Autor: Pelayo, Antonio. 
   Tensión prolongada     
 
 Vida Nueva.    08/11/1975.  Páginas: 2. Párrafos: 26. 

ANTONIO PELAYO

TENSIÓN PROLONGADA

• LOS OBISPOS DEL SUR PROTESTAN POR LAS HOMILÍAS MULTADAS

La noticia —la única estrictamente hablando—, de la semana, ha sido la

enfermedad del Jefe del Estado. Los altibajos de su proceso clínico, los partes

médicos, la repercusión de su salud en la vida política nacional e internacional

han ocupado estos días la atención de los españoles, que han vivido

materialmente pendientes de los periódicos, de la televisión y de los

transistores. La cesión temporal de poderes en favor del Príncipe de España puso

un punto de calma a la temperatura política del país, pero no ha disminuido el

interés por la salud de quien ha estado a su frente durante los últimos cuarenta

años.

El agravamiento del Jefe del Estado lo han ido conociendo los españoles de forma

simultánea al incremento de símbolos y gestos religiosos en torno al General

Franco. Las informaciones oficiales no han omitido ni un solo dato en este orden

de cosas; el manto de la Virgen del Pilar y de Guadalupe, las prácticas

religiosas del enfermo, los actos especiales y públicos pidiendo su salud, las

oraciones pedidas por los Obispos españoles han acompañado siempre el sucinto

historial clínico de estas jornadas. De hecho, la casi totalidad del Episcopado

ha solicitado de sus fieles que encomienden especialmente en sus oraciones la

salud del Jefe del Estado y el bien de la patria.

Es lo lógico. Pero, como siempre, no ha faltado quien haya contabilizado

escrupulosamente los nombres de los Obispos que han adoptado expresamente la

medida, los días que han tardado en hacerlo, y la eficacia con que se ha

cumplido. Hay celos sospechosos. Por ejemplo, los asistentes al IV Curse de

Orientación y Formación Política de Navarra se permitieron lamentar públicamente

que el Arzobispo de Pamplona no hubiera hecho lo mismo que sus colegas de otras

diócesis. «El Pensamiento Navarro» tituló esta información con el siguiente

alfilerazo: «Se expresó el disgusto por la actitud del Arzobispo de Pamplona de

no pedir oraciones por el Jefe del Estado.»

El celoso redactor del diario navarro ignoraba que ese mismo día 28, Monseñor

Méndez Asensio, de puño y letra había pedido a sus sacerdotes esas oraciones y

que el propio Arzobispo, el domingo 26, en la Misa Celebrada en la Catedral se

había hecho portavoz de esas oraciones. Como argüía una rectificación de Radio

Popular, «El Arzobispo dio una comunicación al respecto a quien le correspondía

y cuando le pareció oportuno.»

Pero de los ecos episcopales el más vibrante, sin duda, ha sido el de Monseñor

Guerra Campos. Ya en su homilía del día 1 de octubre —editada, por cierto, con

expresivas ilustraciones patrióticas por el «Diario de Cuenca» en separata

especial, de la que se han repartido miles de ejemplares por toda España—, el

prelado de Cuenca iba más lejos que todos sus hermanos en el Episcopado en el

elogio a Franco. Pero aún debió parecerle poco al Obispo que, de puño y letra,

ha dirigido al Jefe del Estado la siguiente carta en la que, por destacar algo,

conviene no olvidar el adverbio «indefinidamente» del tercer párrafo. Dice así

el texto íntegro de la carta:

«Estoy visitando los pueblos de mi diócesis para confirmarlos en su vocación

cristiana y reavivar en ellos la alegre esperanza del Evangelio.

Al reunimos junto al altar del Señor, partícipes de la emoción que siente la

gran familia española, oramos, como por un padre, por la salud de Vuestra

Excelencia.

Puede confortarnos saber que, después de casi cuarenta años de Gobierno, son

innumerables los hijos de España cuyo deseo más íntimo es que vos pudieseis

continuar indefinidamente como conductor de nuestra Patria. El corazón de todos

ellos está sintonizado estos días con el vuestro.

Os agradecemos el testimonio de vuestra piedad cristiana que corona una vida de

fidelidad a la Iglesia. En cierta ocasión aconsejasteis a unos obispos

preocupados que pusiesen su confianza en la oración y en la intercesión de la

Virgen María, que la Madre os asista y el sacramento del Cuerpo de Cristo —a

quien no hace mucho presentabais la consagración del pueblo español—, os

comunique su vida.»

Firmado: José, obispo de Cuenca.

Al lado de los escuetos telegramas de otros Obispos españoles la carta del

Obispo de Cuenca juega con mucha ventaja. Pero, ¿en qué campo?

SIGUEN LAS MULTAS... Y VAN

El capitulo de las multas sigue necesitando suplementos y continuas ampliaciones

porque cada semana los Gobernadores Civiles siguen ejerciendo su derecho

fiscalizador sobre las homilías de los sacerdotes de España La pasada semana los

«premios» se han repartido, como sigue:

SABADELL.—Don Joaquín Brustenga Miguel, Vicario Episcopal de Sabadell, 500.000

pesetas.

MURCIA.—P, Santiago Torres Monreal, franciscano, 150.000 pesetas.

ALBACETE.—Don Narciso Ba-guna Golobar, Párroco del Espíritu Santo, 75.000

pesetas.

