante un mundo en tantos

aspectos nuevo y de posibilidades inéditas de todo orden. Por qué no ha de

pensar con Mauriac: «¿y si fuéramos nosotros los primeros cristianos?»

Leandro BENAVIDES

 

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