Que nadie ose irritar a nadie     
 
 Pueblo.    30/11/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

"QUE NADIE OSE IRRITAR A NADIE

BILBAO, 29. (Europa Press.) — "Tengo prisa para plantearos un programa de

acción. No temáis, sin embargo, que mi prisa para hacer algo me lleve a hacerlo

deprisa. Siempre pensé, y quiero decíroslo desde un principio, que la prisa en

el hacer, es celo. Pero el hacer las cosas deprisa, es hacer el juego al malo",

empieza diciendo el administrador apostólico de Bilbao y obispo de Santander;

monseñor Cirarda, en la exhortación pastoral que debería ser leída en lugar de

la homilía, en todas las misas que se celebren en la diócesis de Bilbao el día 1

de diciembre y en las vespertinas de mañana sábado.

CONVERSACIONES

Más adelante, dice: "Unas semanas de agotadoras conversaciones con muchos

sacerdotes y con algunos seglares, me ha hecho ver con claridad que la vida de

mi Vizcaya ha cambiado mucho desde que recién ordenado sacerdote partí para

trabajar en Vitoria y en Sevilla, y que nuestros problemas son de fondo. El

desarrollo industrial ha modificado el planteamiento de muchos problemas en

estos, cinco lustros.

Vizcaya es tierra de fortísima inmigración proveniente de todas las regiones de

España, y nuestro pueblo está hoy formado por gente nativa y por otra venida de

fuera. Pero esto con ser importante es lo de menos.

Lo grave, desde un punto de vista pastoral, es que la integración de unos y

otros no se ha logrado todavía plenamente, y junto a este preocupante problema

hay otro claro y gravísimo, a saber: Que el desarrollo social no ha ido a la par

siempre y en todo, con el desarrollo material. El reparto de nuestra riqueza

sigue estando lejos de lo que debiera en justicia y en caridad cristiana.

Por otra parte, siento la pena de ver que pasaron ya casi treinta años del

final de nuestra guerra, pero no han desaparecido algunas de sus secuelas de

partidismos cerrados, de incompresiones mutuas, de bloqueos, de posiciones por

parte de unos y otros. Nada más dañoso para una sociedad, nada más opuesto al

querer de Cristo, nada más esterilizante, nada, por ello, más preocupante para

un obispo.

PUEBLO DIVIDIDO A estos problemas humanos hay que añadir otro muy nuestro de

siempre que es necesario tener en cuenta a la hora del gobierno y de la

dirección pastoral de nuestra querida Vizcaya, Y es que nuestro pueblo esté

dividido en dos grandes grupos lingüísticos y, consiguientemente, culturales: el

que se expresa única o preferentemente en castellano, y el que encuentra su

expresión perfecta en vascuence, aunque hable o entienda mejor o peor —algunas

veces, más mal que bien— el castellano.

PREOCUPADOS

Hemos sido una comunidad más cuidadosa de afirmar y defender la fe que de

llevarla a sus consecuencias sociales. Más preocupada de salvarnos de los

peligros del mundo que de salvar al mundo, que se ha ido formando en muchas

cosas al margen de nosotros. Más afanosa de mantener su fidelidad al hacer

histórico y a un presente relativamente cómodo, que de vivir en inquietud

creadora cara al futuro, confiada en leyes de un Estado que se afirma católico y

en favorables tradiciones ejemplares, con peligro de no formar a los hombres

para el ejercicio de su libertad con sentido de responsabilidad. Misioneros, sí,

con preocupación de enviar misioneros y de prestar ayuda a tierras lejanas, pero

menos preocupados de llevar la verdad y la vida de Cristo a muchos hermanos que

conviven con nosotros y han ido dejando de pensar y vivir cristianamente por un

corrimiento, cuando no por una brusca caída hacia pensares distintos y aun

diametralmente opuestos al cristianismo. Mientras tanto, nosotros, satisfechos y

engañados con las apariencias, veníamos pensando que nuestra sociedad era

íntegramente cristiana."

Tras hablar de los aspectos positivos que se ofrecen en Vizcaya, termina

ofreciendo las soluciones inmediatas.

SOLUCIONES

"Para ir consiguiendo ese objetivo creo deber daros dos consignas, de momento:

1.a Que nadie ose irritar a nadie. Todos —sacerdotes y fieles, autoridades y

súbditos, los que pensáis de un modo y los que pensáis de otro— poned

especialísimo cuidado, mimo si queréis, en evitar todo lo que pudiera ser causa

de dividir o de enconar las divisiones. Con el mayor peso de mi autoridad de

obispo, os aseguro que sería gravísimo el pecado de quien sembrara discordia,

fuere quien fuere.

2.a Que todos prestéis la máxima colaboración al equipo de gobierno y de consejo

que he constituido con la doble misión de que me ayude a resolver, sobre la

marcha, los problemas apremiantes en el gobierno de la diócesis, y de que

escuche los que debieran ser los consejos presbiteriales y pastorales que un día

se constituirán en ayuda del obispo con miembros sacerdotes, religiosos y

seglares, según proceda. Por mi parte, os aseguro que todo problema de alguna

importancia lo llevaré siempre a su estudio. Me tocará a mí, al fin, decidir y

responsabilizarme de las decisiones, pero no lo haré sin oir previamente al

citado consejo.

 

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