Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   América descubre a España     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

AMERICA DESCUBRE A ESPAÑA

«.QUE es lo que hizo 1 que fuese un éxi-to espectacular —estadístico y plástico—

la concentración convocada por EL padre Peyton para propagar el rosario en

familia? La pregunta es pertinente porgue, ante una superficial visión, había

muchos elementos en la iniciativa que podrían parecer colocados a "contramano"

de la época y momento. Primeramente se trataba de la propagación de Un rito

vocal y colectivo en una hora que tiende, hasta la más vaporosa sutileza, a la

interioridad religiosa: a la oración mental; a la "oración" en su pleno sentido,

que algunos contraponen al "rezo".

Luego se montaba todo un tinglada a la americana—publicidad, cartelones, masas,

televisión, tribuna—para propagar una devoción medieval y ancestral costumbre en

la tierra de su fundador, Santo Domingo.

Había un cierto declive expuesto a que pareciera que se trataba, como decía

antaño Antón de Montero, de "vender miel al colmenero": de propagar con aires de

"cocacola" un producto nacional. Hablo coN el tono facilitó e irresponsable de

la calle. No faltaba quien se estiraba Un poco con aire antañón de "cristiano

viejo" frente a la gran maniobra misional y catequística.

Hasta en un nivel más alto y sutil se planteaba el acto un poco a "contrapelo",

por ser eminentemente mañana. No «e oculta que por los que sienten una legitima

preocupación obsesiva por la remoción de obstáculos frente a los separados se

han propuesto sobriedades y economías en torno a la maríología. Los "separados"

han dicho: "no nos separa de vosotros Mana, sino el marianismo". Y, entonces,

algunos tácticos se han puesto a denunciar una pretendida inflación o "morboso

gigantismo" en las doctrinas o prácticas mariológicas. Como María es el gran

silencio del Evangelio—apenas media docena de menciones—todo lo que se ha

construido en su honra lo ha construido la mente especulativa y congruente. Por

eso la teología mañana ha tenido ritmo dé piropo y su piedad vuelo de

exageración.

Se dijo como principio fundamental: "De María nunquam satis": de María nunca se

puede estar satisfecho de haber dicho bastante... Y es frente a este galope de

afectos y congruencias, amenazado de desbocarse, frente a lo que algunos han

dicho "basta": frente al "nunca es bastante" tradicional En el Concilio llegaron

a chocar ambas tesis implícitas, en las posiciones del cardenal de Viena y el

cardenal de Manila. Y la ligereza superficial llegó a decir un día que la Virgen

había perdido la votación por sesenta votos...

Pero nosotros, los españoles, cuando hemos oído esas cicaterías o contarriñas,

antes que oponer ningún argumento dialéctico, .hemos dicho, sencillamente:

"¡Ave María Purísima!" Que es lo que decimos cuando nos asombramos o cuando nos

asustamos, con comprimida teología hiperbólica y exclamativa. Estábamos, pues,

bien preparados psicológicamente para este acto ruidoso. No fue; creo, menos

exageración jurar el dogma de la Inmaculada seis siglos antes de proclamarlo,

que propagar, con aire electoral, el rosario, siete siglos después de fundarse.

Madrid, corazón de España, se encontraba a sí mismo al hallar que le importaban

de América un catolicismo militante y hacia fuera, de aire libre, grito y

movilización. Estaba encantado. Los pañuelos flameaban al aire como palomas que

habían encontrado su viejo palomar. Don Agustín Muñoz Grandes decía sus

avemarias como si arengase al propio Santo Domingo. Antonio Bienvenida desafiaba

con su voz de trueno a todos los toros laicos o puritanos; la familia de López

Ibor era una colmena mañana que fabricaba en la copa de un árbol su miel y su

zumbido; el campesino y el obrero parecían hacer en una tribuna "lo de todos los

días", con la sencillez de la verdad. El rosario recobraba todo su auténtico

sentido; su ser secular y nuevo. Porque con todo ese aparato mecanicista y

americano venía a propagarse una devoción que en el siglo XIII significó

precisamente el primer intento de introducir la meditación—misterios—en la

oración vocal: avemaria. El rosario es una meditación gritada: y una

contestación machacona frente a los albigenses. Tuvo ya la sustancia

contrarreformista y españolisíma de las fiestas del "Corpus" o los autos

sacramentales. "AI que no quiere caldo, taza y media", al que no quiere

marianismo, cincuenta veces -Dios te salve, María..." Se comprende que el padre

Peyton hablara de esa manera deslumbrada. Su oración fueron palabras de amor a

la deriva sobre un arroyo de lágrimas. Estilo romántico que en nada se parecía

el desmayo sajón en el Parlamento o en la radio. Más bien recordaba a fray Luis

de Granada cuando, al ir a predicar de la Pasión, decía: "Passio Domini

Nostrí..."; y ya no podía seguir, inundado de congoja. Porque lo que pasaba era

que aquel acto americanizado y publicitario se había ido españolizando minuto a

minuto. América descubría a España. Cuando el sol, al final, entre los

nubarrones amenazantes y contenidos, doraba la tribuna, todo, se había vuelto ya

del todo español. Hasta el padre Peyton...

José María PEMAN

De la Real Academia Española

 

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