SANTANDER.—Siete sacerdotes (Don Alberto Pico Bollado, Don Ernesto Bustio

Crespo, Don Isidro Hoyos, Don José Luis Sáinz Fernández, Don José María Moriega,

Don Jesús Ruiz, Don Santiago del Río), han sido multados con 100.000 pesetas

cada uno; seis de ellos por haber difundido un escrito titulado «Comunicación

Pastoral», y el séptimo restante por unas preces litúrgicas.

TARRASA.—P. José Ricardo Oller, jesuita, 100.000 pesetas.

Más de un millón y medio de pesetas, en total que se suma a esa gruesa lista de

millones por homilías predicadas y multadas.

LA VOZ DE LOS OBISPOS DEL SUR

Creo que la primera protesta oficial y pública ante esta situación, que

compromete gravemente la libertad de predicación en España, acaban de formularla

los Obispos del Sur de España, al finalizar la reunión que han celebrado las

provincias eclesiásticas de Sevilla y Granada los días 26 y 27 de octubre.

En una nota informativa de resumen final, dicen los Obispos:

«Con notable malestar han registrado también los Obispos las numerosas sanciones

y multas impuestas recientemente a sacerdotes de varias diócesis andaluzas a

propósito de homilías o preces litúrgicas. Los prelados no pueden menas de

¡amentar la dureza injustificada de tales sanciones, sin suficiente comprobación

de los hechos, a los que no pocas veces se califica indebidamente de delictivos.

Aún es más de reprobar la actitud de algunos fieles al denunciar

desconsideradamente a los sacerdotes ante las autoridades civiles sin acudir

previamente a los pastores de la Iglesia.»

Aparte de esta cuestión de actualidad, los Obispos del Sur han avanzado

notablemente en el estudio de dos temas que les preocupan desde hace tiempo y

sobre los que han desarrollado una notable labor colegial, en unión con grupos

de expertos: la formación de los seminarios y la religiosidad popular. Dos

documentos se harán pronto públicos sobre ambos temas El primero es una especie

de directorio, «en el que se estudia la figura del sacerdote que quiere la

Iglesia hoy como meta de todo el proceso formativo del seminario: hombres de

carácter, maduros en la fe, con sentido profundo de la Iglesia, proyectados

sobre la realidad viva de esta región del Sur de España». Sobre el segundo tema,

los Obispos probablemente renunciarán a publicar una carta pastoral colectiva y

más bien parecen inclinarse hacia la publicación de un «fascículo de índole

teológico-pastoral, presentado y recomendado por la jerarquía de la región

aunque sin carácter estricto de magisterio episcopal». El resumen de las líneas

de fuerza de este documento podría contenerse en estas afirmaciones: «En el alma

de nuestro pueblo hay un substrato auténtico de fe cristiana, en cuyas raíces

está el Espíritu de Dios y un profundo sentido de los valores de la vida. Con

esto se entremezclan elementos sociológicos, culturales e incluso religiosos de

la más variada extracción. Figuran, a su vez, determinados rasgos empobrecedores

o patológicos como el primitivismo, el legalismo y la politización.!)

DOS JUICIOS SOBRE LA IGLESIA ESPAÑOLA

Difíciles, desde luego, y puede que confusos, los actuales son momentos

decisivos para la Iglesia española. Ya lo hemos señalado aquí, en crónicas

anteriores. Reiterarlo sería inútil. Pero sí vamos a recoger dos opiniones

ajenas.

La primera es de Hugh Thomas. historiador de nuestra guerra civil, actualmente

profesor de la Universidad de Reading (Inglaterra). En unas declaraciones

concedidas a «Blanco y Negro» (1 de noviembre de 1975), ve así el «papel de la

Iglesia liberal española»:

La Iglesia Católica liberal puede jugar un papel muy importante en el futuro de

España. La diferencia entre la Iglesia Católica española y la británica, es que

en España la Iglesia tiene un espíritu de gran responsabilidad ante la sociedad,

mientras que en Gran Bretaña la Iglesia Católica es ya reaccionara. Creo que en

España, la Iglesia Católica puede ser plataforma para un partido demócrata

cristiano de envergadura. No obstante, debo decir que cierto sedar de los curas

españoles me sorprende con sus declaraciones de doctrina marxista.

La segunda, más juicio sobre el pasado que prospectiva de futuro, es de un

editorial del semanario «Cambio 16» (3 de noviembre de 1975), y dice así:

También ha cambiado profundamente en estos años aquella Iglesia medieval,

campesina y montaraz, más dispuesta a cambiarlo todo desde la cumbre de su poder

que a entender la miseria y la angustia de los hombres. Dividida quizá, renovada

seguro, con un poder infinitamente menos dictatorial sobre las conciencias, la

Iglesia española de hoy no parece dispuesta a encender de nuevo los hachones.

Las expectativas, pues, se acumulan tanto sobre la Iglesia como sobre el futuro

del país. El anuncio de una Asamblea Plenaria del Episcopado para los días 24 a

29 de noviembre concentra ahora la atención sobre una reunión episcopal que

puede ser, por su coyuntura, histórica. El temario de la misma es, en estos

momentos, descorazonadoramente insulso. Y no parece ser mejor su nivel de

preparación. Desearíamos que no se defraudaran esperanzas tan legítimas y tan

bien intencionadas.

 

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